Faro de Alejandría

Quien escribe esto lo ha visto desde el mar y desde arriba, y no sabe cuál de las dos vistas es más difícil de olvidar. Desde el mar, es «una torre alta» en la punta misma de la costa de Alejandría, plantada sobre mármol y sobre «una especie de construcción que le gana un poco de terreno al mar». Desde arriba, la tierra parece mucho más chica: «el horizonte no está a 11 metros, está a 3 kilómetros». Entre esas dos vistas cabe todo lo que el mundo espera de él: que las naves lleguen «a un cierto puerto», seguro; que las palabras viajen; y que el tiempo, para quien sabe apuntar, se abra.

El pie y la subida

El faro no descansa sobre roca desnuda sino sobre terreno arrebatado al agua: piedras, tierra aplanada y «alguna sustancia que parece ser algo parecido al concreto». Sin esa logística humilde del pie no habría manera de plantar semejante masa en la punta de la costa. Se sube por escalinatas «de una piedra casi mármol», y se llega —los que llegan— por teleporte, porque al faro no se va de paso: se va «por lo que significa».

La cámara del instrumento

Arriba, ocho ventanas se abren hacia «las ocho direcciones», y la cámara superior es «muy grande»: unos noventa pies de diámetro, unos treinta metros. Existe para que quepa el aparato. Porque la lógica del edificio es la de un instrumento, no la de una torre.

En el centro se alza una columna «de un color medio broncíneo, dorado», de cuarenta pies —doce metros—, recorrida por una escalera caracol. De ella salen seis brazos con doce balanzas: platillos que se mueven constantemente, como si flotaran. Al pie, seis cofres, uno debajo de cada brazo, sostienen el mecanismo desde abajo. Y sobre la balanza, «una especie de órgano, un teclado, un controlador gigante», con «teclas de cobre y oro, pero teclas grandes», del tamaño justo para apretarlas con la mano: la consola con que un cuerpo humano opera todo eso. El conjunto se percibe «evanescente, como con cristales y zonas primarias». Quien haya entendido que seis brazos y doce balanzas son un mecanismo de puntería habrá entendido también por qué el faro es sede del guardián de Libra.

Lo que el faro hace

En su función llana, guía naves a puerto. En su función mayor es «un foco para poder viajar hacia otros tiempos», y no apunta solamente a lugares dentro de un radio determinado sino también a localizaciones específicas. Junto con la Torre Eiffel y el Faro de la Isla de la Serpiente —«ese monolito negro» en la colina, que despide «un fulgor de los fuegos fatuos» y sirve «para traer naves» de otros lugares— forma una triangulación que apunta a una posición estelar y habilita el viaje temporal. Si el faro se apaga, la triangulación queda coja y el tránsito a otros tiempos se cierra; por eso se lo ataca, y por eso se lo guarnece.

Se dice que contenía en su interior «todos los grandes objetos de la ciencia y de la magia juntos, y así se probaban». Es lugar de comunicaciones y de «réplicas», y tiene estatus de territorio neutral: el único punto de encuentro posible entre partes enfrentadas. Su luz, sin embargo, no es eterna: estuvo activo, se apagó y se volvió a prender. Ha recibido ataques y fue sitio de conflicto con los planos elementales. Y hay una versión según la cual no está en su altura máxima, y en su lugar hay «una especie de fuerte y una guardia» — como si el mundo, incapaz de sostener el instrumento, hubiera dejado al menos la vigilia.

La red y su reverso

El de Alejandría no es el único faro; es el que se nombra como patrón de todos los demás. Hay faros que resplandecen en una isla; faros en Isidora que brillan «cada tanto» al atardecer; un faro al pie del monte cerca del pantano; uno en construcción y sin terminar que se compara con el de Alejandría; el Faro de Bilixin, que permite el tránsito entre plataformas de Antiterra porque el guardián Bilixin «les abre el lugar»; y, del otro lado, un único faro negro en el Plano de las Sombras — porque para entrar a las Sombras hace falta «un faro en las sombras» que guíe el viaje, del mismo modo que el de Alejandría guía naves.

Toda luz proyecta su reverso. El del faro es un puerto enorme con «un faro alto, altísimo, fino y angular»: «la versión oscura del Faro de Alejandría», el Faro Negativo. Se llega a él por el faro negro del fondo del Gorge of Gorgias —adonde ni la gente del Plano de Sombras baja—, siendo la grieta misma el acceso y «tal vez la única vía directa». Este cronista consigna el camino; no lo recomienda.

La disputa de las alturas

Sobre cuánto mide el faro, las escuelas no se ponen de acuerdo, y este cronista se limita a asentar las versiones tal como corren: cuarenta metros sobre el nivel del mar, dicen unos; ciento veinte metros, dicen otros; «unos casi 30 o 40 metros», concede una tercera medición; y hubo quien lo avistó a setecientos pies por encima del nivel de la tierra. Acaso midan cosas distintas — el faro entero, el faro disminuido, el faro de antes del apagón. Acaso midan épocas. Un edificio que apunta a otros tiempos bien puede tener tantas alturas como tiempos a los que apunta; pero eso es conjetura mía, no registro.

Advertencias del cronista

Sobre este faro se afirma mucho y se sabe menos. Nadie ha dicho qué contienen los seis cofres, ni qué relación guardan con las doce balanzas y las teclas de cobre y oro. Nadie ha explicado cómo se opera el órgano: qué hace cada tecla, quién está habilitado a tocarlo, si el guardián de Libra es el único. No consta quién apagó el faro ni quién lo volvió a prender, ni cuánto duró la oscuridad. De los ataques y de la sumisión a los planos elementales queda la mención, no el detalle: qué se perdió y qué quedó, el archivo lo calla. Del faro en construcción que se compara con Alejandría no puedo decir si es otro faro, una réplica en obra, o este mismo en otra época. Corre además la especie de «doce valantes» en el faro —¿vigilantes?, ¿las doce balanzas mal oídas?—, y la de un «reflejo del faro» con poder especial que nadie explica. Tampoco está escrito quién garantiza la neutralidad: si el guardián, la guarnición o un pacto. Y de los faros menores —el de la isla, el del pie del monte, los de Isidora— ignoro si pertenecen a la misma red de puntería o si son, simplemente, faros. El Faro de la Isla de la Serpiente, por último, es uno de los sitios donde puede estar anidando la serpiente: que el viajero lo sepa antes de subir.

Véase además: Torre Eiffel · Faro de la Isla de la Serpiente · Planos elementales · Isidora


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