
Arian
Este nombre vive en 2 mundos del archivo. Las versiones no se funden: sus diferencias son canon, y leerlas enfrentadas es la mitad de lo que el nombre significa.
En ANTITERRA
«¿Te acordás que te dije que estás hablando con el universo?» — palabras recogidas en el archivo, dichas de Arian y quizá por Arian
Escribo de Arian como quien escribe del mar: sabiendo que la tinta no lo contiene. Potencia de la disolución y de la creación, arquitecto y pactante, portador de la Vara del Infinito, Arian es uno solo —no una estirpe, no una clase de criaturas— y sin embargo el mundo lo conoce multiplicado: por un doble que en algún momento se manifestó como entidad aparte, y por el rasgo que lo define mejor que ningún título: «cuando muere desaparece y aparece en otro lado del universo». Hay quien va más lejos y lo identifica con el universo mismo. Este cronista consigna ambas cosas y no elige.
Figura y vestidura
Alto. En el Plano Astral se lo vio «con unas ropas medio ajustadas de cuero que le quedan bien como una especie de chaqueta», debajo «una remera medio como un material que es medio reflectivo», y encima «una túnica negra por sobre eso con unos bordados así de oro y plata». En la alianza de seres de los planos inferiores, en el año 1570, se lo reconoció por una marca más humilde: era «el del bigotín, el de atrás». De su voz, de su olor, del estado de esas ropas —si son insignia de la Sagrada Orden a la que perteneció, atavío del Astral o vestimenta de todos los días— el archivo calla, y yo con él.
La muerte como desplazamiento
Su inmortalidad no es invulnerabilidad: es geografía. Muere, desaparece, reaparece en otro punto del universo — y durante un año no está disponible. Quien haya cifrado sus esperanzas en Arian aprenda esta aritmética: la eternidad de este ser tiene agujeros de doce meses, y los grandes males del mundo saben contar.
La Vara, los tres, y el tope que él firmó
Con la Vara del Infinito desunió las gemas. Reunidos los tres artefactos, «simplemente podés cambiar las reglas del juego» — poder sin techo material. Pero el techo existe, y es de tinta: cuando Asmodeus lo atacó, Arian no pudo pegarle, porque un pacto que él mismo había cerrado lo prohibía. Quedó dicho por el Narrador de estas cosas, con crudeza de exégeta: «el límite este lo pusiste vos. Vos te pusiste ese límite». Posee además «la palabra en infinito» y quiere usarla, pero «reconoce que no tiene la conciencia todavía para usarla del todo». Medítese esto: el poder existe; la capacidad de portarlo, todavía no. Pocas confesiones más raras en boca de una potencia cósmica.
Y sin embargo el custodio es falible. La Piedra del Apocalipsis se le escapó dos veces, y de su falla como guardián ya brotaron consecuencias: el ataque de Asmodeus, en cuyo curso Alatea fue comida.
El consejo de los siete
Arian no decide solo. Lo guía un consejo de siete criaturas sabias, siete sabios, en las decisiones que tocan al cosmos; de ellos se dice que «sus consejeros son todos más bien neutrales» — hay un manasaputra, hay aeons. Véase la simetría: los pactos son sus límites hacia afuera; el consejo, su límite hacia adentro. Un ser que puede cambiar las reglas del juego solo habita el mundo amarrado por cuerdas que él mismo anuda. La ausencia de un año tras cada muerte es, acaso, el último de esos nudos.
Nudo de pactos
Cada vínculo de Arian es un contrato con su cláusula escrita. Con Asmodeus, el pacto de no golpearlo. Con Horateol, «una especie de tranza» por la piedra. Con Hécate, la Diosa Blanca, una negociación por etapas que merece acta propia: primero la disyuntiva entre el ciclo de infierno y una tarea; después el «rol pasivo del espectador» durante el evento, con la promesa de ayuda «una vez que las cosas estén limpias», en la reconstrucción; por último la oferta de volverse «fiel y sincero adorador» de la diosa. Acordaron separarse «por un rato», previendo reencuentro. Nótese lo que esto significa: la conversión o la negativa de Arian condiciona que «la nueva palabra de la diosa» llegue a otros. No es solo un individuo; es un vector de culto.
Trabajó como arquitecto para Union y le construyó algo — qué cosa, el archivo no lo dice. A último momento se resarció «teniendo que jugar un juego terrible, que es decir… suicidarse. La última experiencia», y entregó la gema. Perteneció a la Sagrada Orden, cuyo «grande» se perdió.
La disputa de Asmodeus: fusión o separación
Aquí las versiones se bifurcan y ninguna escuela ha cedido. Un tramo del archivo afirma que «extrañamente terminaron fundidos, Arian Dios y Asmodeus»; otro, que Arian «te separaste de Dios y Asmodeus». Fusión y separación, sin orden temporal ni mecanismo. Quizá ambas sean ciertas en momentos distintos; quizá una corrija a la otra. Este cronista las deja frente a frente, como los dos filos de una misma navaja. Y queda la pregunta más honda: quién o qué es ese «Dios» del que se separa — ¿entidad con nombre propio, o algo que está más allá de los nombres?
Iguales, guías, descendencia
Con Grast dialoga de igual a igual —«vos y yo somos iguales»—: se los llama «dos ejes», antiguos antagonistas que «también supieron equilibrarse». Su guía es Virgilio, mencionado junto a Dante y Fausto — compañía de guiados ilustres. Y de su relación con Takishi nace Matt, «una especie de mezcla de atropal con niño maldito»: la genealogía de Arian, como todo en él, engendra criaturas de frontera.
