Lord Valanthru

Cuando en el Caldero se oye una gaita, conviene enderezarse: la música precede al señor y anuncia que llega. Se lo ve «avanzando con un gaitero adelante», y en el campo, cuando las tropas se forman, se lo reconoce como «una sola figura» que se mantiene detrás de la línea mientras la coordina. No ejecuta: dispone. Este registro de casas lo asienta como lo que es —señor de la ciudad del Caldero, miembro de su concilio, filántropo declarado— y advierte desde ya que de su cuerpo el archivo dice menos que de su aparato.

Los títulos y el asiento

Uno solo: Valanthru es un individuo, no una clase. Su asiento es el Caldero —que algunos itinerarios llaman Calderón—, donde ocupa «un puesto estable en el concilio de la ciudad». Es además ciudadano de Sigil, con posición social establecida allí: figura de arriba, de esas que el mundo cuenta de a uno. Su sede es la Torre de Obsidiana, desde donde cursa invitaciones formales; así convocó a La Jabalina a reunión ante sus muros.

La misma mano

En el Caldero tres poderes que en otro mundo estarían repartidos se anudan en este hombre. El político: el concilio, la autoridad sobre la ciudad. El económico: «se dedica al cuero y al azufre» — curtiembre y materia alquímica, la piel y el fuego. El asistencial: la filantropía, el orfanato del Caldero, que visita con regularidad, y el patronazgo doméstico: adoptó a uno de los niños raptados, Terren.

Quien lea este linaje debe entender que beneficencia y negocio no son dos caras opuestas sino el mismo circuito: quien reparte también extrae. Su palabra es vinculante sin ser orden. A las casas nobles del Caldero les basta con decir «Lord Balantru me recomendó altamente que no los reciba» para cerrar una puerta; lo consultan antes de decidir a quién abren la suya.

La carta blanca

Valanthru habilita a los que salen. A una compañía de aventureros le otorgó carta blanca con estas palabras: «yo aprobé especialmente la partida de ustedes con la carta blanca para que se equipen, que se preparen» — y con ella entregó «toda la confianza de los que creen que son las autoridades». La carta hace de sus portadores agentes que actúan afuera con su firma. Qué obligaciones impone, y qué pasa con quien la incumple, el archivo no lo dice.

La sombra sobre el escudo

Sobre el señor pesa una acusación que quedó dicha así: «era un corrupto que estaba en relación con todo esto pero era intocable». En el Caldero, la corrupción de un señor del concilio no lo destituye: lo blinda. Y los compañeros que trataron con él desconfiaron de sus visitas «con los chicos del orfanato». Nadie puede ignorarlo; nadie ha podido verificarlo. Esa sospecha sin resolución es parte de su peso, y este cronista la asienta como sospecha, no como cargo probado.

Los tres cuerpos del señor

Aquí el registro se abre en disputa de versiones, y las escuelas no se han puesto de acuerdo. Del cuerpo de Valanthru no hay retrato confirmado: ni edad, ni rostro, ni vestimenta, ni blasón, ni voz. Lo que circula son tres figuras que no se dejan reunir en una sola persona:

  • La figura sola detrás de las tropas, la única atestiguada sin disputa.
  • El señor encapuchado: «era un señor de Creepers. Un Darkling Lord o algo. Un señor encapuchado, enfermo además». Pero esa descripción viene atada a otro nombre —Yatrebu, o Yentoku—, y queda abierta la cuestión de si Yatrebu, Yentoku y Jatrulla son un hombre, dos o tres, y si alguno de ellos es Valanthru.
  • Lord Bear Village Mantle, «el pescador rey», obeso y hombre de negocios brutal, cuyo nombre mismo es de grafía dudosa y cuya identidad con Valanthru nadie ha confirmado.

Si el señor del Caldero y el señor encapuchado son el mismo, la capucha y la enfermedad son suyas y todo el retrato cambia. Si no lo son, hubo dos señores que las voces del archivo fundieron en uno. Este registro asienta las versiones; no las decide.

Advertencias del cronista

Acá conviene pisar el freno. De este linaje quedan sin asentar cosas que un registro de casas debería tener: cómo es la Torre de Obsidiana por dentro y por fuera —si es residencia, sede de gobierno o casa de comercio—; qué escala tiene el negocio del cuero y del azufre, a quién le vende el azufre y para qué; en qué consiste exactamente la corrupción de la que se lo acusa y quién lo hace «intocable»; cuántos niños del orfanato ha adoptado además de Terren, y con qué criterio; y si las tropas que coordina desde detrás son suyas, de la ciudad o del concilio. El que trate con él, que pregunte dos veces — y que escuche la gaita antes de contestar.

Véase además: Torre de Obsidiana · Sigil · Terren · La Jabalina


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.