Asmodeus

«Hay muchos nombres, pero siempre el que firma al final es uno solo.» — sentencia recogida sobre los contratos infernales

Escribo de él como se escribe de un pozo: midiendo el borde, sin asomarse. Asmodeus es el primer diablo y el primer traidor, señor de los pactos y de los diablos, el más alto en honor de los Nueve. No es un adversario entre otros: es una de las potencias que sostienen la estructura del mundo — «Asmodeus es parte de la creación» —, y una parte de los hilos importantes del conflicto de Antiterra se mueve desde su mano. Este cronista lo consigna con la cautela debida: de Asmodeus, todo lo que se ve es delegación.

De sus figuras

Quien lo ha contemplado lo describe «gigantesco y colosal», de tres rostros y tres bocas; delante de una de ellas queda la Piedra del Apocalipsis. Su otra figura es la serpiente — «el animal bíblico que se come todo» —, «un poco enroscada en esta espina» de Sigil, en el fondo del infierno. Pero atienda el lector a la doctrina central de esta exégesis: lo que se encuentra y se enfrenta no es él. «Lo que está es realmente una sombra», una manifestación; la propia Piedra no se le arrancó a Asmodeus mismo sino «a alguna manifestación». De su equipo, los registros conservan un solo objeto: el casco de Asmodeus, que cae del cielo y «se embarra un poco» al hundirse en la tierra desértica. Su marca material es el sello, «el signo de Asmodeus», estampado en el contrato.

De su asiento y su firma

Uno solo es, pero nunca íntegro: existe repartido en manifestaciones y sombras, de modo que puede estar a la vez ausente del mundo y presente en él. Su sitio propio es el fondo del infierno, la capa novena, la más profunda registrada, que comparte con el príncipe Mefistófeles; ahí está «encerrado» — aunque la voz que lo declara se corrige a sí misma: «Es una criatura encerrada en el fondo del infierno. No, ni siquiera. Ni siquiera.» Domina además los territorios de Váthor, que Gerión le entregó. Su firma, en cambio, no tiene asiento: está en todas partes donde haya contrato infernal, y nadie firma después de él.

Del pacto como ley

Gobierna por pacto. Fuerza tratos con los mortales incluso de modo indirecto — «el que te llevó a hacer un trato con Dios es el mismo Asmodeus» — y su norma de conducta es absoluta, sin excepción registrada: prefiere «estar muerto, estar destruido, estar vencido, pero haber cumplido el pacto», y hace que el pacto se cumpla. Aquí está el nudo de su poder, y conviene entenderlo como los antiguos entendían los juramentos: si el pacto no vale, su poder no existe. Por eso firma al final, por eso el sello, por eso la fidelidad feroz a la letra.

Tomó el infierno por guerra y por número: planteó la guerra contra Lucifer y lo venció por la cantidad de ejércitos y de diablos que tiene. No se lo puede matar: «no, no pueden matar a Asmodeus». Devora: consumió a Alatea — o Letea; las voces del archivo discrepan y este cronista no las funde — cuando atacó a Arian en el Plano de Energía Positiva, y así descubrió que la celda era la bóveda; «Asmodeus es bastante grosso cuando te agarra y te come». Negocia a escala cósmica: ofreció a los Jinetes del Apocalipsis la Piedra a cambio de que permitieran la entrada de Joxotot. Y administra hasta su propia memoria: tras la derrota que sufrió, «dijo basta, no quiero que haya registro de ella». Cuál fue esa derrota, y quién se la infligió, es precisamente lo que ya no puede saberse: el borrado fue eficaz.

De su función en el edificio del mundo

Su peso no es el del antagonista sino el de la piedra de carga: «funcionaba como una especie de tapón en el fondo del infierno», y su ausencia altera el equilibrio infernal hasta el punto de que otros compiten por tomar el infierno «antes que vuelva Asmodeus». Cuando quiere caos, hay caos: desea «que no se pase toda la mierda y que sea un caos», orquesta la invasión planar, provoca revueltas en las ciudades. Se dice que se opondrá a los demonios si intentan tomar los territorios de los diablos, y que el Señor de los laberintos es su gran enemigo — aunque el propio Asmodeus figura como trazador del laberinto, paradoja que dejo escrita sin resolver.

Tres piezas, bien miradas, hacen de él una sola cosa y no un catálogo de atributos. La serpiente-tapón: la misma figura que se enrosca en la espina de Sigil y cierra el fondo del infierno es la que entró al plano de energía positiva violando su tabú y le propuso el huevo a Arian — episodio al que queda vinculado Graz’zt y la bóveda-celda —; tentar y taponar son el mismo gesto. El contrato: sello, signo y firma final, instrumento con que gobierna a diablos y mortales por igual. La sombra: porque lo que se enfrenta son manifestaciones, puede ser derrotado, devorado su territorio o arrancada su Piedra sin ser muerto. El infierno de nueve capas, con Mefistófeles y los ejércitos ganados a Lucifer, es la burocracia que este triple principio necesita para funcionar.

Del único límite

Todo lo dicho tendría la simetría perfecta de un teorema, si no fuera por una excepción que el archivo consigna con insistencia: Antiterra. No le gusta nada, «es como que no lo entiende»; intentó controlarla y dominarla y «hay algo que no puede controlar y dominar». Qué cosa sea ese algo, las voces no lo nombran. Que el señor de todos los contratos encuentre una tierra que no firma es, quizá, la noticia más importante de esta entrada; la dejo donde debe estar, al final, como se deja una lámpara encendida.

Del hermano y de las versiones

El Libro de los Malditos abre con su historia y con la de otro: el hermano de Asmodeus, entidad olvidada, anterior al abismo, «que nadie lo reconoce». Su nombre no se conserva, ni qué sean «el abismo y el barco» que lo preceden.

Y queda la disputa mayor de las escuelas: unos lo declaran ausente — «su objetivo es tomar el infierno antes que vuelva Asmodeus», dicen quienes conspiran —; otros lo declaran destruido, inmolado junto a Alien y Dios en Apocalipsis, sin esencia divina y convertido en «una bomba en camino». Encerrado, ausente, destruido: las tres afirmaciones coexisten sin jerarquía. La doctrina de la sombra vuelve compatibles «no pueden matar a Asmodeus» y la inmolación; pero hacia dónde va esa bomba, cuándo llega y qué destruye al llegar, ningún registro lo dice. También queda abierta la mano que le asestó «un varazo del infinito» con la Vara del Infinito: unos señalan a Arian, otros a Sune — o Zunen.

Advertencias del cronista

De Asmodeus ignoramos más de lo que sabemos, y lo que sabemos puede ser sombra. No sé si Alatea y Letea son una devorada o dos. No sé cómo se distingue en la práctica una manifestación de su forma verdadera, ni cuántas andan activas a la vez. Del sello no conozco el aspecto, ni qué efecto produce el contrato una vez estampado. Del casco caído en el desierto no consta material, ni tamaño, ni destino tras hundirse. El lector que trate con diablos hará bien en recordar la única certeza de este dossier: sea lo que sea lo que firme, el que firma al final es uno solo.

Véase además: Lucifer · Arian · Graz’zt · Piedra del Apocalipsis · Antiterra · Sigil · Dios · Vara del Infinito


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.