Amo de un ala entera de Narco Paradise, Pete Ketterstein recibe a sus huéspedes tras un escritorio de basalto negro, jugando con caramelos, flanqueado por la visionaria Luvina y una mujer de melena corta y mirada gélida. Es un hombre-estatua: la piel marmoleada por regeneraciones sin cuento, el rostro operado a imagen de sus ídolos del cine, como si el poder consistiera en usar la cara de otro.

Su nombre es su secreto a voces. Cuando Shibuya abrió la mente al Maestro en su mansión, vio la trama entera: Ketterstein como Keter, la corona de la luz de la cábala del poder, sosteniendo el statu quo del mundo enfermo — mantener vivo el virus a propósito, inventar la enfermedad, vender la cura. La peste no es su desgracia: es su renta.

A Kreider le ofreció el trato de los grandes padrinos: él reinaría en el cielo y el patrón en el submundo, distribuyendo el producto a los bajos fondos. La hospitalidad, como todo en su casa, era una prisión de cortesía; cuando el hospedaje se volvió rapto y ceremonia macabra, la banda le tumbó la ciudad de un avionazo. La corona, sin embargo, rara vez cae con su torre.

Vínculos

  • Narco Paradise — la ciudad flotante de la que es señor
  • Luvina — la segunda señora de su casa
  • Kreider — el patrón al que ofreció reinar en el submundo
  • Shibuya — quien vio en él a Keter, la corona de la cábala
  • Taito — el “hijo pródigo” de un viejo proyecto de inteligencia
  • 2087 — la Pandemia del Mundo Nuevo