
Ciudad Estrella
Itinerario del baqueano: cruzá el Río Ucronos hacia la orilla norte, «arriba de la región de las montañas», y desde donde estés parado la vas a ver «por lo menos de acá ya 8 kilómetros» antes de tocarla: una muralla enorme con siete puertas, dibujando una estrella perfecta sobre las colinas. Su planta mide «por lo menos 10 kilómetros de rayo». No hay otra: es la capital.
La planta
La forma manda. Es simétrica y tiene forma de estrella —«Es Palmanova»—, con «unos muros enormes con siete puertas»: una planta de fortificación, y eso explica por qué está del lado protegido del río mientras el Caldero queda a la intemperie. Está «construida como Roma sobre colinas», dentro de una depresión que dejó la actividad volcánica; sus calles tienen desniveles muy desiguales, algunas «como los andes», otras «pasos más tranquilos». La ciudad se ordena en cuatro distritos —Sur, Norte, Este y Oeste, «bien simple»— y cuatro avenidas principales cuyos nombres confiesan el terreno que pisan: Avenida Auxiliana, Avenida Magma, Avenida de Lava, Avenida de la Ceniza. El fuego que hizo el suelo quedó escrito en la nomenclatura.
Hay canales y bicicletas. Sobre ella vuelan los Pelinis, como en Sogol.
Dos centros que se disputan el eje
Sobre esa estrella se superponen dos corazones. Uno es el Palacio de la Estrella y, junto a él, «una especie de la Meca»: papado, familias, elección. El otro es el centro geométrico mismo, donde hoy salen las obras: «ven la parte central de esa estrella y están empezando a construir unas vías» — un tren para conectar las minas y los lugares importantes.
Y debajo de ambos, un tercer centro que no compite porque ya ganó: catacumbas varias. La ciudad es a la vez «un lugar de aristocracia y también es una necrópolis». La aristocracia entierra en el mismo suelo donde vive.
La fragua del mundo
Acá «empieza a haber una primera tecnología mezclada con magia, claro, vapor y magia»: la ciudad «está sufriendo una revolución industrial y mágica», y es «la nueva tecnología mágica industrial» hecha muros. Fabrica las armas mágicas, produce los Brooms of Light, es el único lugar donde con seguridad hay prótesis para miembros amputados y donde puede haber poderes de curación avanzados. Los guantes de Overpower ni siquiera se venden: «en Ciudad Estrella los regalan». Los objetos mágicos del mundo entero vienen marcados «Made in Ciudad Estrella».
Comercialmente opera como ciudad-estado: exige licencias de importación, y quien quiera trabajar con ella manda un representante «que compre herramientas, que vengan, y que vamos a montar un taller». No se abastece sola: los nobles de las regiones «tienen relación con la Ciudad Estrella, la proveen de sus materias primas o tienen negocios», y dependen de que siga comprando. Sus mercaderes y proveedores surten al Caldero, del que dice el archivo, sin sonrojarse: «no es lo mismo que Caldero, que es un backwater; es como la capital y La Plata». La Ciudad Estrella «está mucho más protegida».
Pero la fragua cobra en carne: en el aire de la ciudad hay algo que enferma, y su población padece afecciones pulmonares. El humo de la industria y la enfermedad son la misma cosa.
El Papado y las familias
La gobierna una religión sincrética con «un panteón grande que implica desde una deidad solar hasta deidad estelar», que sostiene «que los vientos se pueden comunicar más allá de un firmamento, que hay agujeros en el firmamento». Su cabeza es un Papa electo en el Palacio-Templo, y las familias maniobran entre sí por la sucesión «como sucedió en Roma en la época de los Borgias».
Hace doce años hubo desastre, elección papal escandalosa e insurrección, y desde entonces la ciudad «dejó de ser como laico»: la clerecía es hoy la institución dominante. De aquel escándalo el archivo guarda una figura oscura: un predicador acusado de leech, muerto tras la acusación de llevarse bebés y consumir su sangre. La doctrina pública, notablemente, admite sus límites y sus culpas: «No podemos proteger a todos al mismo tiempo. Creemos que los niños son el futuro… reconocemos que los deslices de ciertos papas malos… han manchado el nombre de la religión».
El calendario y el descenso
El mundo mide el tiempo desde ella. Rige el Año 1824 de la Fundación de la Estrella, el Año Estrela, y la cronología de Amoria «se cuenta a partir del descenso, supuesto, de la Ciudad Estrella». Sobre ese origen circulan dos relatos que no terminan de abrazarse: que «algunos señalan que de Alfa Centauri vino la estrella», y que fueron las escuelas de hechiceros y magos, establecidas primero en el Caldero, las que «un día fundarían y recibirían y llamarían a la Ciudad Estrella» junto al Ucronos, para hacer «una nueva civilización», Amoria: magia primero, industria después, papado encima. De ahí es originario Vitalis.
Muchos la llaman hoy el paraíso —«la idea del paraíso industrial de la Ciudad Estrella»— y se le atribuye haber venido «a salvar a todos de esa hecatombe». Pero está declinando: «Acá hay riqueza. Y los que son nobles son nobles. Y tienen más independencia que antes. Pero es verdad que la cosa está en decadencia.» Los papados «han caído» y «hay una revolución de santos en algunos lados». Sobre la ciudad rige una condición explícita, mitad promesa y mitad amenaza: «esta ciudad puede ser eterna siempre y cuando el bien de los ciudadanos esté listo».
Advertencias del baqueano
Acá conviene pisar el freno, porque la capital miente sobre sí misma más que ningún pueblo chico. Primero, la gente: el archivo da tres cifras que no pueden ser todas de esta ciudad — «casi 40.000 habitantes o más», «millones de personas, dicen en la Ciudad Estrella», y «es un pueblo de tres mil». Alguna corresponde a otro asentamiento; el que censa, que censa dos veces. Segundo, el tiempo: el año corre en 1824, pero la antigüedad declarada desde la fundación, la hecatombe o el fin del volcán es de 1825 años, y nadie ha establecido si son tres arranques o uno solo. Tercero, el origen: si la ciudad literalmente bajó de Alfa Centauri, cómo se articula eso con haber sido fundada por escuelas salidas del Caldero, el archivo no lo dice — y la frase «cuatro años luego» quedó sin sentido en el camino.
Quedan además sin resolver: qué son los Pelinis —criaturas, artefactos levitantes o un arcaísmo planar—; si la ciudad en ruinas que sufrió las «dos violencias» de Sortianos y Teósofos es esta u otra; si la ciudad de Viz y sus «calabozos clavelínticos» son un nombre de la Ciudad Estrella, un distrito o un lugar distinto, y lo mismo «Seagill» frente a Sokol o Sogol —de la que se dijo que «toda Seagill estaba vacía»—; dónde están los barrios bajos y dónde vive la gente que enferma de los pulmones —se preguntó, no se respondió—; dónde caen, respecto de la planta, el metro, las estatuas parchadas y la ciudad antigua en ruinas con su torre extraña. Y del precio de nada se dice nada: ni de las licencias, ni de las prótesis, ni de los pasajes del tren en construcción. El que viaje con bolsa, que regatee sin mapa.
Véase además: Caldero · Río Ucronos · Vitalis
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.