Elías

«Yo manejo un nivel de magia muy poderoso. Yo puedo hacerle frente a Graz’zt en un dominio sobre otras criaturas.» — palabras del Maestre, recogidas por quienes viajaron con él

Escribo sobre Elías como se escribe sobre los ríos que llevan dos aguas: hay un cauce que se ve y otro que corre por debajo, y el nombre los nombra a ambos. Paulus lo advierte desde el principio: esta entrada no es una biografía, porque de biografía casi no hay. Es una exégesis de un nombre que el mundo se niega a partir en dos.

Del hombre que casi no tiene cuerpo

Los registros lo dan sin rostro, sin ropa, sin voz. Es «el viejo Elías»: viejo, y a la vez «una entidad mega poderosa». El único gesto físico que las voces conservan es este: se lo vio «al borde del llanto». Todo lo demás que lo identifica está alrededor de él, no en él — una torre suya, una comitiva de «20 chabones», y el carro de Elías, «el carro donde fue arrebatado Elías por el Señor». Al Maestre se lo reconoce por su séquito y por su leyenda, como a ciertos reyes antiguos se los reconocía por la sombra del palio antes que por la cara.

Y hay algo más grave: Elías existe en dos ejemplares físicamente iguales, «como tu doppleganger» — «uno es malo y otro es bueno». La figura está duplicada sin que el aspecto lo esté. Quien lo tenga enfrente no tiene, en los registros, manera alguna de saber con cuál de los dos habla.

Del cargo y de la plaza

Ostenta el título de Maestre — «el Maestre Elías otrora Magister» —, lo que declara una jerarquía: el cargo actual sucede a otro anterior dentro de la misma escuela. Es «un mago de los más poderosos de Antiterra», y en la lista corta de quienes practican la magia dual su nombre figura antes que el de nadie, junto al de los compañeros de la gesta.

Su plaza, en cambio, es materia de disputa. Los itinerarios lo declaran «una figura importante de Florencia», y a la vez las mismas voces se preguntan «¿cómo es la cuestión que Elías está en Venecia?». Tiene una torre propia — «¿es la torre de Elías esta?» —, pero ninguna ciudad la reclama en los registros. Este cronista consigna las dos ciudades y no elige: que el lector viajero pregunte dos veces. En el presente del ciclo, en todo caso, no está en ninguna de las dos: «estuvo en este submarino», viajando con la compañía — y no toda la compañía duerme tranquila: «Elías… que no confío en él», dejó dicho al menos uno.

De las sombras, que son arma y enemigo

Su arte es de dominación. Puede disputarle a Graz’zt «un dominio sobre otras criaturas», y esa enemistad es uno de los ejes largos de Antiterra: «es enemigo mío hace miles de años», con enfrentamientos que duraron meses. Su instrumento tiene una condición que Paulus no puede dejar de subrayar, porque es la cifra entera del personaje: «las sombras son mis tipos de conjuraciones» — y sin embargo, de las mismas sombras, «las veo como nuestro gran enemigo». Conjura con aquello que teme. Su arma y su amenaza son la misma sustancia.

Y su poder no es fijo: crece por estudio, aun a su edad. «Hace unos días aprendí bastante sobre la magia dual y mi poder para confrontar contra Graz’zt es más grande ahora.» Cuando Elías cambia de poder o de bando, cambia el equilibrio del mundo contra Graz’zt.

De los deseos, que son su verdadera guerra

Fuera del combate, Elías no opera por hechizos sino por deseos de largo aliento. Fue el primero en pedir el deseo de la magia dual, «en un primer momento»: el mundo tiene magia dual porque él la deseó. Y pidió otro, «bien profundo, un plan a largo plazo»: que el hijo que iba a ser de Gracia fuese hijo suyo y no de Graz’zt, y él su destructor eterno. Trabajó, además, con una paciencia que no cabe en una vida de hombre: «Elías hizo esto en estos 300 años para salvar a Morkai».

Enfrentó a los ocho Aliax en un torneo. De una gesta anterior queda dicho que es «propietario» de Casimiro — qué es Casimiro, y qué significa esa propiedad, los registros no lo dicen.

De la otra capa: el profeta

Aquí el cauce subterráneo sube a la superficie. Sobre el mismo nombre pesa una tradición de origen semítico: el carro del arrebatamiento, la pareja con Enoch — «Elías y Enoch descenderán y dejarán de lado su carne y el mundo, y tomarán un cuerpo espiritual» —, las Leyendas del apocalipsis de Elías, y la condición de emisario que descendió desde un eclipse mientras «estaba lloviendo una peste horrenda», hace tres mil años. Esa tradición lo declara además «nuestra Inspiración».

Que el mismo nombre cargue al hechicero mortal — «Elías es un mortal, un hechicero» — y al profeta arrebatado es lo que sostiene toda la dualidad del personaje: la magia dual, el doble bueno y el doble malo, el mortal y la «entidad mega poderosa» son, sospecha este cronista, la misma composición vista desde distintos lados. Pero es sospecha, no doctrina: cómo se articulan las dos capas, los registros no lo explican, y Paulus lo deja declarado como hueco antes que suturarlo con conjetura.

Del futuro visto

Sobre Elías pesa un desenlace que le fue mostrado como «un flash, un recuerdo, un sueño de un futuro incierto»: recibe el Cetro de los Dioses, enfrenta a Zeus, y cae contra Zeus. Ese futuro todavía puede evitarse. Quizá por eso el único gesto físico que el archivo le conoce sea el borde del llanto.

Advertencias del cronista

Confieso, con la melancolía del que ha copiado muchos rollos incompletos, lo que no puedo establecer. No sé si su plaza es Florencia o Venecia: las voces afirman ambas. No sé dónde se alza su torre ni qué función cumple. No sé cuál de las cuatro escalas del tiempo — los 300 años del trabajo por Morkai, los miles de años de enemistad con Graz’zt, los 3000 del descenso en el eclipse, los veinte escasos desde que pidió «el deseo literal» — cuenta la vida del hombre y cuál la de la figura profética. No sé el contenido exacto de ese deseo de hace veinte años. No sé cuál de los dos Elías, el bueno o el malo, viajó en el submarino con la compañía, ni cómo distinguirlos siendo físicamente iguales — y esta ignorancia, lector, es la más peligrosa de todas. No sé si Elías y Arian son la misma persona: las referencias confluyen y el material no decide. No sé qué es «este consuelo compartido» que el deseo instituyó. Y no sé, en fin, qué relación exacta guarda el Maestre de Antiterra con el Profeta Elías de la tradición, más allá de que comparten el carro, el nombre y la Inspiración. El que sepa más, que lo escriba al margen; el que no, que desconfíe de quien afirme certezas.

Véase además: Graz’zt · Zeus · Magia dual


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.