
En el asentamiento subterráneo de Kreider, donde cuatrocientas almas se apretaban entre vagones y hortalizas, Ángel García era la enfermera: la que proveía remedios, cosía heridas y sostenía la enfermería del reducto. Su historia quedó atada a la de Zaa, la arregladora con la que traficaba medicinas y de la que estaba enamorada. Fue ella quien la trajo de vuelta cuando la Cazadora le abrió la garganta, y ella quien cargó un desamor que la dejó al borde del abismo — hasta los celos por un simple “like” a American Ass, estrella del reality, pesaban en ese corazón.
Murió como había vivido: yendo hacia los heridos. Cuando la banda quedó acorralada en el bosque de pinos milenarios, García acudió en moto siguiendo el rastro de Gusano, que le rogaba auxilio con un mal presentimiento encima. La posición estaba delatada, las cámaras encendidas. Un disparo cruzó la noche y ella se interpuso: cayó con la cabeza reventada, delante de todos.
Su muerte fue el golpe más hondo que recibió Zaa en toda la crónica, y una culpa callada para más de uno de los que estaban esa noche en el claro.
Vínculos
- Zaa — la mujer que amaba y a la que curó dos veces
- Gusano — quien la guio en moto hasta los heridos
- el hardhold de Kreider — su enfermería, su puesto
- American Ass — el “like” que despertó celos
- 2087 — la Pandemia del Mundo Nuevo