Khalim

«Soy argelino y he perdido mucho.» — palabras del propio Khalim, recogidas por las voces del archivo

Escribo este linaje como se escriben los linajes viejos: no para probar de dónde viene un hombre, sino para explicar por qué todavía camina. Khalim —Khalim de Esperanza, «más Kim el-Hassain»— es un argelino de mil años, arcanista y sorcerero, que hoy anda por el mundo con cuerpo de hobgoblin, cargando objetos de milenios y una máscara que piensa por su cuenta. «Antes era Khalim, un árabe, y ahora soy un hobgoblin», dice él, y no explica el tránsito; este cronista tampoco puede.

Las dos sangres

En él «hay una parte que viene del norte, de Scandinavia» —el costado semielfo—, y otra «completamente de los hombres del fuego y la arena»: la sangre Ifrit. De esa doble corriente sale casi todo lo demás. Luce joven pese a la edad —«por ahí es la sangre esa de fuego»—; los ojos le cambian de color, «un verde esmeralda, un azul éxtasis y un rojo meloso», y cuando obra magia «los ojos se le ponen de un color como de fuego, de calor». Habla común, infernal, Auran, celestial, silvano e Ignian —el idioma del fuego—, «una cantidad de idiomas que fue aprendiendo a la larga», y conoce y recita el Corán de memoria.

El linaje, además, lo reclama en dos direcciones que no coinciden: por sangre paterna «debería ir a los Efrins», pero por su especialización mágica «debería ir al vacío, al tiempo». Un hombre cuya herencia y cuyo oficio lo tiran hacia casas distintas no pertenece del todo a ninguna; quizá por eso camina.

Las capas de una vida

Su carrera se lee en estratos, y cada estrato dejó un objeto o una destreza. Primero guerrero beduino que iba a caballo; después guerrero de caravanas; después arcanista y sorcerero; hoy, además, médico —«Khalim es el médico de ahí», se dice de cierta localidad cuyo nombre el archivo no conserva—. Es fuerte sin ser descomunal, combate desde el aire —«pudo elevarse y lo ametralló con magic missile desde el cielo»—, tira un golem, y posee una habilidad mítica por la cual no puede ser visto.

Posee también un castillo: el lugar donde cayó Suriel, el Ángel Exterminador. Por qué cayó ahí, nadie lo ha dicho. Y no es un tipo corriente: es «un sorcerero importante», al punto de que una voz de autoridad cosmológica lo evalúa personalmente.

El equipaje como biografía

Khalim es un archivo ambulante: cada cosa que carga es el resto de una vida anterior suya, y por eso el conjunto no es un inventario sino una genealogía de sí mismo. Afuera de la ciudad espera su camello, y entre las alforjas viaja lo pesado: una espada que pertenece a Hernán Cortés, unos brazaletes que eran por ahí de Aquiles, y ropa que viene guardando desde hace mil o dos mil años, «que se perdió también en el infierno» — botín acumulado por milenios de caminar los caminos del mundo, memoria material del guerrero de caravanas.

Sobre el cuerpo lleva lo demás: un arco con carcaj vacío «al que le crecen todas como ramitas» y del que saca flechas todo el tiempo, porque se autogenera; una cimitarra afilada y una longsword larga; ropa ignífuga de tiempos antiguos que el archivo nombra Best of Clothes; una estatuilla que se transforma en el Haun, ser por el cual se teleporta y vuela por el aire a toda velocidad por los continentes; y un Bastón de Fuego quebrado, «de alguna época de gloria, más poderoso que su magia actual», hoy sin magia — la prueba física de que su arte fue más grande antes que ahora.

Y está la máscara: de bronce, con forma de calavera, artefacto inteligente que habla y que es «Khalim cuando era joven, cuando creó ese objeto, entonces hay algo de él». Su juventud, separada de él y todavía consciente. Él la supervisa y la cuida —con instrucciones escritas recibidas en Milán, «que no se me escapen por ahí»— y ella, a la vez, controla o supervisa las acciones de él. Doble custodia: cada uno es carcelero del otro.

El sistema que vence a la muerte

Su función más constante entre los compañeros es sacar muertos de la muerte. Prepara Breath of Life en su animal —«si te caés, quedate en el piso… hasta un round después de muerto te traía la vida de vuelta»—, y Neferu, el pájaro negro que lo acompaña hace mil años, «abre las alas» y los muertos «se levantan y vuelven a la vida». La máscara, por su parte, despierta habilidades nuevas por su cuenta, y su artefacto de reconstruction le cura todo el cuerpo. Máscara y pájaro forman entre sí el sistema que lo sostiene: una lo cura y despierta poderes que él no piensa, el otro devuelve la vida. Mientras Khalim esté en pie, sus compañeros no se quedan muertos.

De Neferu se dice que es «lo que queda de Neferu», y que fue su primera esposa; pero la entidad, cuando habla, le dice «el hijo Khalim, haz tu trabajo». Esposa o madre: el archivo sostiene ambas cosas y este cronista deja la disputa abierta, porque en los linajes de mil años los parentescos se doblan como el metal viejo.

El juicio y la profecía

Su alineamiento está juzgado: es «un neutral del mal», y el juicio divino lo declara sin capacidad de redención, a diferencia de otros. Él mismo lo formula sin atenuantes: cruzó «de la luz hacia la oscuridad». Los dioses discuten su caso y ya lo condenaron.

Y sin embargo sobre él pesa una profecía: Khalim de Esperanza «es el que va a traer equilibrio a la fuerza al final». Equilibrio entre qué y qué, la profecía no lo dice. Fue jefe de la Juventud —o es una manifestación divina; las versiones difieren y no está claro que sean compatibles—. Un condenado que trae el equilibrio: la teología de este mundo tolera esa paradoja mejor que sus cronistas.

De sus tratos se sabe poco más: cuando llega adonde está Luca, se sienta a meditar al lado suyo. Ejerce de médico. Recita el Corán. «Pobre Argelia», dice.

Advertencias del cronista

Quede constancia de lo que este linaje no resuelve. Khalim declara «yo no uso armas, las armas son para débiles», y sin embargo porta cimitarra y longsword, y hay quien le pregunta expresamente si tiene la cimitarra: no sé si el rechazo es posterior, retórico, o si las armas son carga y no uso — reliquia, como todo lo demás que lleva. Su edad se dice de mil años, en otro pasaje de miles, y en otro se registra que «durmió dos siglos»; las tres cifras conviven. Nadie ha explicado cómo pasó de árabe a hobgoblin, dónde queda el castillo ni por qué Suriel cayó precisamente ahí, qué localidad es aquella donde cura enfermos, qué es exactamente el Haun ni qué vínculo guarda la estatuilla con su padre, quién le dio las instrucciones de Milán, ni qué quebró el Bastón de Fuego ni cuándo fue esa época de gloria. El que quiera saber más, que le pregunte a la máscara: ella era él cuando todo esto empezó.

Véase además: Neferu · Luca


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.