
A diez cuadras de la nueva base, en el corazón del pueblo espejismo, se levantaba la casa del horror: una casa encantada que era en verdad un set de televisión, un Truman Show amplificado hasta la muerte. Adentro funcionaba el circo: la secta vampírico-robótica de figuras de caucho torturaba niños cautivos —entre ellos los hermanitos de Masha—, el Payaso Maldito ejecutaba prisioneros como director-verdugo, y las cámaras convertían cada tormento en rating. Hasta una reproducción clonada del Ángel Rojo guardaban allí, cautiva, como reliquia del sanador caído.
La banda entró con lanzallamas y explosivos a romper el espectáculo. Liberaron prisioneros, rescataron a los niños, y Shibuya —absorbiendo el daño de todos— ordenó “basta de show” y le aplastó la cabeza al Payaso; el pulso electromagnético de Taito reventó la transmisión de “Rambo y Rambo” y Zaa, capturada, despertó a tiempo para destripar a su ejecutora. La casa ardió.
Pero la casa del horror no terminó en cenizas: terminó en señal. El gesto de ruptura —salir del set rompiendo el espectáculo en vez de morir en él— se viralizó por el mundo, de Tailandia a la Argentina, y desnudó al sistema que solo se alimentaba de ignorancia y de hambre de carne, sangre y show. La casa encantada fue la última trampa del circuito y el primer escenario de la libertad con rating propio.
Vínculos
- la secta vampírico-robótica — las figuras de caucho que torturaban niños
- el Payaso Maldito — el director-verdugo del circo
- el Ángel Rojo — su reproducción clonada, cautiva y acribillada
- Masha — sus hermanitos estaban cautivos en la casa
- el pueblo espejismo — el pueblo de la casa maldita
- la Rueda de la Fortuna — la base a diez cuadras
- Shibuya — terminó el show aplastando la cabeza del Payaso
- 2087 — la Pandemia del Mundo Nuevo