Tiro

«Oráculo sobre Tiro: ululad desde Tarsis porque ha sido destruida.» — palabras del sátiro, recogidas tal como las recitó

Hay ciudades que mueren una vez y ciudades que aprendieron a morir por capas. Tiro es de las segundas. Dos asentamientos llevan hoy su nombre: la vieja Tiro, sobre una isla rocosa del Mediterráneo, «un lugar mayormente en ruinas»; y la nueva, «sobre el continente, ya no está más en la que usted está». La que pisa el viajero es la primera. La que vive es la segunda.

La isla

«Una ciudad en una isla que está apenas cubierta por un sector que da al mar.» La vieja Tiro es «toda rocosa y es muy difícil», con el acceso cortado. Contra sus costados, de noche, «han roto las olas como cascadas»; «baten las olas cerca del agua», el aire trae «vientos salobres», y «hay una línea de costa no muy lejos» — aunque nadie ha medido esa distancia ni explicado cómo se cruza hoy. De noche el sitio resulta «extrañamente silencioso», y este cronista anota que ese silencio se sostuvo incluso después de que allí se batió un duelo.

El agua, que es la ley

Sobre una roca rodeada de mar salado, el agua dulce manda. En toda Tiro hay un solo manantial, junto a una cascada, en «un lugar al lado de una cascada que es más o menos cómodo», con «construcciones que te indican que había algo de riego». Manantial, cascada y obras de riego forman un solo complejo: el único punto habitable de la isla, y por eso mismo el punto donde se concentró cuanto la isla pudo sostener. En un asedio, ese manantial vale más que las murallas. Quién lo custodia hoy, o quién bebe de él, es cosa que nadie ha dejado escrita.

Las capas de la piedra

Cada ocupación sigue físicamente presente en las ruinas. Los fenicios están en Tiro desde dos o tres milenios antes de Cristo. Alejandro Magno hizo su entrada militar durante la invasión y «le colocó» algo a la isla — la frase llega cortada, y no sabremos si dejó una obra, un nombre o una condición. De los cruzados queda en pie la catedral que «los cruzados tuvieron»; si está entera, en ruinas o vuelta a otro uso, las voces no lo precisan. Y la última capa es la presente: la plaza está «tomada por los turcos».

La frontera

En el presente del ciclo, Tiro es el punto donde termina lo cruzado y empieza lo turco. Su riqueza fue siempre la del puerto: «mercaderes de Sidón cuyos viajantes atravesaban el mar por las aguas inmensas», mercaderes que son príncipes y nobles — y su destrucción, materia de oráculo, como se lee al frente de esta entrada. La isla vieja, con su acceso cortado y su piedra, es defensa y trampa a la vez; el continente absorbió la vida civil, aunque nadie ha dicho quién habita la ciudad nueva ni qué trato tiene con la guarnición de la isla. Quien controla Tiro controla el paso y el agua.

El archivo del Temple

Tiro guarda una función más, que no es de piedra sino de tinta: es la zona donde se busca noticia de los Templarios, porque la fundación del Temple «la cuenta Guillermo de Tiro». Si Guillermo es un libro que pueda hallarse en el sitio, o solo un nombre que se pronuncia lejos de él, este cronista no puede afirmarlo.

Advertencias del cronista

Queda una disputa de versiones que no me corresponde zanjar: la catedral supone un tiempo de dominio cruzado, y el presente declara la plaza turca; falta la fecha del cambio de manos, y las escuelas discreparán hasta que alguien la encuentre. Tampoco sabremos, hasta mejor testimonio, qué fue lo que Alejandro «le colocó» a la isla, ni a qué distancia exacta queda la costa, ni cómo se llega hoy a una ciudad cuyo acceso está cortado. El que viaje, que lleve agua propia: el único manantial de Tiro puede tener dueño.

Véase además: Mediterráneo


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.