Maristo Aguas Profundas

Para reconocerlo no mires el cuerpo: mirá el suelo. Su sombra no coincide con su impronta — el cuerpo está iluminado por el halo, pero la sombra se ilumina igual y no reproduce lo que hay. Donde él apoya lo que parece un bastón, la sombra proyecta una guadaña. Donde él viste musculosa metida en el pantalón, «como de cowboy», la sombra y la luz montan una armadura full plate de espinas cuya cabeza termina en dos cuernos, «como si fuese un minotauro». Ninguna de las dos figuras es mentira. Esa es la exégesis entera de Maristo: un santo y un pactado que conviven en el mismo cuerpo, porque en él conviven el paladinato y el pacto con Bel.

La figura y su luz

Un hombre fornido, de estatura media, «un metro ochenta», de ojos claros que «se iluminan como si fuesen dos plateados» — y la luz que sale de ellos es tanta que el propio rostro queda oscuro: «no se ve todavía el rostro por ahí, justamente porque de los ojos se proyecta luz». Alrededor de la cabeza le sale «todo un aura con un halo, como si fuese una suerte de corona», un nimbo. El halo de Maristo no ilumina hacia afuera para mostrar: ilumina de tal modo que oculta el rostro y descoordina la sombra.

Carga las insignias de un caballero, pero degradadas: una bandera, «un banner que cae y no se puede ver porque no lo tiene erguido»; una linterna prendida y activada; un casco que puede sacarse y apoyar sobre la mesa. La enseña caída, la lámpara encendida, la cabeza descubierta — el equipo entero repite la misma lección que la sombra.

El pacto con Bel

Maristo es paladín y es pactado, y su régimen es doble. Tiene pacto con el Diablo, y el Diablo es Bel — Bael, Belial —, que fue además su primer enemigo: el trato se sella con quien antes lo combatía. La fórmula quedó registrada en su propia voz: «yo doy mi alma por ellos, yo quiero buscar Balacristales, o te traigo Balacristales» — su alma a cambio de la liberación de los compañeros, con la Vala Cristalis como prenda. Si Bael aceptó o no ese trato, las voces del archivo no lo dicen; la deuda, en cambio, quedó dicha.

En combate tira rayos de energía radiante desde su «cacto» — «le tira un tremendo rayo de su cacto que le hace 54 hit points al obelisco», y con eso el obelisco deja de existir. Puede quedar incapacitado y recuperarse después. Sus poderes de paladín pueden perderse y recuperarse: el agua bendita purifica y los devuelve.

La negativa

Cuando le informan que la única forma de recuperar la Vala es trayendo a una de las templarias del otro lado del reflejo, Maristo se rehúsa: «no estoy dispuesto a traer a una de las más puras e inocentes a este lado de podredumbre y mierda». Esa negativa deja la Vala sin recuperar y sostiene la deuda con Bael. Es una de las bisagras morales del mundo: el paladín que no paga el rescate porque el precio es exactamente aquello que un paladín existe para proteger.

El camino

Camina con la compañía de Arfan y Orfeo, y como ellos tres lleva un escudero personal que lo acompaña durante el viaje — tres caballeros, tres escuderos. Su recorrido registrado incluye cuarenta días y cuarenta noches de camino en el desierto, una torre «que tenía un concurso» contra la que avanzó en el pasado, y el lugar del espejo donde se ve el reflejo de las templarias.

La purificación

Tras la purificación con agua bendita, la proyección cede: se apagan las espinas, los cuernos, la guadaña de la sombra, y queda el cuerpo del clásico caballero medieval de armadura de placas completas, «una mezcla entre Lancelot y algún santo» — se menciona a San Francisco. El mundo lo trata como caso probatorio: un pactado puede recobrar la santidad. El agua bendita revierte lo que el pacto imprimió, y por lo tanto ni el pacto ni la condena son definitivos. La armadura espinosa y bicorne era proyección, no su forma verdadera; lo verdadero era lo que la luz tapaba.

Advertencias del cronista

Este cronista deja constancia de lo que no sabe. No sabe qué es el «cacto» del que salen los rayos — si es el mismo objeto que el bastón cuya sombra es guadaña, o el báculo, u otra cosa. No sabe de dónde le viene el epíteto Aguas Profundas: lugar, hecho o linaje. No sabe qué lleva el banner caído ni por qué no lo tiene erguido. No sabe cómo perdió los poderes de paladín antes de recuperarlos con el agua bendita, ni si el pacto con Bel fue la causa. No sabe qué era el «concurso» de la torre ni cómo terminó aquel avance. No sabe si Bael aceptó el trato del alma. Y no sabe si el minotauro bicorne se proyecta ante todos los ojos o solo bajo ciertas condiciones de luz. El que lo cruce en el camino, que mire el suelo primero — y que no confunda la sombra con el hombre.

Véase además: Vala Cristalis · Orfeo


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