
Vala Cristalis
«Para algunos es un mundo así, perdido; para otros es al revés, es el mundo de la salvación, el mundo donde están los que se salvaron.»
Hay un solo Vala Cristalis. No es un tipo de gema ni un modelo de mundo: es el Vala Cristalis, y por eso quedó dicho como está dicho, «no podemos irnos sin el Vala Cristalis». Esta exégesis intenta sostener juntas sus dos escalas —la piedra que cabe en una negociación y el continente que cabe en la piedra— sin decidir por el lector cuál de las dos es la verdadera.
La esfera vista desde afuera
Quien la mira desde afuera ve una esfera de unos sesenta pies de diámetro: «un agujero en el universo», que absorbe la luz. Cuando se la fuerza, «crece, no explota» — la esfera no explota. En al menos un estado conocido, el cristal está roto: se le dio un cierre «a algo que se rompió», y llegó a contemplarse vaciarlo del todo, hasta dejar «un cristal sin almas».
Es objeto transportable, entregable y perdible. Su tenencia está documentada en cadena: la tuvo Lucifer —a él se le atribuye «esa arca de salvación», la esfera «con el potencial de universo»—, estuvo en manos de una compañía, y se lo confía a los caballeros para que lo lleven. Se lo busca —«yo quiero buscar Vala Cristalis, o te traigo Vala Cristalis»— y se lo puede exigir como pago o condición: «o va a entregar el Vala Cristalis o…». Ahí reside su peso terrible: es el punto donde el mundo entero es apostable.
El mundo visto desde adentro
Quien está adentro ve un continente «surcado de ríos», de arquitectura y cosmovisión mesopotámicas, de estirpe mediterránea antigua, anterior a los imperios que conocemos. Pero la bóveda no es cielo abierto: «hay esferas y estrellas, pero aquí estamos adentro de un cristal encerrado y las facetas son las plataformas». La geografía del mundo son las caras talladas de la piedra que lo aprisiona.
Hay ruinas de diluvios y destrucciones anteriores, restos de razas antiguas: los elfos, el ser serpiente. El clima se registra —en el 8 de 6 del calendario propio, hace frío—. Es «un mundo político pero que también tiene sus bases económicas», con dioses propios —Inanna es diosa de Vala— y con vestigios de dioses viejos de la Tierra, aunque no es la Tierra. Se llega por rutas: Avernus, Torin, las estepas, con distintos ingresos; hubo un momento en que había opciones, y podía seguirse con Torin en vez de entrar.
Y hay un ruido. El chillido de las 1.200.000 almas, acompañado de «imágenes de una naturaleza horrible».
El arca
La lógica de Vala Cristalis es de contención en cadena. El Cosmarca se rompe; sus fragmentos son almas; las almas escapan por la brecha que se llamó Antiterra; y la gema las recoge y les fabrica un mundo donde vivir, con ríos, ciudades, política y economía. Las almas dentro son fragmentos de la realidad anterior del Cosmarca «y ya volverán a él». Salvar la gema es salvar 1.200.000 almas; cuando cambia de manos, cambia el destino de todas ellas; cuando se la vacía, quedan cristal y nada.
Es, además, un mundo joven. A diferencia de Darksand, «un mundo donde la magia había hecho como una debacle atómica», acá no pasó eso: «este mundo tuvo tiempo de empezar de cero», es «una renovación de un ciclo del mundo».
La teología invertida
Los de adentro tienen su explicación de estar adentro, y es una teología dada vuelta: el demiurgo que creó el mundo es malo, «es jodido», y la serpiente del conocimiento no lo es — al revés. El cronista lo llama «malgnóstico», un mundo «en donde las fuerzas están en los de fondo», y advierte: «hay un sustrato infernal acá». El continente es la talla de la prisión; el demiurgo malo es la exégesis que la prisión produce.
De ahí la doble lectura que el mundo sostiene sin resolver, y que esta entrada tampoco resuelve. Ambas describen el mismo objeto; la diferencia es si se lo mira como arca o como celda: «este mundo es una prisión. Es una prisión», creada por una entidad poderosa que lo oculta para beneficio propio. Quién sea esa entidad —el demiurgo de la teología interna, Lucifer, o un tercero— es cuestión que los registros dejan abierta.
La propiedad del cristal
Vala cristaliza. La cristalización es propiedad del mundo mismo, no solo del envase. En ese contexto quedó señalado Maristo como el único de la compañía sin historia de traición — como si la piedra guardara también, faceta a faceta, el registro de las lealtades.
Las cuentas del tiempo
Tres duraciones circulan por los registros y ninguna escuela las ha conciliado: «vivió mucha gente, por lo menos 4.400 años» de población habitada; «hizo un gran camino de perdición por 4.004 años» de ciclo del planeta; y 4.000 años desde la primera encarnación de Cakravartin, punto desde el que otros cuentan. Si las tres miden lo mismo, o si miden habitación, ciclo y era desde puntos cero distintos, es disputa de cronólogos, no error de esta entrada.
Advertencias del cronista
Acá conviene pisar el freno y poner las cosas en su sitio. Primero: los registros usan «Vala» y «Vala Cristalis» indistintamente, y no está resuelto si son un solo nombre para dos escalas de la misma cosa o si las voces del archivo colapsan dos entidades. Segundo: nadie ha explicado cómo se rompió el cristal, cuándo, ni qué le pasa a un alma cuando el cristal está roto. Tercero: queda sin responder qué pesa, cómo se sostiene y cómo se guarda una esfera de sesenta pies que los caballeros deben «llevar» — el que resuelva eso, que avise. Cuarto: el «8 de 6» del calendario propio podría ser mes y día u otro sistema; solo consta que era la estación fría. Y quinto: nada establece si Avernus, Torin y las estepas son facetas distintas del mismo cristal o regiones de un mismo continente. Sobre las almas, las voces vacilan —«un millón», «mil»—, pero la cifra fijada es 1.200.000, y con esa cuenta se salva o se pierde.
Véase además: Cosmarca · Lucifer · Cakravartin · Maristo · Los caballeros de la Cicatriz del Sol
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.