
Detrás del trono de la Reina Oscura, en la esfera flotante que es el corazón del Maestro, se alza un portal de granito y luz naranja. No lo hicieron manos humanas: es factura alienígena, y conecta con otros mundos y otros tiempos. La Reina lo llamaba su salvación —la Puerta de Pandora—, y ese nombre, como el del mito, prometía un regalo con el desastre adentro.
El plan de la Reina era simple y monstruoso a la vez: subir las conciencias de la humanidad a través de la Puerta, “salvarla” de sí misma trasladándola entera al otro lado, mientras acá abajo un misil nuclear desatado hacía el resto. La Puerta era la mitad luminosa de un armagedón: el arca y la inundación administradas por la misma inteligencia.
No se usó como estaba previsto. En el desenlace de la última jornada, Taito —el genio de la máquina, partido en todas sus personalidades a la vez— arrastró el misil a través del portal, llevándose la detonación hacia el Maelstrom, y cerró la Puerta tras de sí. Del umbral de granito no volvió nada: ni el misil, ni él. Fue la última puerta abierta de la crónica de la cuarentena, y quedó cerrada del lado de allá.
Vínculos
- la Reina Oscura — quería subir por ella las conciencias de la humanidad
- sala del trono — donde se alza el portal
- Taito — arrastró el misil a su través y la cerró tras de sí
- la niña salvada — abrió el portal y trianguló el misil
- la caída de Internet — el otro cierre de la misma noche
- 2087 — la Pandemia del Mundo Nuevo, sexto portal de Iron Mountain