Claude Nauge

«Mirá este Claude, esta fuerza en sus puños, esa fuerza de puños de piedra.» — así lo presentan las voces del archivo, antes que por su nombre

Hay hombres que el mundo fabrica por capas, como el terreno que ellos mismos excavan. Claude Nauge es de esos: obrero, profesor de filosofía y monje de voto antiesclavista, campeón que una compañía convoca cuando hace falta fuerza —«nuestro champion», dicen— y vidente de «visiones de futuros ocluidos posibles». Este cronista lo consigna con la cautela debida a quien junta cosas que no suelen ir juntas: mano de obra y cátedra, mina y museo, martillo y filosofía.

El itinerario de los oficios

Su geografía es larga y desparramada, y va del subsuelo al gabinete sin soltar la pala. Empezó de trabajador en unas minas lejanas; pasó después a las excavaciones arqueológicas; hoy enseña filosofía en el departamento de etnografía de un museo. En algún punto suelto del recorrido aparece el oficio de sombrerero, que los registros mencionan sin ordenar. Ninguno de esos lugares está fijado con precisión sobre el mapa: la vida de Nauge se conoce por sus estaciones, no por sus coordenadas.

El eje que une las estaciones es uno solo: el trabajo con las manos convertido en autoridad moral. El mismo martillo que sirvió en la mina y sirve en el combate es el que fundó su voto.

Las cadenas rotas

En las manos tuvo cadenas físicas, y esas cadenas están rotas: él mismo las partió a martillazos. Los monjes de este mundo conocen diferentes formas de voto, y Nauge inauguró una de ellas con ese gesto: un voto contra la esclavitud y contra el sometimiento del poder soberano sobre otros. La ruptura de la cadena no ilustra el voto — lo constituye. Es a la vez ritual y precedente: su acto individual fundó una categoría que otros monjes pueden tomar. Por qué tenía cadenas en las manos, quién se las puso y en qué servidumbre, los registros no lo cuentan; el hecho fundacional presupone un cautiverio del que solo queda la cadena partida.

El campeón y el cuervo

Cuando la compañía necesita fuerza bruta, se trae a Nauge. Va cargado de fierro: un martillo grande, una pala en punta —«o sea una glaive»— y un warhammer tan grande que, según se dijo, «lo lleva al tipo» a él y no al revés. El golpe pesado es lo suyo; pero cuando hace falta otra cosa, «está en forma de cuervo»: vuela, corre y «le pega un picotazo». Entre el martillo y el pico cubre el suelo y el aire. Quién lo convoca, y bajo qué condiciones, es cosa que el archivo calla.

La vista hasta 1980

Nauge ve el futuro «por lo menos hasta 1980». Lo que ve no es un destino único sino ramas tapadas: futuros ocluidos posibles. Las visiones le llegan por unos «bims» que tiene — y aquí el cronista se declara vencido: la palabra llegó dañada y no puede decirse si nombra un objeto, un órgano o una facultad. Ese horizonte de 1980 fija, de paso, el límite de conocimiento de toda la compañía a la que sirve: nadie entre ellos ve más lejos que su cuervo.

Sarajevo y las estrellas

Fue parte del atentado de Sarajevo y «fue uno de los pocos que vivió para contarlo»: testigo de un hecho del que casi nadie volvió. Y viajó a las estrellas, de donde regresó con equipo de ingeniería mejorada — artefactos de los que solo se declara la existencia. Si la videncia se trajo de ese viaje o le es anterior, los registros no lo establecen; el cronista anota la duda y la deja abierta.

Advertencias del cronista

Confieso las lagunas de mi materia. La cuenta de sus armas está en disputa: la fuente dice «un martillo grande y una pala en punta o sea una glaive y un warhammer», y no queda establecido si la pala en punta y la glaive son una misma arma o dos — que sean tres fierros o dos, lo dirime quien lo vea llegar. No sé qué museo lo emplea ni dónde queda, ni qué liga su departamento de etnografía con las excavaciones donde trabajó. No sé cuándo cae Sarajevo en la cronología del mundo, ni qué relación guarda con ese límite de 1980 que su vista no traspasa. Y la afirmación de que Nauge sea un obrero oread circula entre los copistas sin respaldo de la voz primera: la consigno como conjetura de escuela, no como hecho. En una ceremonia, por último, se dice que experimentó algo como una purificación; qué ceremonia fue y qué obró en él, queda por establecer.

Véase además: Las estrellas


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.