“El sombrero del burgués sale volando de su cabeza puntiaguda. Mil gritos estremecen el aire. Las tejas se salen de los techos y se parten en dos. El nivel del mar sube en la costa. La tormenta ya está aquí. Las locomotoras se caen de los puentes.” — poema famoso entre los históricos de Terra, dicho por primera vez en un oscuro cabaret de Berlín

Presentación

Septiembre Negro es el nombre que el archivo reserva para el día en que el fin del mundo dejó de ser profecía y pasó a ser fecha: el once de septiembre de 1901 A.D.A.. Ese día se produjo un estallido en el cielo lejano, como un cometa, y los Terrapistas lo señalaron por lo que era: Terra, el planeta gemelo, inmolándose. Sin su contrapunto en órbita, Antiterra quedó suelta — arrastrada desde entonces hacia la Franja de Disolución, el límite más allá del cual la existencia se disuelve. Al mundo le quedaban cinco meses, y sus demonios fueron los primeros en saberlo.

La cadena que condujo al estallido quedó asentada en Sucesos_de_Antiterra (pp. 18-19), fuente primaria de la era. Aquel año los Reguladores habían emprendido la limpieza final de la presencia infernal en Antiterra; el peso de la Piedra_del_Apocalipsis los llevó a pactar en el palacio de Buckingham — Gideon asumió la responsabilidad de la entrega — y de allí a la costa oeste de México, donde una granja de pocos habitantes resultó ser de tinte divino: Anubis, Sobek y Hécate hacían de las suyas. Cuando los Reguladores intentaron conjurar Castillo del Prisma apareció Auro y estalló un tremendo combate; en la distracción, la Piedra fue birlada. Poco después, el cielo.

Lo que siguió fue la administración del fin. Hacía falta un mundo de refugio para los habitantes de Antiterra, o cuando menos para sus almas; nadie quería recibir a los endemoniados de nacimiento de un mundo creado por Graz’zt — salvo Lucifer, que puso un solo precio: acabar con Barbatos. Benetton consumó esa muerte con el frío acero que sus cartas habían prometido. El Carnaval de Venecia reunió entonces, por primera vez, a todos los Guardianes de las plataformas ante el impacto inminente, y el éxodo tomó el nombre que el archivo conserva: Rapture. De la síntesis posterior de los mundos gemelos — porque algunos sostienen que no puede existir uno sin el otro — da cuenta la entrada Sinterra.

En la crónica ucrónica de París, ese mismo septiembre se vive a orillas del Mar Negro como “las épocas del fin del mundo”: la fecha corre de boca en boca — el fin del mundo, dicen, es septiembre de 1901 — mientras los compañeros embarcan hacia la isla del faro. Y el cronista deja un escrúpulo de archivo: no es el único once de septiembre que estas páginas escriben con tinta oscura. En la Florencia de 1300, sobre el otro eje del cosmos, la misma fecha del calendario marca el Día de la Deshonra, con el destierro del poeta todavía fresco. Las dos crónicas no comparten siglo, eje ni compañía; la fecha insiste. Y ahora — anota el cuaderno sesenta y siete, en tinta verde — llegan todos los apocalipsis juntos: véase el apocalipsis múltiple.

Vínculos

Casas del ciclo · ☯ ⛓ El día en que el cosmos gemelo se rompe: Terra se inmola como un cometa y Antiterra, sin su contrapunto en órbita, queda arrastrada hacia la Franja de Disolución —de cuya síntesis posterior da cuenta Sinterra. La banda que cargó el fin fueron Los_Reguladores: Gideon entregó la Piedra_del_Apocalipsis en Buckingham, Benetton pagó el precio de Lucifer matando a Barbatos, y el éxodo tomó el nombre de Rapture en el Carnaval de Venecia. La fecha insiste a través de los ejes: el mismo 11 de septiembre es, en la Florencia de 1300, el Día de la Deshonra. — glosa de Sucesos.