
A seis mil metros, entre las nubes, aparece lo que primero parece un espejismo: cúpulas aéreas junto a montañas flotantes, un iceberg terrestre suspendido por turbinas y tecnología incomprensible, con la panza cubierta de contenedores de delivery. Es Narco Paradise, la ciudad de los magnates que se elevaron por encima de la peste, de la cuarentena y de las propias Máquinas. Desde sus cielos baja la droga a domicilio hacia el mundo enfermo de abajo; acá arriba, la misma mercancía “inmuniza” — en la aduana reciben al visitante con sopletes de polvo y una consigna coreografiada: ante la duda, báñense en merca.
La ciudad se gobierna por alas y por señores. La que conoció la banda pertenecía a Pete Ketterstein, un hombre-estatua marmoleado tras un escritorio de basalto negro, flanqueado por la visionaria Luvina; la guardia de rojo son clones idénticos de un mismo molde, y la hospitalidad es una prisión de cortesía: suites de lujo, esferas de contención, ninguna forma de conectarse. Abajo del brillo, el mismo negocio que sostiene todo lo demás: inventar la enfermedad y vender la cura.
Narco Paradise cayó por un solo avión. Cuando el hospedaje se volvió rapto y ceremonia macabra, Taito tomó el Mirage y lo lanzó como proyectil contra una de las turbinas; la fortaleza empezó a descender entre alarmas mientras el taxi aéreo de Tuxedo sacaba a la banda del desastre. La ciudad, sin embargo, no terminó de morir: cerrada la crónica de la cuarentena, Kreider se retiró “por la puerta grande” a fundar allí su nuevo dominio, padrino del cielo que una vez ayudó a tumbar.
Vínculos
- Pete Ketterstein — el señor de la corona de la ciudad flotante
- Luvina — segunda señora de la casa, codiciosa del bebé
- el Mirage — el caza usado como kamikaze contra las turbinas
- la caída de la ciudad flotante — el colapso tras el impacto
- Tuxedo — el piloto que rescató a la banda del descenso
- Kreider — funda allí su nuevo dominio al final de la crónica
- 2087 — la Pandemia del Mundo Nuevo