
StormJay Idaho
«Tiene como dos agujeros donde se proyecta luz interior.» — así describe el registro los ojos que no ve
Asiéntese en este libro de linajes de la Corona del Norte el nombre de StormJay Idaho, aventurero mestizo venido de las planicies todavía no conquistadas —«pero donde ya hay contactos no europeos»—, ciego por maldición, cargado de cadenas de plata, con oro donde otros hombres llevan hueso. Este cronista, acostumbrado a levantar actas de bautismos y defunciones en la colonia, confiesa no haber inscripto nunca un cuerpo semejante.
Del linaje
Es hijo de dos mundos. El padre: un inglés rubio, de pelo largo, clérigo «de un Dios olvidado que tenía como nombre indio podredumbre pero también había de algo del goce y de la vida y del vino». Hombre de simiente abundante: tuvo muchos hijos, y de esa dispersión nace todo lo que StormJay hace. La línea narrativa sugiere —sin que el registro lo asiente con firmeza— que este clérigo fue el marido inglés de Rebeca; el cronista lo anota como vínculo dudoso, no como hecho.
La madre: mujer de tribu indígena de las planicies. Y aquí el registro se dobla sobre sí mismo, porque en cierto pasaje aparece una entidad que vuela, «lo que podría parecer la madre de StormJay volando». Si es la madre de carne vuelta espíritu, o criatura distinta que usurpa su semblanza, las voces del archivo no lo dicen.
De los hermanos: son muchos, están dispersos, y él los busca — «él quería encontrar a sus hermanos y ayudarlos, a asistirlos». Al menos uno ya cayó muerto en batalla anterior, matado por el mismo enemigo que sigue en pie. Esa muerte ata la sangre familiar a la línea de enemistad mayor del ciclo.
Del cuerpo intervenido
Todo en StormJay Idaho obedece a una sola lógica: magia que no se puede apagar.
La ceguera y la luz. Es ciego de manera permanente; donde deberían estar los ojos, dos agujeros de luz interior. Y encima suyo arde un Fuego de Hada perpetuo, «que todo el tiempo esté iluminando la oscuridad»: no se apaga, no se oculta. Le sacaron la vista y le pusieron luz propia. En cualquier tiniebla, él es el que se ve.
El oro en los huesos. Bajo maldición, sus huesos «se vuelven estructurados en oro»: toda la masa ósea, por dentro. La maldición admite reversión: se buscó en su momento «que vuelva a ser un ser de raíces y materia vegetal» — transformación que lo saca del metal y lo mete en lo vegetal, polo opuesto de lo que carga.
Las cadenas y los anillos. Anda cargando cadenas de plata, que empuña en combate; son objeto de peso conocido en la compañía, y hubo deliberación sobre dejarlas o no. De la palma le sale además una cadena oscura que se torna dorada —«como el Hombre Araña pero en cadenas», quedó dicho—, alcanza hasta cien pies y sirve como arma improvisada. Lleva dos anillos, uno en cada mano: uno de protección; el otro, en algún momento, se lo quita.
Del lugar que ocupa en la compañía
Es miembro pleno de la banda de aventureros del ciclo de la Corona del Norte, y combate junto a los demás. Pero su función excede la espada: su cuerpo es el sitio donde el ciclo acumula sus maldiciones —ceguera, oro, la promesa vegetal—, de modo que mirar el estado de StormJay Idaho es medir cuánto daño mágico lleva encajado la compañía entera. La combinación que carga —cadenas de plata, dos anillos, ceguera luminosa, huesos de oro— no la registra este cronista en ningún otro hombre o figura del archivo.
Reparos del cronista
Levanto acta de lo que este registro no alcanza a establecer, para que nadie lo dé por escrito:
- De dónde procede la maldición del oro y quién la impuso; y si es una sola maldición con la ceguera, o dos plagas distintas sobre el mismo cuerpo. Los hechos tampoco alcanzan para atribuirla al culto paterno ni a la sangre materna: queda como pregunta abierta.
- Si la cadena de cien pies es potencia propia del hombre o efecto de artefacto —anillo o cadena—, el Narrador no lo aclaró. Sin resolver.
- El padre no tiene nombre asentado, ni lo tiene el Dios olvidado al que sirve; falta verificar si el clérigo es figura recurrente de Antiterra o solo raíz de este linaje.
- El hermano caído no está nombrado; tampoco el enemigo que lo mató y sigue activo.
- Cuántas cadenas de plata carga, de dónde salieron, y qué oficio cumple el segundo anillo, no consta.
- De su persona faltan estatura, edad, vestimenta y estado del equipo: el archivo solo le conoce ojos, huesos, cadenas y anillos.
- Y la más honda: si la forma «de raíces y materia vegetal» era su estado anterior o es un destino nuevo. Este cronista no lo va a inventar.
Véase además: Rebeca · Corona del Norte
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.