
En la cuarentena perpetua de 2087, los pocos que rompieron el encierro viven en reductos, y el de Kreider es una cabecera de subte reconvertida en fortaleza. Unas cuatrocientas almas se hacinan en vagones viejos vueltos vivienda; hay hortaliza propia, enfermería, un salón, garaje-taller, generadores, una Monitor Station con su cuarto de control y hasta un piso falso. Todo apuntalado por guardia improvisada y armas tumberas, bajo el patronazgo a la romana del jefazo: adopción, favor y lealtad como moneda de la vida subterránea.
El búnker no está solo. Sus galerías están agujereadas por túneles que alguna vez tocaron Londres, París y una estación rusa clandestina —de donde vienen los aliados y las armas grandes—, y en la superficie lo antecede el vivero de subte, un galpón de cristales tragado por la vegetación. Cerca operan la Refinería y el dique, junto a cuyo cuarto de control Kreider capeó la peor noche del reducto.
Esa noche fue la del misilazo: con las coordenadas filtradas desde adentro, un misil voló parte del complejo, mató niños y a un cuarto de la población. El búnker aguantó, se reconstruyó y siguió latiendo hasta que el riel ofreció otra vida: cuando partió el tren blindado, la mitad de la gente quedó cumpliendo cuarentena al cuidado del búnker, con un stash repartido, guardando el hogar de origen de toda la crónica.
Vínculos
- Kreider — el patrón del reducto
- gang de Kreider — su fuerza armada
- los militares exiliados rusos — aliados al final del túnel
- el vivero de subte — la antesala en superficie
- Refinery & Dam — la instalación vecina, refugio del jefazo
- el misilazo sobre el reducto — la herida fundante
- el tren rojo — el hogar móvil que lo relevó
- 2087 — la Pandemia del Mundo Nuevo