Visores que conectan a la gente con el Maestro: quien se lo calza abre la mente a la otra realidad, y la otra realidad le devuelve la mirada. En la cuarentena son a la vez evasión y correa —por ellos el sistema enchufa a los soldados-arcade, que creen jugar un videojuego mientras salen a matar insurrectos de verdad—. El casco no miente sobre lo que muestra; miente sobre cuál de los dos lados es el juego.

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