
Tras el descenso del paraíso flotante y el regreso a la ciudad sitiada, el búnker de Kreider decidió abandonarse por el riel. Un tren blindado, mezcla imposible de vagones de lujo, pullman, tercera clase y frigorífico, con dos locomotoras que permiten marchar hacia adelante o hacia atrás, se cargó de suministros, armas y falopa durante tres días. Kreider dejó a la mitad de su gente cumpliendo cuarentena al cuidado del búnker, con una reserva de droga repartida, y llevó consigo a su guardia personal —los “pitufos” de gorro rojo, jóvenes semirrusos— y a Gusano, su secuaz.
El referente Shibuya, cuyas consignas siguen circulando como noticias vivas del mundo, llamó a la fe y encontró respuesta: nació el culto del Ángel Rojo, en honor al ángel caído en aventuras pasadas, cuyo nombre-ritual era una plegaria. Los Caramelo Flogger, andróginos punk, se mimetizaron con la idea y se volvieron el “pueblo del Ángel Rojo”; uno de ellos, Cuenta Conmigo, llegó caminando por las vías atraído por un mensaje pintado. Una artista del tren esculpió al Ángel Rojo y consagró un vagón rojo a su memoria. Taito, el genio de la máquina, equipó su vagón-laboratorio con el desilachado límite de la realidad, un aparato que lo conecta directamente al maelström mediante nanobots implantados —resabio de su paso por la enfermedad de la cara de código— y le otorga el don del augurio.
El tren partió hacia un destino incierto sobre el riel. Sus máquinas anacrónicas revelaron un informe de amenazas con nombre alemán, esvástica y ecos de los Juegos Olímpicos: el enemigo se refugiaba en un zepelín al estilo Hindenburg, coordinado por Teptower. Atravesando zonas devastadas, lluvia tóxica y restos de ciudades todavía activas a nivel de drones, el tren fue emboscado. Una cirujana obesa —Flatula—, armada con arpón, cadenas y bombas de gas místico, asaltó el vagón de la instalación artística; el gas derribó a Kreider y complicó a Shibuya y Taito. En simultáneo, un fanático —el émulo de Putin, cargado de armas— se metió en la torreta del tren y comenzó a ametrallar, decidido a destruir el zepelín aunque este, en verdad, venía a proteger la ruta.
En el fragor, Taito se conectó al maelström mediante su augurio y tomó control cibernético del zepelín: lo blindó del maelström y lo puso a defender el trayecto del tren de forma permanente. Pero el fanático, ciego a todo, disparó el cañón: el zepelín estalló en llamas de hidrógeno y se precipitó incendiado sobre el convoy. Zaa corrió por el techo y redujo al fanático en la torreta, tarde para evitar el disparo. La cirujana fue arrojada del tren, arrastrando consigo a Taito por un hilo de monofilamento; Shibuya lo sostuvo interceptando el daño con su cuerpo.
Con el tren en llamas y descarrilando, entró en escena Ryan Collector, un conductor de gesto impasible, que blindó la locomotora trasera y separó los vagones incendiados de los salvables. Taito cortó con soplete los enganches; Shibuya arrastró al pueblo del Ángel Rojo hacia la mitad segura. Kreider, herido de muerte, fue traído de vuelta por las manos sanadoras de Shibuya, que abrió su cerebro en agonía para curarlo.
El tren, dado vuelta, llegó a una estación arruinada que resultó ser un escenario de caza: un espectáculo televisado de cacería, el show fallido de Ninja Nancy Sandeath, con hombres-rata mutantes, un comando cazador y las Battle Babies, hermanas gemelas de superarmadura. En la refriega final Shibuya, alzado como referente épico, mató a una gemela y desarmó a la otra; el conductor arrancó de nuevo, pero al retroceder abandonó a Shibuya y a Taito fuera del tren, junto al lago y el túnel, acechados por los cazadores. Taito perdió dos dedos al colgar del convoy y cayó al agua, dándose por muerto para escapar. Shibuya logró subir. El tren se hundió en la oscuridad del túnel, y un velo negro cayó sobre la escena.
Vínculos
- Jornada anterior: Quarantine_S5 · Jornada siguiente: Quarantine_S7
- Ciclo completo: MOC_Apocalypse_Quarantine
- Protagonistas: Kreider_QUAR · Shibuya_QUAR · Taito_QUAR · Zaa_QUAR