
Tras la catástrofe del zepelín, lo que quedó del tren blanco se arrastra por rieles imposibles, tendidos sobre un cielo de agua bajo el puente derrumbado. La mitad de los vagones y la mitad de los compañeros se han perdido. Kreider, el jefazo, yace postrado en lo que sobrevive de la enfermería, custodiado por los dos últimos de su gang —Tommy y Tilda—, con su metralleta al costado de la cama; no puede abrir la mente al Maestro sin arriesgar su vida. En su lugar toma el volante Larkin, un conductor a sueldo de Kreider, que hace retroceder la máquina para reagrupar. Al deslizarse el tren, el paisaje deja de coincidir consigo mismo: los rieles parecen vivos, hay esqueletos de otros trenes oxidados al costado, y a lo lejos gira la Rueda de la Fortuna de un viejo parque, señal de que el destino está cerca. Bajo la superficie reflejada del agua acechan casas embrujadas: un pueblo espejismo donde lo que se ve arriba y lo que se ve en el reflejo no son lo mismo.
Se creía muerto a Taito. Cayó del puente con dos dedos menos, arrastrado por el tren de carga, tras haber fingido su propia muerte ante las cámaras usando el filtro facial de su máscara para que ejecutaran a una asaltante en su lugar. Shibuya, que no mira atrás, lo da por perdido. Pero Taito, hundiéndose en el agua con su traje de soporte vital, activa los nanobots de su cuerpo y se funde con el pulso mismo del mundo —The Mother’s Heartbeat—, reemergiendo en otro lugar: los soldados alemanes que saltaron del dirigible lo recogen creyéndolo uno de sus heridos y lo dejan, aún enmascarado, en una camioneta médica.
Zaa, en shock, reza a San La Muerte para proteger la vida de sus compañeros; recibe un manto negro que se vuelve armadura y un fulgor divino, y abraza por primera vez a Shibuya. Shibuya, rastreando el equipo de Taito con los aparatos del vagón, confirma que su señal está viva y se acerca. Para impedir que la teleaudiencia detecte a Taito como sobreviviente, Shibuya convoca a sus fieles floggers —recién escolarizados a la fuerza, pero rebeldes— como una gran antena y logra que el sistema descarte la señal como un simple saqueo de equipo.
Cuando el alemán Krueger descubre algo anómalo en la muñeca de Taito e intenta sacarle sangre, Taito lo abate a metralla. Sale a rescatarlo una partida en moto con sidecar. Una niña rubia de mono blanco, Masha, aparece entre las ruinas y le entrega a Shibuya un caballo blanco; en un microclima de luz y sol, un oso gigante de garras de acero ataca. Los del tren rechazan a la bestia, y Shibuya, con las manos sanadoras heredadas del Ángel Rojo, revive a la niña casi muerta, apadrinándola.
Los rusos, aliados desde el principio, aseguran el perímetro alrededor de la Rueda de la Fortuna: por fin una base. Su heroína, Miss Kremlin —espada y armadura—, revela el próximo show que los productores preparan: “Rambo y Rambo”. Armados con lanzallamas y explosivos, y con Taito rebautizado Mr. Tease, entran a la casa encantada donde una secta de figuras vampírico-robóticas de caucho tortura niños. Liberan a una prisionera, rescatan una reproducción clonada del Ángel Rojo, y enfrentan al Payaso Maldito. Shibuya, absorbiendo el daño de todos, ordena “basta de show” y le aplasta la cabeza. El pulso electromagnético de Taito revienta la transmisión de “Rambo y Rambo”, arruinándola. Zaa, capturada, despierta y destripa a la ejecutora adolescente. La casa arde. El grupo se retira con victoria y honor, cerrando el ciclo del show que los persiguió, ahora con base en el pueblo de la doble Rueda de la Fortuna y su catedral.
Vínculos
- Jornada anterior: Quarantine_S6 · Jornada siguiente: Quarantine_S8
- Ciclo completo: MOC_Apocalypse_Quarantine
- Protagonistas: Shibuya_QUAR · Taito_QUAR · Zaa_QUAR