En la cuarentena de 2087 no nacen niños: la otra realidad que se ve con el casco puesto es eterna y sin futuro. Por eso, cuando entre los paquetes de un delivery de las audiencias —envuelto entre libros y golosinas— apareció una recién nacida, el hallazgo tuvo algo de milagro y algo de trampa. Shibuya la alzó como padre, juró bautizarla en la represa y le puso nombre: Mi Ciela.
Ser la única bebé de un mundo estéril salió caro. En la batalla de la pista, Shibuya la cargó al pecho y recibió por ella una lluvia de balas explosivas, cayendo inconsciente sin soltarla. En el avión de fuga, un disparo errado estalló contra un mamparo y le dañó los tímpanos; su llanto fue lo que despertó al padre malherido. En Narco Paradise la codició Luvina, la visionaria de la casa de Ketterstein, y una noche de tormenta desapareció de su cuna, reeditando un secuestro de otro siglo; perdida y recuperada en plena caída de la ciudad flotante, volvió a casa en el taxi aéreo de Tuxedo junto a todos los suyos.
Mi Ciela es lo que la banda tiene de futuro: la prueba, cargada en brazos entre misilazos y shows de caza, de que la cuarentena no se quedó con todo. Cuando al final cayó la red y en algún lugar nació el primer niño en mucho tiempo, ella ya estaba ahí desde antes, abriendo el camino.
Vínculos
- Shibuya — el padre que la adoptó, la bautizó y puso el cuerpo por ella
- Zaa — la arregladora que la cargó en la huida del coto de caza
- Narco Paradise — donde la codiciaron y la robaron de la cuna
- Tuxedo — el piloto que la devolvió a casa dos veces
- 2087 — la Pandemia del Mundo Nuevo