“Hay almas que el Infierno acomoda en su forma exacta; Ciacco es de ésas.”

Que la lámina lo muestre como cerdo negro sentado en cocina rural —Biblia abierta sobre la mesa, hierbas colgando del techo, olla al fuego, suelo de madera— es el comentario más justo que la mano podía hacer. El Tercer Círculo, donde la gula se castiga, no aloja a sus condenados como hombres: los aloja como lo que la gula los había convertido por dentro. Ciacco vive ahora en la forma que le correspondía desde el principio. La cocina del fondo —y aquí el cronista debe anotar la sutileza, aunque no sea suya sino de la mano— es cocina de bruja, no de monasterio: las hierbas colgadas son regalos de la hospitalidad infernal, no remedios; la Biblia sobre la mesa es adorno que la dueña conservó por costumbre, no por lectura.

Florentino del siglo XIII, condenado al pantano de los golosos donde la lluvia eterna lo enfangaba con los demás. Dante lo encontró en aquel cieno, conversaron brevemente, Ciacco le profetizó las desgracias políticas de Florencia y volvió a hundirse —escena que las academias italianas todavía glosan—. El cronista repite la escena no porque la academia la haya repetido, sino porque Ciacco la recuerda: el alma del goloso, cuando puede, recuerda la última vez en que un mortal la trató como persona, y la conversación con Dante fue la suya.

En el ciclo del descenso de los condenadosel que el archivo llama el ciclo CDI—, Ciacco fue rescatado del pantano por Sven, junto con otra alma gorda anónima. Se incorporó al grupo como escolta voluntaria: figura que en aquel sistema penal abre la posibilidad de redención parcial cuando el alma condenada se compromete con un vivo que la guía. Ciacco, según los archivos, se aferró a Sven con la lealtad con que se aferran los condenados que entienden la oferta. Dio ocho puntos de esperanza al grupo en el momento del rescate, contribución que el archivero del Plata anota porque las contribuciones de los condenados, cuando ocurren, suelen contarse en unidades menores.

[El cronista, que ha visto a otros golosos en formas peores —el cerdo es de las apariencias dignas que el Infierno ofrece al pecado de gula— observa que Ciacco, en este punto, salió mejor parado que algunos. Lo cual no es consuelo. Es estadística. — Anot. del archivero del Plata.]

Vínculos

Apariciones

  • Siglo XIII florentino — vida mortal, vicio de gula, muerte y condena
  • Encuentro con Dante — diálogo y profecía en el pantano (referido por la Commedia)
  • Ciclo el Descenso — rescatado por Sven; escolta voluntaria del grupo

Casas del ciclo · ☷ ⌖ Una capa del descenso con su condenado a medida: el Tercer Círculo no aloja a Ciacco como hombre sino como cerdo —la forma exacta en que la gula lo había convertido por dentro—, y de ese estrato del pantano lo rescata Sven, que se lo lleva como escolta. El florentino llega del verbatim histórico: es el goloso que Dante encontró en el cieno y que le profetizó las desgracias de Florencia, escena de la Commedia inscrita sin retoque en el archivo bajo la autoridad de Plutón. — glosa del archivero del Plata.