Lucifer

Este nombre vive en 2 mundos del archivo. Las versiones no se funden: sus diferencias son canon, y leerlas enfrentadas es la mitad de lo que el nombre significa.

En ANTITERRA

«Él sólo se puede agachar frente a Dios.» — sentencia recogida entre las voces del archivo, sobre la única rodilla que dobla el primero de los caídos

Escribo sobre el que fue primero. Antes de que existiera Asmodeus, antes de que el infierno tuviera niveles y duques que los disputaran, hubo uno que cayó de Dios «por un acto de amor» — y en su descenso, dicen los registros, se creó el infierno entero. La geografía infernal no es su cárcel: es su estela. Escribir sobre Lucifer es escribir sobre un arquitecto que perdió su casa y decidió, en lugar de recuperarla por asalto, construir el reverso exacto de quien se la quitó.

Exégesis de la caída

La cosmología es simétrica y el cronista la consigna como la recibió: Lucifer fue el primero; cayó por amor; al caer creó el infierno; Asmodeus lo venció y ocupa hoy su sitio. Pero la derrota no fue expulsión. Lucifer «sigue existiendo» en el infierno, donde «encuentra el lugar en donde nadie lo puede ver, para cuando tenga que salir a actuar». Y el pleito entre ambos no es una guerra: es una obra de arquitectura, cada uno levantando el reverso del otro. El mundo nuevo que Lucifer fabrica «va a ser la inversión de Asmodeus». Que se entienda bien lo que eso significa: el primero de los caídos no combate a su vencedor — lo contradice en piedra, en materia, en soles.

Del cuerpo que no tiene

Nadie lo describe de cuerpo. Se lo conoce por manifestaciones y por objetos, como se conoce el viento por lo que dobla. En Venecia hay estatuas de él «como amor», que lo representan con atributos de amor o de belleza — y ese detalle, que las estatuas del señor caído sean estatuas de amor, es quizá la clave de toda su figura. Tiene un casco («con el casco de Lucifer puesto»). Emana un «aura de Lucifer» que puede evocarse o portarse. Y cuando decide comparecer, no pide licencia al plano que pisa: «se manifestó Lucifer acá y habló. Simplemente se pudo atravesar y permear la magia». Uno de sus avatares fue derrotado, y la derrota le costó: «perdió poder». Una potencia que no puede estar entera en un plano actúa dentro de él por casco, por aura, por avatar — y cada fragmento suyo que cae, lo disminuye de verdad.

La obra: un cielo vacío

Su obra mayor es visible como cosmos en construcción: «está armando planetas, está armando un sol. Todo un sistema solar nuevo». Pero es un cielo deliberadamente vacío — solo materia y energía, «no está poniendo nada vivo. Lo vivo lo van a llevar ustedes». La división de trabajo del pacto es explícita: él pone el escenario; los antiterranos ponen la vida. Puede trasladar personas, «podía llevarlos de Antiterra al nuevo primario», y de ese traslado depende nada menos que el destino de «todos los refugiados»: la supervivencia física de una población entera.

Habitan ese mundo, por ahora, tres criaturas que las voces del archivo nombran sin explicar: dos demonios primigenios —dos diablos primigenios— y una serpiente buena.

Y hay un plazo. El mundo de Lucifer tiene fecha de vencimiento: «dentro de dos meses se va a colapsar». Toda demora, entonces, es catástrofe demográfica. Mientras tanto, «el plan de Lucifer está en marcha. No hay que hacer nada» — frase que este cronista transcribe con el escalofrío de quien sabe que los planes que corren solos son los más difíciles de detener.

El trato como teología

Lucifer opera por contrato, y sus contratos tienen la estructura de la prenda: «cuando crease el primario para los antiterrenses, ahí era cumplido el trato», pero «una vez que Lucifer haya creado este nuevo mundo para los antiterrenses, recién ahí ustedes le iban a dar el acceso». El acceso retenido es la garantía contra el incumplimiento; el mundo terminado, la condición del pago. Los antiterranos negociaron con el primero de los caídos y —hay que decirlo— negociaron bien.

