Sariel

Exégesis sobre un ángel repartido.

«Me llaman de varias maneras, pero creo que la más amena para ti será Sariel.»

Así se nombra a sí mismo: por conveniencia del que escucha, no por verdad. Los exégetas anotan al margen las otras grafías que las voces del archivo conservan —Ariel, Zayel, Sabiel, Zabiel— sin atreverse a coronar ninguna. Un ser cuyos nombres se multiplican igual que sus formas no se deja fijar en una sola línea, y esta entrada lo sabe desde el título.

Las formas

Ángel —probablemente caído, aunque nadie ha registrado la caída— de forma cambiante, conectado a muchos planos. Se lo ha visto con «cabellos largos, entre rojos y verdes», figura humanoide de la cintura para arriba y «forma de serpiente en la mitad inferior». Se lo ha visto como «un espíritu aéreo», que existe volando y observando los eventos. Se lo ha visto como «un ojo humeante», asociado a una cuenca ocular. Y encerrado en el fuego se ha visto «una especie de ángel, también ahí como tipo gremita, campichano» —palabras del Narrador cuyo sentido nadie ha fijado— que habla y negocia desde adentro de las llamas. La forma femenina es explícita: «emergió la figura de Sariel, además, en su forma femenina».

El cuerpo mismo repite la lógica del conjunto: mitad humana arriba, mitad serpiente abajo. Un ser compuesto, para un ser repartido.

El ser encerrado y multiplicado

Sariel es uno solo, pero disperso: su marca no es abundar, sino aparecer en muchos lugares y en muchos planos. Fuego, cuenca ocular, aire, templo — todos continentes de algo que no cabe en uno solo. Se lo encuentra dentro del fuego que da paso a la prueba; en el templo, donde habla en forma femenina («acá está Sariel. Bueno, ella me está diciendo que…»); en el aire, volando; en el ojo humeante junto al eremita; y en Arty Hall, donde «se juntaron todos con un tal Sariel» — los ángeles que descendieron. Dónde quedan Arty Hall y el templo, el archivo no lo dice.

El precio del paso

Sariel opera como guardián-negociador: está encerrado, y su liberación es el precio del paso. Desde adentro del fuego pone la condición él mismo: «para hacer la prueba tienen que entrar por acá, yo no me voy a pasar si no me liberan». La liberación se activa por el enunciado del deseo —«deseo que te liberes», dicho al oscuro— y es inmediata y violenta: «se liberó, ¡pum!». Fue liberado «de la soledad y la muerte».

Sin liberarlo no se accede a la prueba: Sariel bloquea un pasaje. Que hable, ponga condiciones y negocie lo hace un agente, no un decorado.

Los tratos

Tiene una espada, de la que no se registra uso. Tiene además «un contrato matrimonial… o de otro tipo… un negocio», cuya contraparte no está nombrada. Y tuvo participación en la muerte de Adán, por mecanismos que los compañeros aún desconocen.

Sobre ese punto las lecturas se dividen en dos escuelas que el archivo no arbitra: una sostiene que Sariel emergió a raíz de la muerte de Adán; la otra, que fue su causante directo. La cadena causal falta, y hasta que aparezca, ambas exégesis conviven en el margen.

Con eso, Sariel aparece en los dos nudos mitológicos que estas voces registran: la muerte de Adán y la reunión de los ángeles que descendieron a Arty Hall. No es figura menor: es bisagra.

Advertencias del exégeta

Que el lector no tome por resuelto lo que apenas está anotado. Primero: la construcción «una especie de Sariel» es ambigua — podría nombrar a un individuo o a una clase entera de seres; este cronista no lo decide. Segundo: «gremita» y «campichano» son palabras sin sentido fijado; quizá ni siquiera sean palabras. Tercero: se lo llama caído, pero ninguna voz registra de qué cayó. Cuarto: no sabemos si las cuatro formas —serpiente-mujer, espíritu aéreo, ojo humeante, ángel en el fuego— son la misma manifestación en momentos distintos o formas alternativas, ni si el encierro en el fuego precede a las demás. Quinto: si Arty Hall y el templo son el mismo lugar, nadie lo ha dicho. Sexto: «el oscuro», por cuya vía pasa el enunciado que libera, podría ser una entidad, un lugar o un epíteto — el que sepa, que hable. Y última: quién firma del otro lado el contrato matrimonial «o de otro tipo, un negocio» sigue siendo el silencio más elocuente de toda esta entrada.

Véase además: Adán


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.