El Libro Azul

“De este libro se ha dicho mucho y casi todo es cierto, incluyendo las afirmaciones que se contradicen entre sí. Esa es su firma.” — apertura del Inventario de los Libros que Hay Que Leer Sólo Una Vez, atribuido a Paulus, copia incierta.

Abierto sobre el atril de piedracierres dorados a los costados, cadena que lo ancla, vela encendida que apenas le rinde luz, letras capitulares ornamentadas que la mano se permitió reproducir con paciencia caligráfica—. La cubierta no se ve en la lámina porque el libro está abierto; pero el azul intenso de la tapa, el sello sin nombre del autor, el peso de las tapasdato técnico que ningún testigo omite— son consabidos por los lectores anteriores, y el cronista lo anota para que el lector reciente sepa qué le espera al cerrarlo. La mano, al consignar los cierres dorados, ha sido fiel a la condición técnica: el Libro no se abre sin sacrificio. Lo que la lámina no muestra —ni puede mostrar— es la ofrenda que el último lector hizo para tener la página por delante.

Lo que es

El Libro Azul es la forma física más sellada de la Eisagogiká Apotelesmatiká —el tratado de astrología elemental que Paulus firmó en Alejandría hacia 378 del cómputo terrestre—. El nombre original árabe es Al Azif, “el rumor del desierto”el siseo que se oye cuando uno se queda solo de noche en un lugar donde no hay nadie—; el cronista no lo glosa, porque la glosa, en este caso, le quitaría aire al lector.

Pero los lectores que llamaron al libro Eisagogiká y los lectores que lo llamaron Al Azif no estaban leyendo lo mismo.El Libro contiene los dos textos —y probablemente otros—. Las páginas que el primer lector ve como tratado de tránsitos planetarios, el segundo lector las lee como invocación. Las que el segundo lee como invocación, el tercero las lee como cuento histórico. No es metáfora. Es una propiedad del libro.

El sello

El Libro no se abre sin sacrificio.Sangre, en la lectura literal; ofrenda de mayor cuantía, en la lectura prudente: algo del lector que el lector ya no recuperará después de la lectura. Quien lo abre sin sacrificio se queda ciego, según testimonio que el archivero del Plata atestiguó en al menos tres casos. Quien lo abre con sacrificio correctono vuelve siendo el mismo —cláusula que el cronista, por temperamento, no consigna como amenaza sino como dato técnico—. Las dos opciones son severas. La diferencia entre ellas es que la segunda, al menos, permite seguir leyendo.

El periplo

El cronista presenta el itinerario en orden no estrictamente cronológico, porque el itinerario del Libro Azul no es cronológicamente coherente —el libro reaparece antes y después de sus propias apariciones, lo cual es otra de sus firmas—:

  • Robado de la Biblioteca del Infierno por Arcoms el MagoMarcos el Mago, lich nigromante de Alejandría, en su faceta más oscura—, descendido en un barco que era un ser arácnido, salido por las Columnas de Hércules según una versión, por el Séptimo Círculo según otra. El cronista no resuelve la discrepancia. Arcoms emerge en Alejandría con el libro en la mano y la declaración explícita de que va a destruir la ciudad —destrucción que no llegó a consumar del todo y cuyos efectos parciales algunos atribuyen al incendio de la Biblioteca y otros al gobierno tardío de Aureliano—.
  • Hallado en mano del Flamenco por los Templarios en la fase TE03 —uno de los hallazgos centrales del ciclo templario—. Recuperado, llevado a Constantinopla, después a Ur. Reynaud el templario erudito estimó veinte días sólo para empezar a leerlo. La estimación quedó pendiente; el libro no se leyó del todo en aquella fase.
  • Guardado en las bóvedas de Ur durante el período intermedio que algunos cronistas llaman el silencio del libro.
  • Copiado en Bizancio-Constantinopla, entre 1051 y 1055, por Olaus Wormiusel copista cuyo nombre el lector ya conoce de otros archivos—. Esta copia, traducida al latín por Wormius mismo y al griego antes por Theodoras Philetas (~950), es lo que el mundo terrestre conoce como Necronomicón. El Necronomicón es derivado, no original. Quien lo lee, lee a Paulus por intermedio de Wormius.
  • Entregado a Henri La France en una calle de París, hacia 1886 A.D.A., por Paul Claudelfigura francesa que Paulus adoptó para esa entrega y para la advertencia que no alcanzó a terminar—. El acto de entrega y el asesinato del entregante están contados en otra entrada.

Los cinco libros de colores

El Libro Azul no es ejemplar único: es uno de los cinco. La tradición los enumera por color —azul, verde, rojo, blanco, negro— y los distribuye entre Los_Venerables en distintos momentos del ciclo. El contenido nuclear es el mismo: Eisagogiká sostenida en el centro, Al Azif en la sombra, conocimiento que el lector recibe según el sacrificio que ofrece. Las diferencias entre los cinco son de matiz: el Verde enseña la magia vegetal del árbol que conviene saber temer; el Rojo, los actos del fuego ritual; el Blanco, la perdida luminosa de la fiebre que conviene no nombrar; el Negro es el más fiel al original —es el Libro Negro de la Ley de los Muertos—. El Azul es el que más viaja: es mensajero entre los Venerables y los lectores de oficio.

La función oculta

El cronista anota la hipótesis y se retira sin afirmarla: hay quienes sostienen que el Libro Azul es el origen único del conocimiento prohibido, y que todas las bibliotecas malditas que el viajero de los planos encuentra —en Bagdad, en Roma, en Sigil, en el Séptimo Círculo, en bibliotecas privadas de magos cuyos nombres no figuran en ningún catálogo— son copias, copias de copias, paráfrasis y derivaciones del mismo libro. Si esto es exacto, entonces Paulus, al componer la Eisagogiká, hizo, sin darse cuenta —o dándose cuenta a destiempo—, la matriz de todos los grimorios del mundo.

El cronista, que escribió la Eisagogiká en su juventud y que ya entonces no acababa de comprender qué estaba escribiendo, se inclina por la versión templada: la matriz existió antes y a través de Paulus, no fue invención suya. Pero deja la otra hipótesis anotada. No es la primera vez que un autor sospecha haber escrito más de lo que sabía.

Vínculos

Apariciones

  • Siglo IV — composición original en Alejandría por Paulus
  • Período intermedio — robo por Arcoms el Mago de la Biblioteca del Infierno
  • Ciclo templario (TE03) — hallado en mano del Flamenco, recuperado a Ur
  • 950 — primera traducción al griego (Theodoras Philetas)
  • 1051-1055 — copia latina de Olaus Wormius en Bizancio = origen del Necronomicón
  • 1886 A.D.A. — entrega de Paul Claudel a Henri La France en París
  • Ciclo presente — itinerancia continuada; última residencia consignada incierta