Caldero

Ficha catastral, para el que viaje desde el norte. A unos setenta kilómetros de Ciudad Estrella —«70, 80 millas», dos días a caballo, cruzando el puente enano hacia el sur— el camino sube a territorio montañoso, al piso superior del mundo, y desemboca en una ciudad que no se parece a ninguna otra: cuarenta mil almas viviendo dentro del cráter de un volcán extinto, «una pompeya más arriesgada». Los papeles nobles la llaman por su nombre viejo, el nido del Fénix; la gente dice «Ciudad Caldera» o, más vulgarmente, el caldero. Desde el Apotecario de la Viuda ya se la ve a la distancia.

La olla y sus anillos

«Es un caldero gigante con torres y demás, con murallas por alrededor.» El cráter está algo inclinado y «da la sensación de que las casas están construidas teniendo en cuenta el desnivel». No busque el viajero el patrón de plaza central con catedral y fuerte: la ciudad es circular, y sus avenidas —la de la Ceniza, la de la Lava, la del Magma, la Obsidiana— son anillos concéntricos que siguen las curvas del cono, de modo que una misma avenida cambia de nombre según el cuadrante: se dice «obsidiana sur», «magma norte», y hay «calles circulares siempre abarcantes de Ocidiana Este». Administrativamente son cuatro secciones o cuadrantes; se habla además de «doce lugares», sin que nadie los haya enumerado.

En el fondo de la cubeta, un lago central de un kilómetro y medio de ancho y la zona baja inundable, el Cess. En el labio del volcán, la corona de torres de los nobles, la Citadel. Y en la superficie misma del caldero «se ve que hay también orificios, como si fuera una espumadera», que bajan «en un ángulo que en un momento fue de 45 grados, y luego se fue afinando hasta ser como el recto». Adónde desembocan, no está dicho.

En el sur se levantan las grandes sedes: la Torre de Oxidiana de Lord Valanthru y las torres gemelas de Titti Frame; la Torre de Huillas, tercera de la corona, fue destruida por una compañía de aventureros, y nada se dice de qué ocupa hoy su lugar. En el norte, el ayuntamiento: «un gran edificio, como una especie de tribunales, con escalinatas y guardias varios», con puerta norte, muchedumbre agolpándose y una pared de cristal que en los disturbios quedó manchada de sangre. Hay un palco elevado sobre la plaza principal —función y ocupante sin declarar—, un templo con insignias de escudo y espada y altar de las donaciones, una catedral donde se dan clases de historia, orfanato, cerrajería, cervecería del gremio, varios pozos, y un camposanto con una zona aparte, afuera del muro, donde entierran a los suicidas.

La muralla oeste está rota: la puerta «la ensancharon y rompieron parte de la muralla de Caldero» para que entre la tortuga —que no cabe por ninguna otra parte—, con «una especie de demolición bien manejada o con magia, con explosivos».

Arriba y abajo

El eje de Caldero es vertical y es social: «más arriba, mejor». El rango de una familia se lee en la altura de su torre; los nobles habitan el borde y el inframundo «está debajo de las calles y los demás viven arriba». El agua y la pobreza caen al fondo; el poder y la vista suben al labio.

Y abajo la ciudad continúa. Las alcantarillas conectan todo el casco; debajo «hay una extensa red de túneles y magia perdida», con niveles de laberinto numerados por los que bajan. Porque «el caldero fue construido sobre varios lugares»: el subsuelo es segunda ciudad, camino de contrabando y de rapto, y depósito de lo que otros dejaron. La cerrajería del gnomo —señalado por los ciudadanos como el que raptó a los niños— conecta con las salas más profundas, y tuvo un perímetro donde unos tipos recibían sobornos. Hacia la ciudad viajaba, raptado, el niño Terren; le faltaban dos días para llegar.

Quién manda

La autoridad es el Alcalde —una mujer— y un Concilio de nobles que sesiona aproximadamente cada semana y nombra cargos como el canciller. Que nadie se confunda de estamento: no son «unos comerciantes que les fue bien» sino «gente muy, pero muy poderosa, que puede hacer desaparecer con muchas piedras. Todos magos, todos magos» — Lord Valanthru y Titti Frame entre ellos. El poder se reparte además entre la Guardia de la Ciudad con su Capitán —doble fila con escopetas y rifles, soldados nuevos vestidos de rojo, acusada de estar infiltrada y de hacer la vista gorda a la trata de niños—, el Templo de San Cutbert, la Alcaldía, la Academia Bluewater y facciones económicas privadas.

El derecho local no es tierno. Admite un protocolo de defensa de la ciudad, otro que autoriza tomar rehenes civiles en emergencia, y «el principio de responsabilidad colectiva por acto de sabotaje cometido contra gobierno», que permite ejecutar a los parientes del saboteador. El sistema emite citaciones firmadas —Lord Valanthru firma las suyas— y obliga a presentarse en el ayuntamiento. Los impuestos subieron con la justificación de la seguridad y «pusieron más soldados»; la resistencia fiscal se reprimió a tiros: unos veinte muertos en la primera línea de una manifestación de setecientas personas frente al ayuntamiento. En la calle quedó dicho el pronóstico: «Ese Concilio va a caer».

