Vara del Infinito

«Sí, tomen un artefacto cada uno.» — palabras de un portador de la Vara, repartiendo lo que ningún tesoro repartió jamás

En los catálogos de artefactos que este cronista ha compilado a lo largo de sus años, hay objetos que abren puertas, objetos que matan reyes y objetos que curan lo incurable. Hay uno solo que hizo el mundo. La Vara del Infinito —llamada también Vara de Limiurgo— es el instrumento con el que se creó el universo, y ese acto la partió: quedó en tres pedazos, «la vara del infinito de los tres pedazos». El mundo que habitamos y la vara rota son, quizá, dos caras de la misma moneda: no hay creación sin fractura, y quien busque la Vara entera busca un mundo que todavía no existe.

Asiento de inventario

Una (1) en todo lo creado. Sin copias, sin mercado, sin precio: se la tiene o no se la tiene. De su forma, el registro guarda poco. Se sabe que se desarma y vuelve a armarse —«la barra del infinito se desarmó» y así atacó a Asmodeus—, y que se empuña y golpea como cualquier bastón de camino: «le han pegado un varazo del infinito»; «le puso un golpe en la cara a la serpiente». En la escena donde aparece Alatea se anotó «una vara… que termina en una piedra azul», y de esa piedra azul viene la forma en que el nombre quedó fijado en los registros. Del material, del largo, del color del asta, del estado de sus tres pedazos —unidos, sueltos, repartidos— el archivo calla, y este cronista con él.

No tiene morada. La Vara no consta jamás en un lugar: consta siempre en una mano. La tuvo Arian, que con ella repartió artefactos entre sus compañeros —aunque un pasaje precisa, con escrúpulo que agradezco, que la acción no fue de Arian sino «de la vara del infinito». La empuñó Sune contra la serpiente. Y la tuvo un poseedor que puso condiciones: «si ustedes me pueden conseguir a mí la piedra, yo con la vara lo freno».

Los cuatro oficios de la Vara

Los registros le conocen cuatro usos, y ninguno es menor:

Crear. Con ella se hizo el universo. Es el primero de sus oficios y el que la rompió.

Destruir. Consta el propósito de «destruir ese mundo con la vara del infinito». Un mundo entero por vez: la Vara no conoce escalas intermedias.

Golpear. Cuerpo a cuerpo, incluso contra entidades de rango cosmológico: se desarmó para atacar a Asmodeus; asestó un golpe en la cara a la serpiente.

Reunir lo roto. Con ella se reunificaron los fragmentos del cristal — «fue lo que hizo Ariel con la vara». Que un objeto partido en tres sea el que recompone lo fragmentado es una ironía que el archivo registra sin comentar, y que yo comento sin resolver.

El eje y el curso

Dos expresiones del archivo elevan a la Vara por encima de todo catálogo. La primera la llama «el eje de la vara del infinito»: conecta planos, atraviesa realidades. La segunda es una regla explícita del mundo, y conviene copiarla con cuidado: el curso de la Vara del Infinito «es un buen momento para hacer cambios incluso a nivel de las reglas». Cuando la Vara se mueve, el fondo mismo del mundo se vuelve maleable; lo que ayer era ley puede dejar de serlo. Los sabios discuten si eso la hace instrumento o calendario — si la Vara produce el momento propicio o simplemente lo señala. El archivo, como los oráculos, da la sentencia y guarda la explicación.

Se lee juntas la estructura en tres pedazos y la función de eje —lo partido y lo que atraviesa—, pero nadie ha establecido si los tres pedazos corresponden a tres planos, ni si el eje opera solo con la vara reunida. Quede dicho como conjetura ajena, no como doctrina.

Condiciones de empuñadura

No basta la mano: hace falta «un poseedor adecuado», y en al menos un caso una condición externa — conseguir la piedra para que el portador pueda «frenar el avance». Quien la sostiene puede, además, dar: repartir un artefacto a cada compañero, como quien reparte pan. Que el objeto que creó todas las cosas sea también el que las regala es, tal vez, la única constancia de su carácter.

Reservas de este cronista

Escribo con la Vara lejos de mi mano, y por eso escribo con dudas. No sé si la vara de piedra azul que portaba Alatea es la Vara del Infinito o apenas la vara que motivó la fijación del nombre: son cuestiones distintas y nadie las ha zanjado. No sé quién o qué es Limiurgo —¿el artífice que la empuñó en la creación, o un lugar?—; el archivo da el nombre y nada más. No sé quién guarda hoy los tres pedazos, ni dónde, ni si cada oficio de la Vara exige los tres o si uno solo basta. No sé qué hace «adecuado» a un poseedor, ni qué es «el avance» que la Vara frena. Y del «curso» —¿un movimiento, un ciclo, una trayectoria?— ignoro hasta la frecuencia. El que afirme saber más que esto, que muestre sus fuentes; yo he mostrado las mías.

Véase además: Arian · Ariel · Asmodeus · la serpiente · la piedra


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.