En el desenlace de la última jornada, Zaa —la arregladora que había sobrevivido a la desfiguración, al trauma y al modo «kill»— hizo su último arreglo: se arrojó al vacío y proyectó su conciencia, junto con la de sus ancestros africanos, hacia un mundo fuera de fase, el mundo de las panteras. No fue una caída sino un salto de fe: el sacrificio que convierte el final en comienzo, la arregladora que ya no repara este mundo porque se va a estrenar otro.

Vínculos