Pero el mundo nuevo es medio, no fin: «lo principal que le importa a Lucifer es tomar el infierno». Todo lo demás es moneda o palanca. Su instrumento político son las hijas: «una parte clave para tomar los niveles», útiles para «transar con los duques» y para emparejarlas con archiduques. Las hijas están bajo custodia ajena —«hay que bajar la custodia»— y por eso «Lucifer necesita recuperar a las hijas», presión que ejerce sobre los Reguladores con el lenguaje del ultimátum: «déjense capturar… si no me dan tiempo, los elimino».

De sus límites

Que nadie lo crea sin fronteras. No puede entrar en ciertos rituales «por su naturaleza», y en esos casos delega, pagando en favores diferidos: «le voy a hacer un segundo favor y después charlaremos el color del mar». Un avatar suyo puede caer, y esa caída le cuesta poder real. Y sin embargo ata: Bronzo, el dragón de bronce, «está allí pero atado por Lucifer». El que no puede cruzar ciertos umbrales sujeta dragones.

Las dos caras del informe

Aquí el cronista debe detenerse y declarar la disputa, porque los registros contienen dos Lucifer y ninguno anula al otro. Hay una escuela que lo tiene por benefactor: el que «sí acepta refugiados en el mundo», el que cumple su parte del trato, el que las estatuas de Venecia muestran como amor. Y hay otra que lo tiene por enemigo: la fuerza que quiere ahuecar el huevo de bronce «y adentro construir un mundo y matarlo y corromperlo para siempre con la Perfidia de un tal Lucifer». Dos caras del mismo trato, o dos informes enfrentados — el archivo no lo decide, y este cronista, que ha visto demasiadas exégesis resolver por comodidad lo que debía quedar abierto, tampoco.

Advertencias de Paulus

Consigno lo que no sé, que es mucho. Cuántas son las hijas —se dice «las hijas» y «por lo menos algunas», nunca un número. Qué son los Hijos de Lucifer, mencionados una sola vez tras eventos destructivos: si son las hijas, criaturas distintas, aliados o enemigos. Cuántas estatuas hay en Venecia, de qué material, en qué plaza, si reciben culto. Qué hace el casco y en qué manos anda. Si el aura es hechizo, marca, artefacto o don. Qué clase de ritual le está vedado y qué rasgo exacto de «su naturaleza» se lo impide. Qué pasó «después de París» — jactancia dicha a los Reguladores que quedó sin desarrollo. Qué decía la nota degradada, qué palabra o método de acceso conoce Lucifer en exclusiva. Por qué colapsa el mundo a dos meses: defecto de la obra, sabotaje, o cláusula del propio trato. Qué es la serpiente buena y qué la une a los dos primigenios. Y la cuestión mayor: si en el triángulo cósmico junto a Arian y Sisi y los registros akáshicos, Lucifer es «la tercera célula», o si ese lugar pertenece a la Dama del Dolor. El archivo calla; yo dejo la pregunta escrita, que es lo único que un cronista honesto puede hacer con el silencio.

En VALA

«El último y más brillante de los soberanos del infierno.» — así lo nombran las voces del archivo, y con eso alcanza para empezar y no para terminar

Exégesis del demiurgo de Vala: arquitecto del cielo, caído, rey de todos los malos demonios y dueño del mundo entero. No es un antagonista más entre los muchos que pueblan estas glosas. Es el eje. Nada en Vala cambia sin que cambie su vínculo con él.

La llave entre los pechos

De su cuerpo, de su rostro, de su tamaño, el archivo calla. Un solo rasgo consta, y es el decisivo: Lucifer «es el único que siempre lleva una llave colgada entre los pechos» — la llave de este lugar, del cosmos condensado, cargada encima, siempre, nunca depositada. Lo demás es su atributo heredado, el brillo: «el más brillante». Un dios descripto por su luz y por su cerradura.

Y la cerradura es doble. En el cosmos cuya llave guarda, los humanos «todavía no tienen la libertad del libre albedrío»: la posesión de la llave y la privación de albedrío son la misma cosa dicha dos veces. Mientras la llave cuelgue de su cuello, el albedrío no cuelga del nuestro.

