Graz’zt

«El hombre de la paz, el hombre de la pobreza, el hombre que ama y custodia la creación.» — así se presenta él mismo, en una misiva cuya firma está «medio borrado» y dice «Papa Grast»

Que el lector mida la distancia entre esa firma y lo que sigue. Este cronista ha revisado los registros de muchos linajes, y ninguno le ha exigido tanta cautela como el del príncipe de los demonios, señor del abismo: la potencia que hizo el mundo, que controla a los guardianes, y que hoy está entregando Antiterra a cambio de Sigil, «que es lo que nunca pudo».

El cuerpo, o lo poco que de él se sabe

De su carne solo se fijó una anomalía: doce dedos en lugar de diez — «el hombre de los seis dedos», «lo vi con los doce dedos». No hay rostro conservado, ni talla, ni voz, ni olor; cuando aparece, aparece con la cara de otro. Lo demás que se registró de su persona no es forma sino estado: hubo una época en que se lo vio «bastante finamente», «estaba débil, un tipo retirado»; hubo otra en que estaba «en casa, tranca. Muy venido abajo. Muy pobretoncha. Muy indigno». Hasta que se reunió con la entidad de los registros, y su condición cambió «de un momento para el otro». Qué obtuvo esa entidad a cambio de restituirlo, los archivos no lo dicen; este cronista sospecha que la respuesta importa más que la mitad de lo que aquí se escribe.

La celda que escribe

El encierro no lo neutralizó: lo convirtió en autor. En una celda del mundo llamado el sol oscuro de Atas pasó mil años escribiendo fórmulas de magia dual sobre los paneles — «anotó todo allá adentro». Ese saber sobrevive al encierro: la bóveda U-571 de los Mercaim guarda todavía el espacio físico que él dejó, y que «hasta él había olvidado en un momento». Qué es exactamente esa magia dual, si los paneles siguen legibles y en manos de quién están, es materia que ningún registro cierra.

Sobre la duración del encierro las voces discrepan: unas dicen que «pasó mil años en una celda encerrado escribiendo», otras que «se cerró 300 años». Si son dos encierros, dos cifras del mismo, o si los trescientos años pertenecen a otro tramo de su historia, es disputa que las escuelas no han resuelto y que este cronista deja abierta.

El doce como órgano

Aquí está la genealogía propiamente dicha, y conviene leerla como se lee una anatomía. Doce dedos; doce hijos; doce sombras, una detrás de cada hijo; doce plataformas. El doce es la unidad con que se extiende. Su plan declarado no es ocupar sino poblar: colocar a sus doce hijos como guardianes de las doce plataformas — uno de los primeros de esos hijos fue muerto. Se le atribuyen dos plataformas más que a Sisi. Cómo se articulan doce plataformas con los veinticuatro guardianes —¿dos guardianes por plataforma?— es cuenta que nadie ha rendido.

Porque su capacidad declarada es esa: controlar a los guardianes, sin ser él uno de ellos. Límite fijado con firmeza: no es un guardián, y no es inmune a la magia. Como tampoco es guardiana Elaina —«el Aina»—, cuya vinculación con él los registros mencionan sin explicar.

Las artes de la ausencia

No pudiendo tomar Sigil «cuando era más frontal», aprendió las artes indirectas. Lava el cerebro de quienes pasan por sus misas oscuras. Toma cuerpos: quien peleó contra Helter dejó dicho «creo que era Graz’zt disfrazado de Helter, porque como me pegó no era Helter». Reparte regalos y ata pactos — de cierto desdichado se dice que «tiene un pacto horrible con algo de Graz’zt, de alguna manera». Su mano derecha es Caxathros, de quien consta que «empezó también como medio chotito». Y actúa hoy desde el lado de Mordhek, «o perdido o encerrado en un sueño», sin aparecer.

El conjunto compone un adversario de delegación y ausencia: cuanto menos aparece, más cubre. Y sin embargo las mismas voces que lo dan por dormido lo dan por activo —repartiendo regalos, firmando misivas, y «ahora está juntando ejércitos»—. El orden entre esos estados falta; el cronista los consigna como versiones en pugna.

El peso en la balanza

Ocupó el lugar de Tiamat, la que otros llaman Takhisis, como adversario mayor del multiverso — «el equivalente a Sauron después de Morgoth», dijo alguien, y la comparación quedó escrita. Se lo enumera como una de las tres fuerzas antagonistas cósmicas junto con Dios y Yog-Sothoth, siendo la que «estaba muy dejada de lado». Es además, y esto es lo que vuelve insoportable el resto, el que hizo el mundo y el que de verdad sabe sobre Antiterra: cuando se pregunta quién sabe, la respuesta registrada es «adiviná».

Todo cambio en su estado mueve el mundo entero. Su debilitamiento fue una era. Su restitución fue un instante. Y su liberación —«uno de ellos es Graz’zt y ustedes lo liberaron», les fue dicho a los compañeros— es la causa del conflicto en curso, pues fue él quien encerró la amenaza de la guerra que ahora reaparece. Hace siglos atacó Mecanus. En la zona de magia muerta de Dulis apareció o hizo algo; qué, no consta, ni si la magia muerta es obra suya. Quiere mandar al grupo a un desplazamiento de 1180 años.

Linaje y vínculos

De la Condesa consta que fue su mujer. De sus doce hijos, lo dicho. De Lucifer se registra, como mención de paso, que sus hijas fueron secuestradas por Graz’zt. Las escuelas disputan todavía si «todavía tiene domicilio en Antiterra»: es de los pocos referentes que aparece por todas partes sin estar en ningún lado, y no está en Europa «ahora».

Reservas de Paulus

Este cronista, que ha envejecido entre papeles menos peligrosos que estos, deja constancia de lo que no sabe. No sabe cómo puede ser a la vez el que hizo el mundo y un demonio derrotado, encerrado y liberado por una banda de compañeros; los registros afirman ambas cosas sin sonrojarse. No sabe qué son las doce plataformas. No sabe cuál de los tratamientos —príncipe de los demonios, príncipe de las sombras, señor del abismo, «Papa»— es el correcto y cuál es ironía, ni qué significa «príncipe de las tiendas», si es que significa algo. No sabe quién es la entidad de los registros, y le inquieta que un archivero como él comparta oficio con quien restituyó al enemigo del mundo. Al que crea haberlo visto, le recuerda lo único cierto: contadle los dedos.

Véase además: Antiterra · Sigil · Helter · Sisi · Lucifer


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.