Arkos (el Archivero del Plata)

“Soy un clon. No sé cuánto más viví mi existencia y esta forma mía es lo que queda y no me pude completar una cosa, y esto es lo más parecido a un infierno cuando he tocado. Lo único bueno es que había libros.” — autopresentación de Arkos ante los Buscadores, palabras textuales.

No donde trabaja sino donde fue su original: al borde del Mediterráneo, con el Faro encendido al fondo y un anillo de tiempo abierto sobre el cielo nocturno. El libro herrado contra el pecho es asunto suyo —“tapa dura”—; el dragón marino entre las rocas no se cita en el archivo escrito. Quien mire la mano izquierda contará cinco dedos; el sexto, recordemos, se lo sacaron al nacer. La mano dibuja el cuerpo presente, no el de origen.

Pasillo bajo del Palacio del Prisma, hora indeterminada. Al lado del Papa Alejandro VI, un hechicero anota en libro abierto: capa descamada como de dragón azul mezclada con plumas, algo en la mano izquierda que parece tinta, expresión paciente del que no se sorprende. Los Buscadores, recién caídos al pentagrama prismático del Tribunal de los Custodios, lo ven sin verlo durante los primeros minutos. El hechicero los registra antes de saludarlos. Cuando finalmente habla, lo primero que dice no es su nombre: lo primero que dice es “no me llamen así”. Acababan de llamarlo Marcos el Magopor confusión con el lich nigromante de Alejandría, afinidad fonética que él rechaza con prontitud.

ArkosArcos en grafía blanda, Arthoms en variante que él rechaza menos abiertamente— es clon alquímico de Arcoms Cosmar, el Duward bibliotecario de Mithranorno de Marcos el Mago, el lich nigromante de Alejandría, con quien la tradición oral lo confunde por afinidad de letras—. La precisión importa: Arkos hereda el oficio del bibliotecario, no la nigromancia del lich. Por eso es escriba. La fórmula se hizo sobre la versión joven del original, nivel diecisiete, padre de Clarisa, anterior al paso al estado lich. Eso explica algo del temperamento de Arkos: es la versión inocente del que después se hizo lo que se hizo, y guarda la inocencia como herramienta de trabajo. Ejecutado durante el Hiato en un círculo de invocación cuyo autor el archivo no nombra. La fórmula que lo hizo levantarse del círculo dependió de la pureza de la solución de plata mercurial en su composición exacta; la pureza fue alta. Emergió con noción intacta de lo que había sido el original y, simultáneamente, con noción intacta de no ser él. Esta segunda noción es la difícil. Los clones más comunes —los que la alquimia menor produce con sales menos puras— no la tienen, y se creen el original hasta que algo los desmiente. Arkos se desmintió a sí mismo en la primera mañana.

La quita de la eme. Arcoms —el original— retiene la consonante labial nasal del nombre primigenio, sonido que en las lenguas mayores se asocia al cierre, a la madre, a la pertenencia. Arkos se la quita. Queda un nombre que se pronuncia con la lengua adelante, sin cerrar los labios: abierto, menor, suficiente. Quien conozca la doctrina onomástica del Decadiano sabe que no es un capricho: el clon que conserva una letra menos firma su disminución cada vez que dice su propio nombre. La firma vale como contrato con la realidad. “Nací hoy”, dijo en la primera audiencia ante los Buscadores. “Tuve madre y padre.” La frase quedó sin glosar.

El sexto dedo de nacimiento. Arkos llegó al mundo con una mano de seis dedos —marca antigua que en otros archivos se asocia a la línea de Graz’zt pero que en él no es de pacto sino de herida obstétrica del conjuro—. Se lo sacaron quienes lo recibieron —“unos extraños”, según su versión—. La cicatriz permanece. “Fue de nacimiento esto. No tengo la culpa. Sí, soy un tiejo.” La frase, anotada por uno de los Buscadores presentes, conserva la pronunciación deformada que el clon arrastra del despertar reciente.

