Taito

Taito es el genio de la máquina: un nerd japonés criado entre videojuegos y simuladores de vuelo, de esos que en cualquier otro siglo habrían sido inofensivos y en 2087 son un arma estratégica. En el búnker de Kreider fabrica lo que la supervivencia pide —pulsos electromagnéticos, granadas, cuarenta máscaras de gas viejas— y en el campo lee lo que nadie más ve: fue su dron sigiloso el que descubrió que la banda no estaba en una guerra sino en un espectáculo, presa monetizada de una teleaudiencia. Su pasado tiene sombras con nombre: un proyecto de inteligencia que lo señaló como hijo pródigo, un padrino entre los altos programadores retro, y una vieja “bola de nieve” que nunca terminó de derretirse.

Su carrera es un catálogo de soluciones imposibles. Falsificó un “objetivo destruido” para ganar minutos bajo el misil; descubrió que los propios celulares del grupo los delataban; sometió con un cañón de pulso a la programadora que dirigía las cámaras. Domó un caza Mirage con los reflejos de una vida entera de simulador y lo terminó lanzando como proyectil kamikaze contra las turbinas de Narco Paradise: la ciudad flotante de los magnates cayó del cielo por un muchacho que aprendió a volar jugando. Cuando lo acusaron de traidor, selló un boquete de despresurización desde afuera del avión y se arrojó al vacío pidiéndole a su Mirage que lo recogiera.

El precio fue el cuerpo. Un resabio de la enfermedad de la cara de código le dejó nanobots en la carne, y Taito los convirtió en herramienta: el “desilachado límite de la realidad”, un aparato que lo liga directamente al pulso del mundo y le da el augurio. Con él tomó el control de un zepelín enemigo en pleno asalto al tren; perdió dos dedos colgando del convoy, cayó al agua y se dio por muerto —fingió su propia muerte ante las cámaras con el filtro facial de su máscara— para reemerger lejos, recogido por soldados que lo creyeron suyo. Volvió rebautizado Mr. Tease, medio loco tras una máscara sin rostro, forjando armaduras de nanobots samurái.

Su obra mayor fue la última: con las electropartes de satélite caídas del cielo —el Sky Metal, nodos de la construcción misma de la realidad— y la energía de la vieja represa, construyó el tren gravitatorio “Chuchu”, la nave-ariete que perforó la realidad hasta la esfera del Maestro. Allí, guadaña de por medio, fue partido no al medio sino en todas sus personalidades a la vez, y desapareció por la Puerta de Pandora arrastrando consigo el misil nuclear, cerrando el portal tras de sí. El mundo que quedó en pie viaja sobre rieles que él tendió.

Vínculos

[R]: PJ central de 7 de las 8 crónicas (playbook Savvyhead, Apocalypse World), incorporado a la mesa chica desde la jornada 2; grafía dudosa también “Tadito”, alias final “Mr. Tease”. No confundir con Way Mei, el Savvyhead efímero y distinto de la primera jornada (corrección 2026-07-02).