Zaa

Zaa es la arregladora: la mujer que consigue lo que no hay. En el reducto de Kreider fabrica armas tumberas con el chatarrero Gusano, trafica remedios, junta pólvora para el trueque y repara lo irreparable. Es un oficio de manos sucias y de deudas —las gemelas de la guardia nunca le perdonaron una prótesis fallada— y ella lo ejerce sin épica, con la eficacia de quien sabe que en la cuarentena la escasez mata más que las balas. Bajo esa dureza carga un trauma sexual sepultado y un vínculo con espíritus que la acompañan más de lo que ella quisiera.

Su cuerpo lleva escrita la historia de la campaña. La Head Hunter, la cazadora legendaria que decapita a sus víctimas en el instante del éxtasis, la eligió y le ofreció el orgasmo divino y la maternidad milagrosa; Zaa, con un casco de realidad virtual puesto, miró de frente la cuarentena eterna —sin reproducción, sin futuro— y dijo que no. Por primera vez la Cazadora falló: sólo alcanzó a cortarle la garganta y dejarla desfigurada. La curó Ángel García, la médica que la amaba, y esa mujer murió después de un disparo en la cabeza por interponerse en el fuego. Más tarde, en un avión en fuga, un arma que Zaa creía descargada se disparó en un forcejeo y mató a Capecita. Hay muertes que se cargan aunque nadie las haya querido; Zaa carga dos.

De ese fondo salió rezando. En el peor momento del tren, en shock, le pidió a San La Muerte por la vida de sus compañeros y recibió un manto negro que se volvió armadura y un fulgor que no era de este mundo; esa noche abrazó por primera vez a Shibuya. Después la vocación se le oscureció: meditaba junto a la calavera, adoptó un aliado arácnido y abrazó sin vueltas el modo de matar. Capturada en la casa del horror, despertó y destripó a su ejecutora. La violencia nunca fue su placer; fue su idioma, el único que el mundo del espectáculo entendía.

Su final fue un acto de fe. En la esfera del Maestro, cuando todo se decidía, Zaa se arrojó al vacío para sacrificarse, y sus nanobots proyectaron su conciencia y la de sus ancestros africanos a un mundo fuera de fase: el mundo de las panteras, donde la esperan como profeta, reina del desierto. Larkin rescató en moto su cuerpo herido. El final como comienzo: la mujer que arreglaba cosas rotas terminó arreglando su propia estirpe.

Vínculos

[R]: PJ central de las 8 crónicas (playbook Arregladora/Fixer, Apocalypse World). Variantes de grafía en fuentes: “SA”, “Zaal”.