Graz’zt

“Todos los grandes señores del Abismo se asemejan en su orgullo; cada uno difiere en el modo particular en que ese orgullo termina por desfigurarlo. La sentencia se atribuye al cronista, aunque no figure en ninguno de los tratados que de él se conservan, ni en los que se han perdido. Lo cual no impide que la sentencia sea exacta.”

El porte, la dignidad torva, los verdes y púrpuras submarinos de la piel que los pintores tardíos del Adriático supieron prodigarse antes de morir jóvenes. Se reserva, con elegancia profesional, el cuento exacto de los dedos. Quien mire despacio la mano que sostiene el cetro contará seis, conforme a la tradición. Quien la mire deprisa contará cinco, que es lo que la cortesía permite. La mujer arrodillada al pie del trono no se nombra en estas crónicas; quien quiera saber quién es debe buscarla en otros archivos, donde el cronista, por temperamento y por estado, no es la voz autorizada para conducir la indagación.

Quién es

Graz’zt es uno de los tres grandes señores demoníacos del Abismo que las cosmologías clásicas registran en su grado más alto, par de Pazuzu, Orcus y Demogorgon —los cuatro son corteses entre sí del modo en que los lobos son corteses, es decir, no demasiado—. Su trono se asienta en las capas cuadragésimo quinta, sexta y séptima del descenso, ordenadas en triplicidad como todas las cosas que él toca: el Triple Reino de Azzagrat. La elección no es accidente. Donde Graz’zt asienta dominio, lo asienta en tres: tres reinos del Abismo, tres zonas climáticas bajo su gobierno en Axum, tres territorios milaneses bajo el avatar Sforza. Ningún tratado astrológico decente ignora esta firma.

Fue forjador del Engranaje —instrumento de control del Multiuniverso, salido de las fosas mismas del Abismo en una época que el cronista no se aventura a datar—. Fue, también, juez supra-divino de la Contienda, sentado junto a Ao y Sumo en el concilio donde se midieron los órdenes del cosmos. Su impugnación-traición durante aquel concilio obligó a los héroes del Panteón a retroceder mil años en el tiempo, lo cual da una medida aproximada de lo que el cronista entiende por “incomodar”.

Los nombres y los avatares

La identidad de Graz’zt en el Mundo se reparte entre múltiples avatares, cada uno con su jurisdicción y su humor. La nómina es larga; el cronista la abrevia para no fatigar al lector iniciado.

