
“Soy el Vigilante.” — “Mi nombre verdadero es Arvel. Es tuyo para que se lo lleves a la Araña o al demonio, es todo lo mismo, el mal es igual.”
Presentación
Ángel de piel rojiza, cabellos y alas blancas, que se manifiesta como el Vigilante: la luz que el mundo invoca como contrapunto cuando una criatura extrema —el demonio del Artefacto— es llamada. Con su espada flamígera disipa la presencia maléfica en el concilio de Cuatia y protege a los señores de la Sagrada Orden.
Su tragedia es Arian: el Pacto obliga al príncipe a entregar su nombre verdadero a Veloria. Comprendiendo que Arian jamás osaría pedírselo, el ángel se lo regala él mismo — “el mal es igual”— y se deja encadenar sobre el pentáculo y caer al pozo de los demonios. Antes de hundirse, tiende a Arian una espada de acero cósmico, destinada a destruir a su sombra, con la que el príncipe atraviesa el corazón del demonio.
Notas
Arvel es el sacrificio luminoso del arco: su nombre dado es el precio del Pacto. Resuena con los Vigilantes del archivo mayor y con la lógica luz↔sombra de los Liosalfar y la Reina Araña.