Piedra del Apocalipsis

«Es un eje, es una axis mundo.» — así la nombró una voz del archivo, confundiendo la gramática y acertando la cosa

Escribo, como Paulus Alexandrinus escribió tantas veces, sobre un objeto que preferiría no haber conocido. Una piedra oscura con vetas blancas, del tamaño de una gema portable, que se guarda en un cofre porque no se la puede guardar en la mano; que sostiene el mundo cuando está en su sitio y lo amenaza cuando no lo está; y que existe, ante todo, como recordatorio permanente de que «el apocalipsis está siempre cerca».

Inventario de la pieza

El catálogo la registra así: núcleo oscuro veteado de blanco; sobre él, «algo, una sustancia más antigua que este mundo»; y rodeándolo todo, «una esfera alrededor, arriba de la piedra… una sombra que está acá». Tres capas concéntricas, cada una barrera entre el mundo y lo que la piedra puede hacer. De ahí que se la transporte en cofre, y de ahí el tabú: «son los dioses la pueden agarrar».

Su dureza es extrema —un dragón rojo hizo fuerza sobre ella y no pudo romperla—. Donde cae, marca: «la piedra donde cayó hubo daño necrótico a las plantas», y la caída se ve desde lejos como meteorito seguido de luz. El contacto se lee en el cuerpo del portador como «una dureza en el rostro»; puesta encima del cuerpo, «te empieza a lastimar». Al menos una vez proyectó imágenes de un palacio. Si se sacrifica a su portador, «la piedra se pone oscura». Tiene un talismán asociado.

Del precio y del giro

Quien quiera ligarse a ella paga por adelantado: «before you can become attuned to the artefact you must kill a creature of your alignment» — hay que matar una criatura del propio alineamiento. Y después el artefacto cobra lo suyo: pasado más de un mes, «te convierte en el alineamiento opuesto»; los efectos más notables llegan recién «después de un tiempo que la tenés, por lo menos un mes». Los exégetas insisten en que ese giro no es defecto sino diseño: «es de balances también, porque justamente si te convierte a lo opuesto…». En paralelo, corrompe sin pausa: «el que porta la piedra va a seguir siendo una piedra maligna». Su custodia se asume por promesa —«que yo nunca suelte la piedra»— y su tenencia se negocia como contrato: «estoy dispuesto a devolvértela si aceptás» ser su guardián.

Eje, semilla, heraldo

Colocada «cuando está en su lugar correcto, en la axis mundi», hace tres cosas: «sostiene el mundo, permite la comunicación» entre los mundos «y también la creación». Fuera de ese sitio, es semilla: con el poder impío de Tiamat confinada en ella, «se puede crear un mundo a través de esta piedra» — un mundo doble. Y confiere autoridad sobre lo sagrado: quien la tiene puede decir «yo sería el rey de Jericó».

Eje, semilla y heraldo son la misma cosa vista desde su lugar correcto o fuera de él. Fue creada «como una protección que tienen para que no se acaben todos los mundos» — quiénes son ellos, el archivo no lo dice. Su desplazamiento hacia el otro mundo, hace unos doce años, antecede a un estallido del mundo. Y su peligrosidad es tal que, encerrada junto a un prisionero, «realmente era tan peligroso liberarlo que hasta los genios… mejor no».

Itinerario de una fugitiva

Nadie la tiene de modo estable; su desplazamiento es parte de lo que es. Cayó «desde el infierno al London» y de ahí a las costas del Pacífico, en México, allí donde aparecieron Anubis y Sobek. Seth la puso «adentro de la panza del Tarrasque» hace veinte años, en París. Bajo la guardia de los compañeros «se deslizó hacia el otro mundo» hace unos doce años. Fue robada «de la fortaleza del castillo de la oscuridad que volaba». Estuvo flotando enfrente de Asmodeus en el fondo del mundo. Un dragón «la empieza a cuidar». En el registro de capas de cristal, «la que en este momento está como encendida… es la del año 1300, que es a donde fue a parar la piedra del apocalipsis». En un punto está enterrada a casi quince metros del suelo; en otro, «se está hundiendo en el infierno». Se dice también que «la piedra regresa a seis millas» del lugar del combate, como si tuviera querencia.

Cómo se ordenan entre sí estas estaciones —México, el vientre del Tarrasque, el otro mundo, el castillo volador, la tierra, el infierno— es disputa de itinerarios que este cronista deja abierta.

De manos en manos

Sobre esta piedra ha girado más de una gesta entera: «nuestro objetivo en este momento es recuperar la piedra», y quien la pierde declara que ya no tiene «el juguete completo». Un rey no nombrado ordenó a una compañía: «tómenla ustedes, la piedra». El pacto original la destinaba a Los Jinetes —«corresponde a los clientes de Apocalipsis»— «para con la piedra del apocalipsis poder destruir los restos del Oino Demon, que es algo que ellos nunca pudieron hacer». Que quede claro el descarte expreso: «¿a Amodeus? No, a Amodeus no. A los jinetes». Contra ese pacto, Gideon la entregó a Arian, quien porta tres artefactos: el Cetro de los Dioses, la Piedra de los Poderes y la Gema de la Canción — si la «Piedra de los Poderes» es ella, el archivo no lo fija.

Exégesis: todos los fines bajo un solo nombre

Los estudiosos la identifican hacia atrás: la manzana de oro que Eris arrojó, la que hizo culpable a Elena de la guerra de Troya, «no era otra cosa que la piedra del apocalipsis». Se la investigó por adivinación para saber «la verdad de este nigredo, si es la piedra del apocalipsis, que es la piedra del dragón, y si fue realmente el grial de Dios». La lógica de esta escuela es simple y vertiginosa: todo objeto que en la historia haya desencadenado un fin de mundo es esta piedra bajo otro nombre. Este cronista consigna la doctrina sin abrazarla.

Advertencias del cronista

Debo dejar dichas mis dudas, que no son pocas. Una voz del archivo afirma que la piedra «no tiene propiedades mágicas», contra todo lo demás que aquí se ha escrito: no sé si esa voz niega la magia o solo su detección, y no me atrevo a decidir. Otra voz habla en plural —«entregarle las piedras del Apocalipsis… a los jinetes»— donde todas las demás hablan de una pieza única: ¿hay una o varias? Tampoco sé si la llamada Piedra Roseta —códice de traducción en tres escrituras, griego antiguo, jeroglífico «más petri» y jeroglífico cursivo, donde la diferencia entre las tres versiones es la clave— es esta piedra, otra pieza del conjunto, o un artefacto distinto que comparte nombre por accidente; el archivo las junta sin justificarlo. Lo mismo digo de la gema de comunicación —«hablále a esa piedra relatándole la información»—, de «la piedra de Arsaces» y de la «Piedra de los Poderes» de Arian: nadie las declaró iguales ni distintas. Y quedan sin responder las preguntas que más pesan: dónde está la axis mundi que es «su lugar correcto» y si alguna vez estuvo ahí; quién la creó; qué es el Oino Demon y por qué los Jinetes jamás pudieron destruir sus restos sin ella; y cómo se sostiene el tabú de que solo los dioses pueden agarrarla, cuando tantos mortales la han portado, robado y cargado encima. Quizá esa última pregunta tenga la peor de las respuestas: que el tabú no impide agarrarla — solo hace pagar por haberlo hecho.

Véase además: Arian · Gideon · Los Jinetes · Asmodeus · Tiamat


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.