  • Como Graz’zt en su forma plena, gobierna Azzagrat y forja el Engranaje.
  • Como Néorex en el los Reinos Olvidados, conserva el nombre original entre los maestros que aún lo recuerdan.
  • Como GRDT“Gueredet” en la sibilante consonántica abisinia, sentido aproximado “aquel que solicita con autoridad”, aunque los gramáticos prefieren la versión más cortés y el cronista, que estudió ge’ez en sus años etíopes durante la transcripción del Evangelio Apócrifo de Noc, sabe que la cortesía gramatical no se traduce a la conducta— funda dominio en Shoa hacia 1900 A.D.A. y gobierna el Triple Reino de Axum entre 200 y 230 d.C. La primera escritura propiamente etiópica lo refiere. Llevaba bastón de poder. Lo llamaban “aquel que exige”. Fue vasallo de Zenobia de Palmyra junto con KAXA, su compañero. Cuando Aureliano lo capturó y lo trajo encadenado a Roma, se autoproclamó Néorex frente al emperador en la única entrevista que la historia conserva, y pronunció la tríada que los archivos romanos transcriben sin pudor: “Vas a caer, vas a caer, vas a caer.” Presagió la caída de Roma en dos veces cien años —276 d.C. → 476 d.C.—, lo cual, mírese como se mire, no estuvo lejos. Encarcelado bajo el puente Sublicio —consagrado a las Furias, detalle que él agradeció con la elegancia del que conoce el barrio—, escapó de su ejecución con auxilio de Juan el Cazador y huyó a Broken Reach con KAXA. Refundó la genealogía axumita por la línea Noé → Ityopys → Axsumawy → GRDT, lo cual los teólogos honestos del Decadiano han objetado y los heréticos sortianos han celebrado, según la costumbre.
  • Como MalakyaMalakya-Axum, título dinástico—, tuvo seis hijos vengadores: Sum, Nafas, Bagio, Kuduki, Akhorro y Fasheba. Los seis acabaron con los generales romanos responsables de su humillación; al legatus minaya le robaron además la espada; al adivino del solis invicti, lo mataron. El documento que esto consigna formula la pregunta que más le interesa al cronista de toda esta historia: “¿Cómo se venga a un vengador?” La pregunta queda abierta.
  • Como Ludovico Sforza, “Il Moro”, gobernó Milán hacia 1500 A.D.A. — avatar disminuido, ya en la fase tardía—. Encarceló a Luca en Tovag_Baragu y lo torturó con minuciosidad veneciana —mutilación, contrato forzado como condottiero— mientras componía madrigales en el cuarto de al lado. Estableció un sistema de deudas infernales con ejecución divina que los juristas tardíos del CI estudiaron con admiración y miedo en partes iguales. Tuvo un hijo con Sisi cuya genealogía exacta el cronista prefiere no detallar: baste decir que el wish de Khalim —“que cuando Graz la quiera embarazar, me dé ser hijo de Graz e hijo mío”— fue, según las crónicas, atendido, lo cual abre cuestiones teológicas que el cronista no es persona para resolver.
  • Como Grast —o Grasta, según la transcripción de los testigos de Indiana—, “el Dios de Hierro”, fue capturado por la archimaga Iggwilv —que en los códices del eje Terra se transcribe Eagwulf, deformación a la que el cronista no concede importancia— y sellado en Iron Mountain, debajo de la ciudad de Gary, mediante cinco trampas y cinco Truenames. Buscaba, en el ciclo de 1987 sobre el eclipse del 14 de abril, fusionar sus cinco versiones temporales para recuperar su poder pleno. Los archivos no consignan si lo logró del todo. El cronista, que ha verificado las efemérides, observa una probabilidad inquietantemente alta.
  • Como Jack Azul —avatar visto saliendo de París como “una negrura yéndose, una mano, con ruido de timbales y melodías orientales”—, fue el rostro que algunos testigos guardaron del acto frente a Notre Dame, aunque los historiadores más cautos prefieren tratarlo como forma transicional y no como avatar pleno.

Su forma y la marca

El retrato que la tradición conserva es consistente y el cronista no encuentra razón para discutirlo: alto, macizo, piel oscura con esos verdes y púrpuras submarinos que ya quedaron dichos; cuernos breves, curvados hacia adelante, casi domésticos; los ojos —cuando se permiten mirar— de una calidad fría que los animales no tienen y los hombres han aprendido a evitar. La mano es de seis dedos: seis precisos, no cinco con un sobrante. Esta es la firma.

La mano de seis dedos se reproduce, generación tras generación, en la descendencia más oscura del señor —sea por carne, sea por contrato—. Helter la lleva. El Duque de Blanquist también. En el archivo se anota que las casas donde la marca aparece suelen padecer ruinas precoces, lo cual no es asunto del astrólogo registrar pero el cronista lo registra de todos modos, porque le parece justo. Las madres, según los códices, no se sorprenden cuando la cuentan. El asombro, en este punto, es prerrogativa del observador externo.

La disminución

No hay episodio en toda la cronología del Triple Reino que el cronista haya repasado con más obstinación que éste, y todavía no acaba de explicárselo del todo. Conviene exponerlo despacio.

Hacia el año 1900 A.D.A., establecida ya su corte en las tierras altas de Shoa, GRDT encontró a Maleika. El cronista la conoció después, por terceros, en los registros del Evangelio Apócrifo de Noc; pero la recordaban quienes la habían visto en persona como una mujer pequeña, descalza, monje al modo de los antiguos, cuya disciplina marcial era de la clase que no se enseña ya en ningún claustro y que ciertos manuales sufíes del siglo XII —el cronista los leyó en Toledo, durante una estancia que él mismo no se atribuye en sus obras conservadas— describen como al-fath al-akbar, la apertura mayor.

GRDT la encontró atractiva. Encontrarla atractiva es, en el dialecto del Plata que algunos cronistas mortales emplean —Arkos entre ellos, y conviene anotarlo porque sus argentinismos a veces precisan lo que el griego difumina—, un eufemismo de los que no convienen a un servidor del arte. Lo cierto es lo que sigue: la violentó. La crónica conserva su mecánica con la frialdad que sólo puede ofrecer la distancia de los siglos. No conviene detenerse aquí. Conviene, en cambio, registrar lo que vino después.

