Ariadna

Este nombre vive en 2 mundos del archivo. Las versiones no se funden: sus diferencias son canon, y leerlas enfrentadas es la mitad de lo que el nombre significa.

En ANTITERRA

«Ve entrando con esto, yo ataré una de las puntas, arrójalo hacia el interior.» — instrucción de Ariadna, al entregar el ovillo

Asiéntese en este registro de linajes: hija del Rey de la zona, «demonil estrella caída», señora del campamento a las puertas del Laberinto. Una sola Ariadna hay, y un solo ovillo por elegido; y como el Laberinto se lee como el espacio-tiempo mismo, quien escriba genealogías de este mundo debe empezar por reconocer que esta mujer es la condición de posibilidad de moverse por él.

Linaje y condición

Las voces del archivo la dicen «una gran hermosa mujer», y también, con menos ceremonia, «la pimpollesca esta» y «la bebota Ariadna» — el pueblo nombra como puede lo que no comprende. Pero tiene una segunda forma: por un momento se la ve «encornada», «más avisoide», se muerde y «se le sale las orejitas» — cuernos y rasgos demoníacos que asoman y se retiran, y que los registros vinculan a la exposición al Abismo. Su naturaleza queda dicha en dos palabras que nadie ha glosado del todo: «demonil estrella caída». Este cronista, que ha visto caer más de una estrella en los anales, no sabría decir si eso es criatura, rango o condena; volveré sobre ello al final, como corresponde a lo que no se sabe.

Su forma avisoide pertenece al mismo eje que todo lo demás en ella: es lo que el adentro le hace a quien lo frecuenta.

El campamento a las puertas

El Laberinto tiene puertas, y alguien debe esperar afuera. Allí, en el campamento, acampan los Templarios, y allí está la hija del Rey de la zona: la autoridad local pegada a la boca del peligro. Allí la conoció Ärsvan. Pero Ariadna no está clavada a ese sitio: se la ha visto fuera de él, viajando entre tiempos, y presentada en otro tramo como futura prometida. Estuvo también prisionera — quién la tenía y dónde, los registros lo callan.

Ariadna es la bisagra entre el afuera —rey, campamento, prometidos, alianzas— y el adentro —laberinto, abismo, pérdida—. El hilo es esa bisagra hecha objeto.

El ovillo y su centro de plata

Lo suyo es un objeto: un ovillo «todo dorado, como un cordón áureo», ovillo de lana pero dorada, con un pequeño centro de plata — «esa es la protección de Ariadna». Entiéndase bien: la plata no es adorno, es la parte mágica. El uso es de una simplicidad antigua: la punta se ata a la entrada, el ovillo se arroja hacia el interior, y el viajero, «cuando tiene que retomar, no se pierde».

El hilo dorado no es mercancía. No se compra: se recibe por nombramiento. «Ariadna solamente confiaba en su deseo y al que nombró.» Elige por deseo, no por mérito ni por linaje — y en esto reside el problema que los registros le atribuyen, «la relación entre el amor y lo divino», que ordena todo lo demás en ella: elige por deseo, y lo que da salva. Hay tantos hilos como elegidos, y en los registros hay uno: el que dio a Alexan.

El hilo como fórmula

En la cosmología de París Ucrónica el mecanismo se generaliza: «detrás de eso siempre estuvo el concepto de que el tiempo es fórmula para el laberinto». El laberinto es el espacio-tiempo; el hilo es el tiempo; el hilo de Ariadna es, literalmente, una fórmula de salida — no solo una cuerda. Y Ariadna, que encarna el tiempo como fórmula de salida del espacio-tiempo, además comunica: es posible «comunicarte con Ariadna», y de ella provienen enunciados sobre el tiempo y la realidad — «esto me lo dijo Ariadna», se cita con la reverencia de lo escuchado directamente. Con Swann se establece esa comunicación.

El sacrificio y lo no dicho

Dos cosas la sacan del orden de los episodios personales y la ponen en el de los acontecimientos que cambian el mundo entero. La primera: su sacrificio se llevó consigo un millón de almas. La segunda: guarda todavía conocimiento no dicho sobre cómo se resuelve la devastación, conocimiento que no pudo transmitir por estar prisionera. Mientras ese saber no salga de ella, hay un problema del mundo sin resolver — y este glosario, como el mundo, queda en deuda.

Los prometidos y la madre — disputa de versiones

Aquí las escuelas se dividen, y este cronista registra sin fallar el pleito. En la leyenda que existe en la cosmología del mundo, Teseo se enamora de ella y ella lo ayuda a escapar del laberinto. En un tramo, Ärsvan la presenta como «mi futura prometida», con nupcias nunca consumadas; en ese mismo tramo suena el nombre de Reynaud, y los registros dan las dos formas del prometido —Reynaud y Ärsvan— sin que ninguna mano las haya conciliado. Por otra vía, los registros la establecen como madre de Swann, cuyo padre es Ärsvan: parentesco donde otros leen alianza pendiente. Las dos versiones constan; decidir entre ellas sería inventar. Añádase una forma no fijada, «la muchacha de arismán» —Arismán, Arzimán—, que puede ser el mismo Ärsvan o un tercero que la genealogía todavía no tiene dónde sentar.

