Cuando la banda de Kreider creyó refugiarse en el linde del bosque, sobre ella llovieron panfletos en vez de misiles: “wake up, sleep and survive”, “lose your fire”. Los estaban esperando para el espectáculo. Los Cazadores de los Bosques Sanos son el elenco armado de esa cacería humana televisada en circuito cerrado para clientes que pagan: seis o siete tipos enfundados en metal, cotas de malla y máscaras de gas, con un caddy artillado a modo de tanque lento, palos de golf, shurikens, sables y fusiles de contrabando —armas robadas, para más escarnio, del propio arsenal de la banda.

El elenco mezclaba advenedizos y celebridades. Un muchacho neonazi de armadura medieval, el más vulnerable, cayó bajo el escopetazo y el camión de Kreider; alrededor brillaban las estrellas del reality: American Ass, la francesa tuerta de dos espadas, el mexicano de las estrellas, el indio pendenciero, la hindú fatalista. El enfrentamiento fue una carnicería frontal contra posiciones parapetadas que costó a la banda ocho muertos por cada dos del otro lado. Pero el final no estuvo en el guion: con el frente asegurado, Kreider ofreció clemencia, y los cazadores rendidos —yakuzas y ex-neonazis idiotizados— fueron absorbidos por la banda que debían cazar. En el mundo de los Bosques Sanos, hasta los verdugos son descartables: presa y cazador se distinguen solo por el lado de la cámara.

Vínculos

  • Conglomerado de los Bosques Sanos — el enclave que monta y televisa su cacería
  • Kreider — la presa que los venció y los absorbió
  • Shibuya — el samurái blanco que los cortó en espiral
  • Zaa — mató a cuchillo a una de sus tiradoras, arrastrándose bajo fuego
  • el Maestro — la red que monetizó el Battle Royale
  • 2087 — la Pandemia del Mundo Nuevo