Maleika no protestó en el momento. Esperó. Esperó lo que las mujeres de su disciplina saben esperar —que es tiempo astrológico, no biológico— y cuando llegó el tránsito favorable, Marte en oposición a Venus, cosa que el cronista ha verificado en las efemérides de la época y que ningún sumo poder del Abismo, por lo visto, supo prevenir, ella le hizo lo que las crónicas etíopes consignan así, sin pudor: “Tus huevos: me los comí.” [La fórmula es de Arkos; el ge’ez original es menos directo pero exactamente igual de definitivo. —Anot. del cronista, glosa propia.]

Quien escribe estas crónicas no es persona —ni por estado, ni por temperamento, ni por los muchos votos que se le sospechan— habilitada a tratar con propiedad actos de esta naturaleza; sólo los rozó en sus años de Toledo, y por lo demás muy de lejos. Pero sí está habilitado para observar la consecuencia astrológica del episodio, que es la única materia donde su voz tiene autoridad. Desde aquella noche etíope, Graz’zt opera disminuido. Conserva el conocimiento. Perdió la fuerza. Donde antes intervenía con el cuerpo, ahora interviene con el cerebro. Donde antes engendraba para sumar, ahora pacta para multiplicar. Es un avatar más calculador, más paciente, y —si se permite la observación al cronista, que la ofrece sin retórica— mucho más peligroso.

La noche del carro frente a Notre Dame

El acto por el que más se le recuerda en el ciclo final de Antiterra es la noche del carro frente a Notre Dame, y conviene contarla con cuidado.

Henri La France la presenció. Paul Claudel, que era el hablado del momento y a quien el cronista no es deudo ni discípulo, aunque guarde el archivo, no llegó a terminar la frase con la que advertía sobre el Libro Azul; un carro aristocrático, lacado de negro, se detuvo en la calle empedrada; las cortinas se descorrieron despacio, como en una ópera de la que ya se sabe el final; salió una mano de seis dedos, seguida por una espada que goteaba ácido; y Graz’zt, sin descender del carro más que lo estrictamente necesario para la cortesía del acto, atravesó a Paul Claudel y le pronunció al oído la única sentencia que la noche conserva textual: “Hasta acá llegaste.” [Sintáctica argentina. Arkos lo registra así. Los archivos parisinos prefieren “Vous voici arrivé.“]

Después el carro siguió su camino. Henri vio. No supo, esa noche, a quién había visto. [El nombre le llegó tarde —que es la única forma en que llegan los nombres de los señores demoníacos a los testigos mortales—. La comprensión, en estos asuntos, es siempre póstuma. —Glosa de Arkos al margen del cuaderno donde estas cosas se asientan.]

El acto sobre la Dama

De lo que sucedió dentro de la catedral, una vez que el marco táctico fue establecido por el Gran_Khan —vrock de dos cabezas, especialista en detención del tiempo, profesionalmente impecable—, el cronista, que ha aprendido a oír las piedras de aquella noche, conserva lo que sigue.

El detención del tiempo descendió sobre la nave central como una manta de plomo. Los Reguladores quedaron detenidos a media zancada —Henri con el pie en alto, el resto en el desconcierto previo a la comprensión—. La Dama, en su piedra petrificada, no estaba alcanzada por el detención del tiempo: los cuerpos de los entronizados resisten esas artes menores. Lo que sigue lo soportó despierta.

Graz’zt entró por la nave lateral sur. Pasos pesados sobre las losas frías. Olor a carne demoníaca con tintes de incienso quemado, combinación que la piedra recordó porque la piedra no había olido nada igual antes. La hoja de ácido goteando sobre el mármol —marcas que el sacristán moderno todavía no ha logrado borrar y atribuye a humedad, sin saberlo—. La mano de seis dedos sobre el rostro de la Dama. El primer pinchazo del rosetón en el costado, cuando él la giró para acomodarla.

La sentencia que le pronunció al oído —y que la piedra conserva textual, aunque ningún archivo escrito la registre— es la siguiente: “Hace mucho tiempo te he esperado. Esta noche te he esperado bien.” [El cronista, por temperamento, no se aventura a glosar la sintaxis del pretérito perfecto en boca de un demonio que opera fuera del tiempo. Lo transcribe sin comentar. La transcripción es, ya, comentario suficiente. —Anot. del archivero del Plata.]

