Thoth

Exégesis primera: el dios que ya nadie adora sostiene, sin embargo, todo lo que se conjura. Así lo enseñan los que quedan de su clero: Thoth, «el juez, el escriba y el restaurador de todo el orden», primero y principal del panteón mítrico antiguo de Ardis Vala —doce dioses, doce plataformas cósmicas—, adorado por los arcontios, hoy sin fieles declarados, y aun así «como la base de la magia» del mundo. Todo el sistema mágico de Ardis Vala descansa sobre un culto caído. Quien pronuncia un conjuro está, sepa o no, pisando sus sótanos.

De los emblemas

Se lo reconoce por dos animales: el ibis —la garza— y el mandril; los babuinos le están relacionados en la teología de Ardis Vala. Su emblema es la pluma, puesta en el pecho de las representaciones religiosas; en los tabardos de ciertos guardias aparece combinada como «símbolo del sol y la pluma», aunque el que lo reconoció dudó: «puede ser algo totiano». Su geometría es la pirámide. Sus sacerdotes y escribas se presentan pulcros, con staff rematado en el símbolo del dios y morral de finos pergaminos, papeles y pinceles. Se ha visto también a el escriba: humanoide pequeño de patas de pato, negro y pulcro, con staff del símbolo de Thoth, papeles y pinceles, cuya piel oscurece y cuyos ojos cambian según se atenúa la luz.

De lo alto y lo hondo

El patrimonio de Thoth se ordena en vertical, como su atributo. Arriba, el Templo de Thoth, «en las máximas alturas, donde no hay nada más arriba, nada más abajo»: la conexión entre el sol y el orden celeste. Abajo, los Salones de Thoth: sótanos y excavaciones bajo Ardis Vala, con entrada por una plataforma pavimentada elevada veinte pies sobre el suelo de la caverna, un lago subterráneo, y un recinto de bibliotecas recorrido por ingeniería lumínica y sistemas de espejos — «donde antes andaban los babuinos, ahora hay seres de luz. Y muchos espejos». En el nivel dos, las Cuevas del Aullido, se enclava la Biblioteca de Thoth. Entre ambos extremos, la Pirámide de Thoth y su larga escalera de escalones antiguos, gastados y cubiertos de grafitis de aventureros anteriores, hacen de vía de paso fallida: se desciende sin que nadie logre abrir lo que sucede en la cima.

Porque Thoth es el dios de los secretos y de las cámaras ocultas: por eso tiene conocimiento de las primeras cosas y maneja muy bien la magia. Sus cámaras secretas, las del secreta secretorum, están guardadas por múltiples nombres de acceso; conocer uno de los nombres es la llave.

Del juicio y la balanza

El mismo dios que archiva es el que juzga, y por eso su templo es indistinguible de un archivo. Su función jurídica se ejecuta en el Ritual de Thoth: el penitente se sienta en confesión, deja «un registro de la verdad» y una propuesta de restitución del individuo; después la Balanza de Thoth pesa la pluma con que escribió contra el pergamino que escribió — «que tu palabra pese tanto como la verdad». Hay poderes sacerdotales reservados: dones que solo tienen los sacerdotes consagrados de Thoth, que hoy son pocos y especializados.

De la hospitalidad de los Salones

Los Salones operan como territorio neutral con regla de hospitalidad: se alimenta a quienes «de mínimo respetan la condición de los viajeros» de todos los primeros niveles de Ardis Vala. A los huéspedes se les ofrece pasar a condición permanente —alianza, lealtad, feudo-vasallaje o residencia—, siempre que el señor Papa, en sus estados pontificios actualizados, esté de acuerdo. Entre las reliquias circulantes se cuenta la daga de Thoth, que funciona como brújula magnética para quien la porta.

De la Biblioteca cerrada

Quien controla la Biblioteca controla el acceso al saber antiguo — y hoy nadie del culto la controla. La entrada está impedida por monos salvajes y violentos, babuinos por miles, y por un druida que se adueñó del lugar y no deja entrar a nadie, con la consigna de «no permitir a otros acceder al conocimiento que se encuentra en esa biblioteca». Ironía teológica que el cronista anota sin comentar: el animal del dios devenido su cerrojo.

Del cisma

El clero de Thoth no compuso: se escindió. De un lado los teósofos, conservadores, que decían «acá hay una colegia, tenemos que cuidar las escuelas de magia»; del otro los sortianos, que sostenían que «la democracia es la suerte» y se abrieron «a la magia para todos». El Colegio de Thoth, «medio cerrado», se partió por esa misma línea.

De Set y la caída

Hace mil doscientos años Thoth y Set coexistían. Hoy Set avanza sobre las ruinas: hay templos que habían sido de Thoth y están tomados por los de Set, y al menos uno desecrado por su gente. Queda dicho, con la sequedad de las cosas graves: «Desde que Set volvió, Thoth no volvió tanto». Aun así, «Thoth fue un culto importante en todo Ardis Vala», con múltiples formas y reformas, y sus símbolos aparecen refaccionados en construcciones posteriores. De las codeidades del panteón original —Isis, Tiamat, Anubis, Horus entre ellas— quedan presencias en lo de abajo; del panteón entero, al menos dos dioses están prohibidos u olvidados. Los Buscadores visitaron el templo de Thoth en el pasado.

Advertencias del cronista

Acá conviene pisar el freno y poner las cosas en su sitio. Sobre los babuinos hay dos versiones que este archivo no concilia: una dice que en los Salones «donde antes andaban los babuinos, ahora hay seres de luz»; otras dos, que la Biblioteca sigue tomada por miles de ellos. Puede que sean recintos distintos —Salones arriba, Biblioteca en el nivel dos— o momentos distintos del mismo lugar; el que baje, averígüelo con la espada envainada. Tampoco se acuerdan las escuelas sobre el estatuto del culto: una voz lo llama «culto ahora prohibido»; otra distingue entre un dios olvidado —Thoth— y otro prohibido, que no nombra. Nadie establece quién dicta la prohibición, ni si el druida comanda a los monos, los tolera o los sufre. Queda sin fijar si el Templo de las alturas, la Pirámide y el templo desecrado son un edificio o tres; si «totianos» y «teosos» son grafías de teósofos y sortianos o nombres de otra cosa; cuántos son los nombres del secreta secretorum y qué abre cada uno; qué son los seres de luz; qué otorga la daga además de orientar; quién administra hoy la hospitalidad de los Salones y qué hace el Papa aprobando vasallajes de un culto caído. Y la pregunta mayor la dejó abierta el propio archivo, y este cronista no la va a cerrar: «Thoth ha mutado en algún sentido», y «qué era Thoth exactamente» — eso todavía no lo sabe nadie.

Véase además: Set · Ardis Vala · Buscadores


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.