
Caladan
De padre, un guerrero humano, «una especie de cruzado, quizás un paladín». De madre, una elfa «medio noble, alta alcurnia, elfitud, hechicera por naturaleza». De los abuelos, el rechazo: no quisieron la unión de su hija con un humano «porque los humanos mueren rápido, es solo sufrimiento». Y por encima de las dos casas, una tercera herencia que no figura en ningún árbol: la sangre del maestro. Así se abre el linaje del señor vampiro de la esquina sudeste del núcleo, el que hoy gobierna el valle de Ardis Vala entero y todo lo que hay debajo.
Las dos sangres
Del cruce le quedó el don «de practicar ambas magias»: la élfica de la madre, la humana del padre. A eso se suma el acceso a todos los conjuros de clérigo, la regeneración que exige la noche, y una peculiaridad que lo aparta de los de su especie: la forma animal que adopta es de una pantera y no de un lobo. Habla perfectamente la lengua de los goblins y sabe escribir en antiguo alemán. Los hechizos de detección no lo registran. Qué puede hacer cada una de las dos magias, y si se combinan, la sangre no lo dice — solo dice que las porta.
Los nombres
Uno solo es, pero se nombra según con quién trate. De viaje se presenta como «Canadá». Declara que su verdadero nombre es Agadán, «el de venir», y explica que «Cal es nosotros», su pueblo. En otra ocasión se presentó de otro modo: «Marduk… mi nombre es Caladan», «un dios de la casa azul» — y si ese Marduk es máscara, título o un ser distinto, es disputa que este cronista deja abierta más abajo. Hasta una inteligencia sin cuerpo lo reconoció una vez, encendió un sensor y lo llamó «Tío Caladán»: parentesco que nadie ha explicado.
El camino hacia abajo
Antes de todo esto fue otra cosa. Un elfo que vivía en las afueras de Glastumville —en las afueras, no en el pueblo— y advertía que «hay monstruos que parecen humanos», que el lugar no es seguro. Hace quince años era uno de los buscadores, y traicionó a su grupo. Como vampiro cuenta unos doscientos cincuenta años. Se lo vio salir del cenotafio de Tuliarios bajo el símbolo de Aries, en silencio, con armadura gótica, «un círculo, algo en la cabeza, un circlet, una tiara», un cinturón, «dos hermosas varitas» y una espada corta «que tiene una vaina hermosa, una empuñadura muy bien» trabajada. Dos metros de alto. No hace ruido al moverse. En su forma actual está «envuelto en unas únicas sombras»: «se mueve y no se mueve del todo en el espacio».
El señor del dominio
Su dominio es «irregular y grosso, en la esquina sudeste del núcleo», sobre el lado del Camino Olvidado, por las regiones de la Colina Pelada, el Risco y la Espina, más al sur. Después de su entronización como Señor Oscuro, «incluye ahora todo el valle» de Ardis Vala «pero también toda la estructura profunda»: el castillo sin sol arriba y los niveles subterráneos abajo forman un mismo territorio sin luz.
Es un señor feudal «cruel y terrible, que tiene asolada la región con una fiebre blanca y peor»; «un señor brutal, un tirano que tiene una arena». Su autoridad no es delegada: es «un señor por propia ley y propio peso», «la tierra misma hecha hombre». Él mismo la formula como control de acceso: «de alguna manera tengo control de quién accede y quién no. Y todavía no sé cuántas otras cosas más controlo acá».
La población del dominio no es visitante sino propiedad. Como vampiro de esa edad, raras veces mata a sus víctimas: mantiene gente tomada de la que bebe. Sobre las mujeres, el archivo guarda dos versiones que hay que sostener juntas, porque ninguna anula a la otra: una dice que «tiene esclavizadas sexualmente a todas las jóvenes bonitas del territorio»; otra, que algunas «se convirtieron porque le dijeron que querían». Las que se casan con él «rara vez viven más de un año»: se supone que se suicidan o mueren a causa de los abusos.
La ciudadela sin sol
El castillo es «una especie de ciudadela sin sol», en medio de bosque denso, tupido y oscuro, «una región mucho más feral y salvaje» que las conocidas. Está en el centro del dominio y es inaccesible: nadie ha logrado llegar a él. El conjunto es un sistema cerrado que se explica pieza por pieza. La falta de sol es condición de habitabilidad de su señor, no estética. El bosque feral es la muralla real —lo que hace que nadie haya llegado— y el coto de caza de la pantera. Dentro hay unas mujeres pálidas y algunos sirvientes: el ganado doméstico del que bebe sin matar. La arena es el aparato con que un tirano administra violencia pública sobre esa misma población. Y hay un huerto donde crece «esa fruta»: lo único del conjunto que produce en vez de consumir, y por eso destaca — aunque nadie ha dicho qué fruta es ni para qué sirve.
Cuando los visitantes se van, se queda en su castillo y se transforma en pantera, rodeado de sombras y de mujeres. Ya entronado, se lo retrata en la arquitectura púrpura de Balacan, sede del trono.
El hito
El mundo del sudeste se organiza alrededor de él, y hasta el tiempo lo hace: su entronización es la fecha que la gente usa para medir, y lo que hay detrás del circuito de medianoche se define como «anterior al gobierno de Caladan». Que su castillo sea inaccesible convierte al centro del dominio en un hueco negro dentro del mapa: se sabe que gobierna, no se sabe desde dónde exactamente ni con qué. Y la sangre del maestro lo ata a una línea mayor que él mismo — de quién es esa sangre, y qué obliga, tampoco está escrito.
Advertencias del cronista
Acá conviene pisar el freno y anotar lo que el archivo no cierra. Las mujeres pálidas se nombran sin definirse: nadie ha dicho si son convertidas, esposas sobrevivientes o sirvientas encantadas. La cuestión Marduk/Caladan sigue sin resolver: los retratos ni siquiera coinciden, y hay quien lo describe de armadura gris y ojos negros, quien de verde esmeralda y ojos ámbar, quien de armadura gótica — un mismo ser con tres pieles, o tres seres con un nombre prestado. Tampoco está establecido si Señor Oscuro y señor del dominio son una misma transformación con dos nombres o dos ascensos sucesivos, ni si el trono púrpura de Balacan y la ciudadela sin sol del Camino Olvidado son el mismo sitio, dos sedes o dos épocas. La fiebre blanca no tiene explicación: plaga, hechizo, consecuencia de su alimentación, o «peor». Del sarcófago y el cenotafio de Tuliarios no se sabe si son el mismo receptáculo, ni cómo llegó ahí, ni cuánto durmió. De la arena no consta quién pelea ni quién mira. Y del castillo se afirma que nadie llegó, pero no qué lo impide en concreto. El que viaje al sudeste, que no lo averigüe en persona.
Véase además: Marduk — el nombre con que se presentó una vez, identidad sin resolver.
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.