Ardis Vala

Itinerario: a tres días de viaje al norte del pueblo, en las cataratas, en el valle, en lo que antaño se llamaba Monte Hermón. Los territorios del camino «son menos civilizados» que otras regiones, y el que vive cerca lo dice sin vueltas: «vivimos a la sombra de unas antiguas ruinas». No hay dos: hay un solo Ardis Vala, y todo dominio, facción y culto de la comarca se define por su posición dentro de él.

El nombre y la puntura

El Libro de los Vigilantes lo llama Ardis Bala: la cima donde bajaron los 200. Los itinerarios modernos escriben Ardis Vala, y los registros conservan también Ardenbul y Ardipala como grafías del mismo lugar, y Ardemón nombrado a su lado como referente alternativo de una misma alusión. Es el punto de la puntura cósmica —hace cinco o seis mil años— por donde emerge la creación, y el sitio donde se unieron los ángeles el día de la rebelión. Cuando algo cambia acá, se dice del mundo entero: «las cosas no están bien en Ardis Vala».

Cómo se entra: por arriba

Sobre todo el complejo está la ciudad — «la ciudad que estaba arriba de todo esto sobre la que está construido todo el dungeon» —, hoy ruinas de una debacle mágica de hace mil doscientos años, con un río que cae después de una cascada y una posada donde descansan aventureros. Arriba del todo, adonde ninguna compañía conocida llegó, «dicen que hay un dragón»: «el único dragón del que se ha oído hablar, nadie se mete».

Cómo se baja: la piedra

Hacia abajo el lugar es piedra. Técnicamente no se está bajo tierra: se está «adentro de una montaña»; parecería que no se baja del nivel del mar, «o no, se sabe cuánto más abajo es». La masa se organiza en niveles superpuestos y en «4 o 5 volúmenes» de los que «no hay nadie que lo reconozca entero». La cantidad de roca sobre la cabeza sirve de medida de profundidad —«hay menos piedra encima»—, y una gran grieta marca la frontera vertical entre lo alto y lo hondo. Por dentro la piedra está trabajada en módulos, cámaras y túneles; por fuera está rota: «grietas naturales que salen a distintos grotos». Se han conocido subniveles numerados hasta el 12 —se mencionan el 9, el 10 y el 12; en el 6 operan los sortianos—, y el propio Narrador de estas gestas dejó la puerta abierta: «vente a saber si acá, donde no lo estoy mostrando, hay todavía más abajo… en el underground».

El aire y las brumas

Sobre todo eso hay brumas: el sitio «ha sido reconfigurado, no está igual que antes, aunque en realidad es el valle, el valle mismo, tomado ahí entre las brumas». Y el aire tiene cuerpo: «es un lugar que tiene su presión», una fuerza que atrae y casi funde a los sensitivos de la hechicería con el entorno. La explicación que circula es la mezcla: «la mezcla de tecnología, magia, pero también lo antiguo y [de]tusto con los bosques ancianos y de antes de los elfos perturbó el territorio» — de esa perturbación vienen la presión, la reconfiguración y las brumas. Hechicero que baje, que lo sepa: la ley física del lugar lo castiga primero a él.

La caída y la fundación

Todo esto lo reúne una caída: el Castillo del Prisma, el faro de los dioses, cayó en el lugar. El grupo aventurero El Panteón fue allí por eso, y de él salieron los dos fundadores —los registros dan Maristo Bell y Coyote Hundun, con la reserva que se anota más abajo— que fundaron Ardis Vala encima. La cadena es limpia: la posada y el sistema de cobro existen porque hay saqueo; el saqueo existe porque cayó el faro.

El comercio de bajar

Ardis Vala funciona como destino: se viene a bajar y a sacar. «Hay un lugar donde vienen todos los colonos que se acercan acá a tomar Ardis Vala» — a buscar gemas y módulos mágicos —, y el lugar lleva más de un milenio saqueado. El precio de entrada es la vida: de los que descienden, vuelve uno de cien. La economía conoce la deuda y el cobro con orden de prelación entre rivales: «pónganse en la cola para cobrar». La población humana se estima en 1.600, cifra tentativa.

Política de abajo

Adentro no hay una autoridad: hay facciones. «Esto es lo que sabemos sobre las facciones de acá, muchas no las conocen, pero tal vez les sirve saber que algunas se llevan mejor unas con unas y otras con otras: política, sí, es una gran política acá.» Allí «anidan distintos grupejos». Sobre esa trama operan actores nombrados: Salorquí hace experimentos por niveles; los sortianos, en el sexto; el Papa Alejandro VI aparece como autoridad religiosa — «había habido una nueva justicia en Ardis Vala». El dominio de Caladan alcanza «a los que estén adentro de Ardis Vala». Hay un solo sector de embajada de luz en todo el complejo: el punto donde empezó «una redención del culto solar», y que se declara «el único lugar de luz que hay».

Memoria de armas y de capas

El lugar guarda orgullo militar: «acá hay orgullo, Ardis Vala, de viejas batallas contra los hombres lagartos». En sus luchas se habla también de hombres bestia albinos y de los macacos —primates de Thoth. Y guarda voces más raras: en el mensaje del huevo quedó dicho, junto al nombre de la reina Raj, «yo fui hada, hada de Ardis Vala». La lógica de todo el sitio es de estratos, y coincide con la del mundo: así como los panteones están «organizados en capas geológicas de tiempo» —egipcio, mesopotámico, nórdico, indio mezclados—, Ardis Vala apila capas e historias «que ahora se están revelando».

Advertencias del baqueano

Acá conviene pisar el freno. Sobre la catástrofe corren tres versiones que nadie concilió: la debacle mágica de hace mil doscientos años, una devastación cósmica, y que «la ciudad también se fue arrasada por mar» — ¿un mismo golpe en tres bocas, o golpes sucesivos? El archivo no lo dice. Tampoco articula la topografía: cima de montaña, adentro de una montaña, las cataratas y «el valle mismo» conviven sin el corte que muestre cómo son un solo sitio; el que viaje, que no espere mapa honesto. Del dragón, dos versiones: una lo pone arriba de todo, otra lo nombra como si fuera el lugar mismo — no se sabe si el dragón se llama como el lugar, si el lugar se llama por el dragón, o si es ruido de las voces. Los nombres de los fundadores quedan bajo sospecha. Si «Ardis» significa flechas en griego, no consta que sea saber del mundo. De la ecología que hubo —«tesoros innombrables y todo como una ecología»— no se sabe qué la degradó ni qué queda. De las facciones, se afirma la gran política pero no la lista. Del cobro, ni la moneda ni el cobrador. De los 1.600 humanos, ni su condición ni su sector. Y de la profundidad total, lo único cierto es que el propio Narrador la dejó abierta. Este cronista anota los huecos y no los tapa.

Véase además: Caladan — cuyo dominio abarca a todos los que estén adentro de Ardis Vala.


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.