El monte que lleva su nombre
En la tierra de los sueños, pasando las colinas de Tanaria, en o cerca de Celefais, se alza el monte Arian. Su nombre está inscripto en la geografía de al menos un mundo, lo cual no es poco: los montes sobreviven a los cultos. Pero quién lo nombró así, y cuándo, y qué hay en su cima — nadie lo ha dejado escrito.
Advertencias de Paulus
Confieso los vacíos, que es lo único honesto que puede hacer un cronista viejo. No sé si Arian es siempre el universo o si llegó a serlo. No sé cuáles son los tres artefactos: solo la Vara tiene nombre. No sé qué construyó para Union, ni qué es Union en el fondo. De los siete sabios conozco el número y la neutralidad, no los rostros. Del doble no sé si es avatar gobernado, escisión involuntaria o consecuencia de su modo de morir. Del monte, apenas el rumbo. El que crea saber más, que lo pruebe con las voces del archivo; el que no, que se guarde de rellenar con imaginación lo que el mundo dejó en blanco. Yo ya soy demasiado viejo para inventar dioses.
En VALA
«Aunque las estrellas sufrieran, Arian salvaría.» — profecía sacerdotal, de alcance que ningún colegio se atrevió a acotar
Así fijaron los sacerdotes la medida de este nombre: no una comarca, no un reino — las estrellas. Arian, elfo, «un gran elfo», «primigenio», es «el dios de la magia y de la fantasía», el Señor Oscuro que habita el nivel más alto del mundo: «en ese nivel quedaron también Arian, Morkhadik». Es uno solo, y sin embargo su nombre corre por tres estratos a la vez — la cosmogonía, la historia y la carne viva de una compañía actual. Esta entrada intenta ordenar ese caudal sin secarlo.
El que se quedó abajo
Su acto fundante no es una conquista sino una renuncia. Arian sacrificó su salvación para no abandonar a los condenados: quedarse abajo es la condición de su poder, no un accidente del camino. De ahí que la exégesis no encuentre contradicción en que el dios de la magia sea también Señor Oscuro — el que renuncia a salvarse es, precisamente, el que salva. Un mundo con Arian dentro es un mundo donde lo condenado no queda afuera.
Y en el origen de todo: es «el que de alguna manera gestó la semilla de la conciencia».
La operación única
Todo lo que se sabe de Arian gira alrededor de un solo movimiento: la transmutación. Su método está fijado como fórmula — «Arian siempre hizo eso. Es eso de incorporar la sombra». No expulsa el aspecto oscuro: lo integra, y de esa integración cambia la sustancia de las cosas.
Las potencias que otorga son la cara benigna de esa misma operación: protección contra venenos, «protección from fire», «protección from acid» — tres defensas, todas contra sustancias que corroen o alteran otra sustancia. Y el habla de todos los idiomas, perfectamente: la misma facultad aplicada al sentido, pasar de una forma a otra sin perder lo dicho. La serpiente, animal de veneno, aparece asociada a él — de qué modo, el archivo no lo dice.
El nombre en tres estratos
En los contratos antiguos se lo encuentra citado como «de un tal Arian, primigenio». En la historia actúa: robó a Starko el artefacto que éste perseguía, y en ese robo «algo lo ayudó» — una ayuda que ningún registro identifica. En las narraciones de vidas pasadas aparece vinculado a Maristo. Y en el presente de la crónica, un compañero se presenta con estas palabras: «Mi nombre es Arian». Cuando Adán entra en escena, la pregunta que corre entre los cronistas es «¿qué va a hacer Adán… si no pensar que es Arian?» — el mundo permite, al parecer, que esta potencia se encarne y vuelva a andar. Miraya queda mencionada como alternativa entre los rostros de ese compañero.
Nació el día 25. Es padre de un bebé no formado. Por los condenados, ya se dijo, entregó su salvación.
El árbol disputado
Aquí la genealogía se vuelve disputa de escuelas, y este cronista la declara sin resolverla. Tres versiones conviven:
- El Khan es su padre: «Es el padre de Arian», dice una tradición sin rodeos.
- Otra lo hace hijo de un rey loco que «tenía un padre de otros nombres» — linaje que es, él mismo, mutación de nombre, lo que a los exégetas del transmutador les resulta sospechosamente coherente.
- Una tercera aplica la fórmula «padre de Arian» a Masracht — a quien el canon establecido fija, en cambio, como padre de Caladan.
Ningún colegio ha zanjado el árbol. Quizás sea propio del dios que incorpora la sombra tener también una filiación en sombra.
Advertencias del cronista
Lo que el archivo calla, esta entrada no lo inventa. De Arian no hay cuerpo, ropa, insignia, arma ni signo visible: sólo especie y obra. No se fija dónde reside ni desde dónde actúa. De la serpiente no se dice si es su forma, su emblema, su montura o su adversaria. De las protecciones no consta cómo se obtienen, qué se paga por ellas ni quién puede pedirlas. Del robo a Starko no se identifica el artefacto ni el «algo» que lo ayudó. De «incorporar la sombra» no queda procedimiento ni costo. Del día 25 no se declara mes ni ciclo, ni por qué esa fecha importa. Del bebé no formado no se nombra madre ni destino. Y la pregunta mayor sigue abierta: si la deidad primigenia, el ladrón del artefacto, el padre del bebé y el compañero vivo son el mismo ser, encarnaciones sucesivas o meros homónimos — las voces del archivo no lo establecen, y el que escribe no va a decidir por ellas.
Véase además: Asmodeus · Grast · Virgilio · Union · Vara del Infinito · Piedra del Apocalipsis · Maristo — vinculado a Arian en la narración de vidas pasadas.
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.