El oficio

Es historiador. Lo declaró así: “el noticiero, el historiador”. Es escriba, también, en estricto orden gremial: cuando uno de los Buscadores le pidió que registrara, él respondió “Escriba. En la biblioteca de Midran no se pueden escribir tanto. Se pueden escribir.” — fórmula confusa en la transcripción literal pero clara en sentido: en la biblioteca de Midran el escriba tiene horario y tinta tasada; afuera de la biblioteca, anota lo que puede. Su libreta es de tapa dura. Sus anotaciones tienen argentinismos del Plata —dialecto que heredó del primer mago al que copia, y que mantiene con la fidelidad del clon que no se permite licencias—. De ahí el nombre del oficio: el archivero del Plata, doble alusión a la solución alquímica que lo hizo renacer y al dialecto de su prosa.

Lo que conoce

Conoce los planos. “Soy como el hechicero de acá. Tienen algún tipo de concepto de plano posible.” Conoce la teología neoplatónica. “Si mi teología es correcta y creo que lo he estudiado mucho lo que hay ahí abajo… ” Conoce el reino que los archivos del Decadiano llaman Balacostales —topónimo arcaico del valle anterior a su ravenloftización—. No conoce las Brumas: en los libros que ha leído en la biblioteca, el reino de Brumas ni siquiera está mencionado. Esta laguna es asunto cosmológico que el archivo terrestre del Paulus sí registra y que Arkos descubre con cierta perplejidad al comparar. Conoce los pergaminos y los lee. Conoce el ritual de redención.

Su servicio

Bajo el mando del Papa Alejandro VI. Lo tomó bajo su mando con la rapidez con que los papas renacentistas toman bajo su mando lo que no entienden del todo pero les resulta útil. La función que le asignó es registrar lo que pasa en torno a los Buscadores, glosar lo que el Paulus alejandrino no alcanza a glosar desde la distancia cosmomántica, transcribir en argentino del Plata los giros coloquiales que las crónicas mayores difuminan. Convive con los Buscadores sin pertenecer al grupo. Los acompaña porque el Papa así lo dispuso; los archiva porque ese es su oficio. No discute las órdenes del Papa. Tampoco las celebra.

[Cuando una de sus anotaciones llega a los archivos del Paulus alejandrino —vía cronomancia, vía sueño, vía simple coincidencia archivística— Paulus la cita atribuida. No se conocen en persona los dos cronistas. Es probable que no se vayan a conocer. La distancia entre el cosmonauta del tiempo y su clon-archivero del valle ravenloftizado tiene asunto: si se encontraran, uno de los dos sobraría. —Glosa del propio Arkos al margen de un manual de teología decadiana, tinta nueva.]

El testigo de Caladan entronado

Estaba presente cuando Caladan fue entronado como señor de Valakhan. “Estaba cuando fue entronado ese maldito Caladan. No es un señor de fe”, dijo a los Buscadores. El testimonio es directo: Arkos vio el acto y lo califica sin pudor. Su posición sobre Caladan es claramente hostil, y es de las pocas cosas en que se permite tono. “Es la tierra misma hecha hombre. La tierra es él y él es la tierra. Hay que purificar esa tierra.” La doctrina de purificación, en boca de un clon recién hecho, debería resonar con cierta ironía. No se lo señalan.

Vínculos

Apariciones

  • Durante el Hiato — invocación en círculo, emergencia con conciencia plena de clon, extracción del sexto dedo por sus recibidores
  • Llegada de los Buscadores al Palacio del Prisma — primer encuentro: lo encuentran junto al Papa, libro y tinta en mano, registrando antes de hablar
  • Autopresentación“Soy un clon”; rechazo del nombre Marcos el Mago y de San Marcos; aceptación del oficio de historiador
  • Ciclo presente — anota cotidianamente lo que oye; sus marginales aparecen en los archivos paulinos como anotaciones atribuidas