El oficio de la ciudad

Colonia y «una de las derivadas» de Ciudad Estrella, más pequeña pero importante, Caldero es su fuente principal de azufre, obsidiana y técnica mágica. La revolución industrial tecnológico-mágica es cosa de hace doce años; la sostienen tierras fértiles y «grandes venas, vetas de riquezas, de metales preciosos». Se paga en monedas de oro, plata y cobre; para gastos grandes se habla de «reales», y circula además el «dinero de Caldero», cuya relación de cambio nadie ha fijado.

Hacia el norte, el puente sobre el río: obra de mil años hecha por enanos, «como el Golden Gate» — «el San Francisco, el doble y sin bases». Es el único paso posible para las vías del tren, ese proyecto de «millones» que coordinó el enano ingeniero Vermission y que fracasó. Cuando el Caldero se mueve, se mueve el mundo alrededor: por acá pasa —o no pasa— todo.

El calendario del agua

Clima volcánico-tropical, «más como México, los lugares que tienen volcanes»: no nieva, pero cae agua nieve en diciembre; octubre —off season— trae llovizna, humedad y neblina, y de tanto en tanto, temblores. El invierno es la estación de las lluvias y la parte baja se inunda: «es un festival de inundación», con cincuenta mil personas en riesgo, y los sacerdotes intentando controlar el agua porque «para eso están». La iglesia asila a quien lo necesite y proyecta comprar terreno más afuera para construir algo más grande. En el festival del fin del invierno el Alcalde saludó desde arriba — encadenada.

La noche es «un manto espeso de niebla» que cubre la ciudad. «La hora de las brujas» son las 3 o las 4 de la mañana, y la gente no sale de noche desde las desapariciones de los últimos tres meses. Contra la pared de cristal del ayuntamiento un sargento fue levantado en el aire y acuchillado; corre la versión de que «se colgó».

Memoria del volcán

Se veneran santos y viejos dioses de Díandil —Córdoba, Huilla— y un dios enano «tipo una mezcla de Moradin con barba plateada, tipo Mimborga». Y hay una memoria de la que la ciudad se enorgullece: «no hay ningún registro en la historia de Caldero que se hayan sacrificado niños para evitar el volcán». Primaron la industria, la magia y la comunidad.

Pero el volcán guarda más de lo que la ciudad admite. «La misma gema que es el mundo la introdujeron en el volcán.» El corazón del ifrít fue robado y alquimizado, y tras eso las tierras alrededor se volvieron más fértiles: «estas tierras antes eran más desertas». La catástrofe fundante, el descenso de la estrella, se cuenta hace mil ochocientos veinticinco años. Y sobre todo esto pesa la sentencia de Lord Valanthru: «Caldero, como su nombre indica, siempre es una olla a presión a punto de estallar». De sus ciclos cósmicos «depende si este lugar asciende o se hunde». La prueba está fresca: tras la ocupación militar, «la ciudad obviamente está a un cuarto de su población: mucha gente se decidió a irse». Un solo tramo de crisis borró tres cuartos del asentamiento.

La red exterior

Para el que sale por las puertas: monasterio a 30 o 40 millas; Taberna del Mono Loco a 30 kilómetros; Red Lodge a un día de ida y un día de vuelta; bosques de los druidas 40 o 50 kilómetros al este «o más lejos todavía» —el propio guía se corrige—; una comunidad pequeña del Mostaral a 200 kilómetros; las planicies perdidas a 200 o 300; cerca, las planicies de Balaprima. Una casa drow —«milito», así quedó dicho el nombre— tuvo reclamos sobre el sector del Caldero; qué fue de esos reclamos, nadie lo asienta.

Advertencias del baqueano

Acá conviene pisar el freno y poner las cosas en su sitio. Sobre cuándo se durmió el volcán, las voces no se ponen de acuerdo y este cronista no va a elegir por ellas: unos dicen «decenas de miles de años, sino esto no sería habitable», otros «más de 1.500 años», otros que hace mil quinientos años el volcán estaba vivo, y otros que está dormido «en los últimos 500 años». Lo mismo con las capas de la ciudad: fundaciones de unos quinientos años, cuando otras especies la habitaron, contra una catástrofe de 1.825 y un puente de 1.000 — qué se construyó en cada capa, el archivo no lo separa. El ancho del puente tiene tres cifras que no casan: 30-40 pies, 60 pies, 15 metros. Los cuarenta mil habitantes «de la zona» no cierran con los cincuenta mil en riesgo de inundación: casco o región, elija el lector su prudencia. Si Cess y Citadel son barrios con nombre o maneras de decir la ciudad baja y la alta, y quién vive en las colinas intermedias, no consta. Queda nombrada y sin describir una enfermedad asociada a la ciudad y a sus túneles. Y queda la cuestión de quién manda hoy: se afirma a la vez que gobiernan Alcalde y Concilio, que el Alcalde apareció encadenada, que en la reunión de la Torre el Alcalde no estaba, y que «ya no hay estado de derecho». Por último, una cita de la catástrofe explica «por qué se llama Moria este lugar»: si Moria es otro nombre del Caldero, un sector, o una palabra que el viento del archivo trajo mal, este cronista lo deja abierto.

Véase además: Ciudad Estrella · Lord Valanthru · Titti Frame · Terren · Nido del Fénix


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.