Advertencias de Paulus

Confieso los límites de mi ciencia. No sé qué es exactamente una «demonil estrella caída», ni qué estatuto tiene Ariadna en esa categoría. No sé cuál es el conocimiento sobre la devastación que no pudo decir, ni quién la tenía prisionera, ni dónde. No sé si el cordel físico y la fórmula del tiempo son la misma cosa en dos registros, o si el objeto es la manifestación de una fórmula que también puede enunciarse — cuestión que dejo a los que vengan con mejor metafísica. No sé cómo ni ante qué se produjo el sacrificio del millón de almas, ni en qué momento respecto de su prisión. No sé dónde queda «la zona» de qué Rey, ni el tamaño del campamento. No sé qué significa «entre Ariadna y el agua»: el vínculo con el agua quedó dicho y no desarrollado, como una punta de ovillo que nadie arrojó. No sé qué dispara la forma encornada, ni si es reversible o progresiva. Y nada fija su vestimenta, su edad, su voz, ni cómo suena hablar con ella. El que sepa, que escriba al margen; el margen es de todos.

En VALA

«Nunca mires demasiado de costado.» — advertencia recogida ante la cripta donde se conserva una de ellas

Ariadna no es una: es un nombre que el mundo repite. Lo lleva una figura de guadaña en su «última evolución», lo lleva un espíritu familiar que un aventurero puede invocar, lo llevó una elfa negra que sufrió —«una Ariadna», les decían—, y lo carga una imagen que sirve a la vez para acusar la traición y para señalar el bien. En la Biblioteca de Babel hay entradas para varias Ariadnas históricamente significativas —«es otra Ariadna, esa es de bebichitos, renunció a su culto»—. Este registro de linaje no las unifica, porque las voces del archivo no las unifican: las cuenta.

La de la guadaña

La Ariadna de la última evolución se presenta con una guadaña sobredimensionada, de borde dorado: «la ves, es demoniacal». La rodea un aura de fuego que quema por sola proximidad —«por acercarte… no es grave, pero Fire Damage»—, y la guadaña golpea aparte: dos vías simultáneas, el castigo por acercarse y el golpe que se suma. Lleva además un hilo negro que es una chispa —o mejor una mecha—: está encendida y se va para abajo, consumiéndose mientras la porta. Una mecha que arde hacia abajo es una cuenta regresiva que camina: mientras esa figura esté en escena, algo se acaba.

Las otras

Una Ariadna está muerta y reducida a cabeza de elfa negra en una cripta, y de ella viene la advertencia que abre esta entrada: era una elfa que había sufrido. Otra está en el castillo, como presencia arquetípica junto al gesto del «encadenado que salva niños»: ahí marca «la brújula del bien y la redención», y quien la imita adopta ese gesto. Otra es espíritu familiar invocable, y no exclusivo: al menos un compañero declaró «yo invoqué a Ariadna, tengo una» — tengo una, no la tengo, y en ese artículo indeterminado se juega toda la genealogía. De la que acompaña al grupo solo consta que aparece «en su versión así, la mujer de comofa»; el archivo no da más.

El racimo del hilo

El nombre Ariadna está ligado en el mundo a hilos que se dan, se buscan y se encienden. Hay un cordel de Ariadna que se busca como cosa que alguien podría llevar encima —«¿alguien tiene un cordel de Ariadna?»—, sin que conste dónde se consigue ni para qué sirve. Hay un hilo dorado obsequiado antes, y el hilo negro-mecha de la figura armada. Comparten materia y forma; si el hilo negro es el dorado transformado, o si el cordel pertenece a la misma serie, el archivo no lo establece. Y la relación entre los dos racimos del nombre —la guadaña y el hilo en la misma figura— está registrada pero no explicada: nadie ha dicho por qué la que corta lleva también lo que se consume.

La voz que advierte

Como voz, Ariadna previene. Junto a Etimita, «las dos dijeron cuidado con Kossuth. Hay una espada»: Ariadna opera ahí como fuente de advertencia sobre una amenaza y sobre un arma asociada a Kossuth. Como imagen, es el emblema con que se acusa el abandono: Hécate la convoca dentro de la narrativa de Dite para decir «me dejaste por tus amigos».

Los dos polos

Que una Ariadna haya podido renunciar a un culto indica que hubo, al menos, una Ariadna con culto propio. Y la carga del nombre es doble y estable: por un lado la traición y el abandono, por el otro la brújula del bien y la redención. El mismo nombre sostiene los dos polos, y el mundo no parece incómodo con eso: quizá por eso hay varias.

Advertencias del baqueano

Acá conviene pisar el freno. Cuántas Ariadnas hay y qué las une, nadie lo ha establecido: si «una Ariadna» es un nombre propio repetido, un título, o directamente una categoría de criatura —«una Ariadna, les decían»—, el archivo no lo dice. Tampoco dice qué culto fue el renunciado, ni qué significa «esa es de bebichitos». De Etimita no hay grafía fijada ni lugar en elenco alguno: el vínculo queda pendiente. Qué es la «última evolución» —evolución de qué serie, cuáles fueron las anteriores— es pregunta abierta. Falta toda descripción de la Ariadna que acompaña al grupo y de la del castillo. Y la más incómoda: la de la guadaña, ¿es enemiga, aliada o ninguna de las dos? Las voces le dan daño, pero no bando. Este cronista anota lo que arde y deja que la mecha siga bajando.

Véase además: Laberinto · Swann · Templarios · París Ucrónica · Hécate · Dite


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.