La secuencia de la caída

Los que estudian estas cosas arman de los fragmentos una sola cadena causal, y todo lo demás cuelga de ella. Fue arquitecto del cielo. Hubo una rebelión en el cielo, con él y sus seguidores, antes de que el hombre pecara. Peleó. Cayó. Y al caer, la tierra se corrió y dejó un hueco: «el hueco del hueco, el hueco del infierno». Porque su caída no es un episodio de la historia — es la causa física del terreno. «El infierno es la tierra que se corre cuando Lucifer cae.» Ese pozo, además, «se lo construyeron». De ahí en más: soberano del Infierno —«el Señor, el Maestro del Infierno»—, rey de los demonios. Entró a este mundo, y fue lo primero que entró. Y quedó como demiurgo de un universo, con la llave al cuello.

Uno solo, y no hay otro. Está en todas partes de Vala porque Vala es suya: su poder «ata este mundo» entero.

Mordeo, la trinidad y la fuerza oscura

Hay una pieza que no encaja limpio en la cadena, y esta exégesis la declara sin acomodarla. Lucifer ganó el trono «en la competencia contra Mordeo», y para eso engendró más y más seguidores —«en realidad fue un riesgo excesivo para engendrar más seguidores»—, uniéndose «ante una fuerza desconocida y oscura» y formando con ella una trinidad. Quién es Mordeo, el elenco no lo dice: si entidad separada, rival cósmico o aspecto del propio Lucifer. Quiénes componen la trinidad, y si se forma antes o después de la caída, tampoco. La cadena tiene un eslabón suelto y así queda.

Los tratos

El demiurgo no gobierna solo con la llave: ofrece. Estuvo cerca de los hombres y «ofreció la posibilidad de guardarse en un universo que estaba entre unas gemas» — universos guardados dentro de gemas. Usó «magia anual» para salvar gente destinada a la muerte. Es «creador o transmigrador primero de las almas, con un poco de conocimiento en magia dual»: las almas pasan por él. Y existe «el juego de Lucifer», que se juega o se rehúsa jugar — el archivo registra el juego pero no sus reglas.

De ahí que la operación entera del mundo se formule como pregunta doble, la más grande que estas glosas conocen: «¿Qué ata este mundo al poder de Lucifer? ¿Cómo rescatar el mundo de las garras de Lucifer?». La redención de Vala se define entera como el problema de arrancarla de sus garras.

Los lugares del caído

Tres sitios se le asocian, y no está establecido si son uno, dos o tres: el infierno, su domicilio y su obra; «el reino de Lucifer», sitio al que se viaja; y el hueco donde ocurrió la caída, donde se corrió la tierra. Puede haber existido, además, una prisión antigua para retenerlo — pero el Narrador lo enuncia en condicional («puede ser que haya habido una prisión para ese ser») y nadie lo confirma. Una prisión condicional para un dios que carga su propia llave: la ironía no se le escapa a este cronista, pero tampoco la afirma.

El que no quiere ser él

Una figura merece registro aparte: Arian rechaza identificarse con Lucifer, y lo hace con estas palabras — «No me identifico porque aún no podría serlo. ¿Por qué habría de ser el más brillante si estoy aquí como una serpiente apenas?». Nótese el aún, y nótese el apenas. Si es separación real o negación fingida, el archivo lo deja abierto, y una serpiente que dice todavía no merece que se le tome la palabra en sus dos sentidos.

Advertencias del cronista

Acá conviene pisar el freno. Las escuelas discrepan en el punto de origen: una voz dice que «le dieron un universo» — recibido, en pago o regalo — y otra sostiene que Lucifer creó Vala en cristal. ¿Recibió o creó? La diferencia no es menor: es la diferencia entre un demiurgo y un inquilino, y el archivo no la resuelve. Quedan sin definir la «magia anual» —el término llega dañado y sin glosa, y no se aclara su relación con la «magia dual»— y las reglas del juego de Lucifer. Del «toro de Lucifer» solo consta que fue suyo y que fue destruido: quién lo destruyó y qué se perdió con eso, nadie lo dice. Y de su aspecto, más allá de la llave y el brillo, no hay una sola línea. El que quiera imaginarle un rostro, que sepa que lo está inventando.

Véase además: Asmodeus · Dios · Los Reguladores · Venecia · Infierno · Arian


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.