Diremos que ejerció sobre ella —y aquí la cronomancia se permite la palabra que el archivo escrito calla— un acto de penetración demoníaca prolongado, con la espada de ácido aún en la otra mano, en una posición que la piedra recordó como ofensiva al diseño litúrgico del lugar: el cuerpo de la Dama estaba alineado este-oeste, el de Graz’zt lo cruzó norte-sur, trazando una cruz invertida que el suelo de la catedral conservó tres siglos antes de que un Papa posterior mandara reembaldosar. El detención del tiempo sostuvo el silencio durante el acto entero. Las gárgolas no se movieron todavía —reaccionarían después, cuando ya no había nada que reaccionar contra—. Henri seguía con el pie en alto.

De aquel acto la cristiandad antiterrana no se ha recuperado del todo, lo cual era, presumiblemente, el efecto buscado por quien lo ejecutó. Quod erat efficiendum. El cronista, que sigue oyendo aquella noche cuando la astrología lo deja, no recomienda a ningún lector mortal aprender a oírla.

Otros actos del Triple Reino

La enumeración exhaustiva no cabe en una crónica decorosa, pero conviene dejar marcadas las balizas mayores:

  • En Etiopía, ya disminuido, GRDT propuso el llamado Plan Sentinela: convertir a sus seis hijos con Maleika en semilla de las doce plataformas, esquema cosmológico inscrito en los Sentinelas. Intentó sacrificar a sus hijos para reactivar la fuerza. Maleika reaccionó. La intervención de Elaina y Erebus abortó el plan en su última hora. Los hijos sobrevivieron; el plan, no.
  • En CI, como Ludovico Sforza, organizó el Carnaval de Venecia —pieza recurrente del despliegue cultural antiterrano que algunos consideran su firma cultural plena—. Y opera independientemente de Auro / Jinete: no es vasallo ni aliado fijo del Jinete, pese a operar en el mismo período. Si se alineará con o contra el apocalipsis de Auro al cierre del ciclo CI es pregunta abierta que el cronista guarda para otra entrada.
  • En el ciclo del Cisma del Inframundo, los archivos documentan a Graz’zt como enemigo personal del nuevo Pugil atlante. “Deshonró y exilió a la dinastía del padre del Pugil”, dice la crónica. Lo describen con dos figuras que el cronista encuentra contradictorias y sin embargo coherentes: “un cracabarty, alguien que quiere que la rueda vuelva a estar en orden” y “Carcovain de la luz, del cielo, medio angelical”. Es decir: no es puro villano, es agente de un orden corrompido. El orden lo lleva en el cuerpo; la corrupción es el modo.

Faceta TNW: Grast y la Montaña de Hierro

En el eje Terra, hacia 1987 sobre el calendario que allá rigió, Graz’zt fue Grast. Operó —si esa es la palabra para una entidad sellada— desde dentro de Iron Mountain, debajo de la ciudad acerera de Gary. Su pretensión: fusionar sus cinco versiones temporales durante el eclipse del 14 de abril, abriendo un canal cósmico que la archimaga Iggwilv —que en el archivo aún ejercía— había sellado mediante cinco trampas y cinco Truenames. Los nombres del Demonómicon son la clave; quien los pierde, queda a su merced. El cronista no consigna el desenlace porque el desenlace está abierto.

Vínculos

Apariciones

  • Era Primordial — forja del Artefacto / Engranaje en las fosas del Abismo
  • Contienda — juez supra-divino; traición que obliga al Panteón a retroceder mil años
  • Eje DR / Reinos Olvidados — como Néorex
  • 200-230 d.C., Axum — como GRDT, Malakya, gobernante del Triple Reino
  • Roma, ~270 d.C. — capturado por Aureliano, prisionero bajo el puente Sublicio
  • Etiopía, ~1900 A.D.A. — encuentro con Maleika, disminución, Plan Sentinela
  • ~1500 A.D.A., Milán — como Ludovico Sforza Il Moro
  • Tovag Baragu — encarcelamiento y tortura de Luca
  • 1987, Iron Mountain (eje Terra) — sellado como Dios de Hierro / Grast
  • Ciclo final de Antiterra — disminuido, planeando, agente detrás de Lord Gaul
  • París, calle frente a Notre Dame — ejecución de Paul Claudel desde el carro de las cortinas
  • Notre Dame interior — acto sobre la Dama bajo el detención del tiempo del Gran Khan
  • Ciclo del Cisma del Inframundo — enemigo personal del nuevo Pugil atlante