El Rey Amarillo

“De los entronizados que no conviene nombrar, éste es el que conviene nombrar menos.”

La lámina lo retrata como prefieren retratarlo quienes lo aceptan sin haberse atrevido a mirarlo: figura sentada en trono de piedra labrada, túnica amarilla harapienta caída en cascada, máscara pálida sin rasgosexcepto los ojos negros que cumplen rasgo bastante, dos lunas en el cielo —una llena, una creciente—, una ciudad gótica de agujas oscuras al fondo, vista desde la orilla del lago negro que se llama Hali. El cronista no comenta la máscara. Quien la comenta de más, termina comentándola con voz ajena.

Lo que es

El Rey Amarillo —llamado en boca discreta el de la Máscara Pálida, en boca temeraria el Tronado de Carcosa— es una de las entidades mayores cuyo nombre se atribuye al lugar que ocupa, no a la persona que essi esa categoría siquiera se le aplica—. Carcosa es ciudad cosmológica anterior al cómputo cristiano, asentada junto al lago Hali, bajo dos lunas que ningún astrónomo ha conseguido encajar en mapa de cielo conocido. La doctrina más prudente sostiene que Carcosa no está en otro plano: está en este, en un pliegue que se abre cuando alguien lee mal cierta obra. La obra existe. El cronista no la nombra aquí.

La obra que no se nombra

Hay un texto —obra dramática, fragmentaria en su primer acto, completa en el segundocuya lectura completa produce locura. Quien lee solo el primer acto no se daña.Quien sigue al segundo, no vuelve. El Rey Amarillo se manifiesta —de modos que el archivero del Plata se ahorra describir— a quienes han terminado la lectura. Algunos lectores supervivientes han descrito el encuentro como “una sensación de haber sido reconocido”; el cronista anota la fórmula porque es exacta y porque le parece, además, terrible.

La máscara

La máscara amarilla no se quita. Lo que está debajo es asunto estructural, no anatómico: el Rey Amarillo no tiene rostro porque el rostro corresponde a la persona, y él opera en una categoría anterior a la persona. Quienes intentaron mirarle debajo de la máscara encontraron, según las versiones, un espejo, una cavidad oscura, su propia cara, nada. Las cuatro versiones son ciertas.

Su parentesco con los entronizados

Algunos doctrinarios lo emparentan con otras entidades sentadasLa Dama del Dolor en Sigil, Cakravartin en la Atlántida, Caladan en Valakhan—. El parentesco no es de sangre ni de jurisdicción: es de postura cosmológica. Los entronizados gobiernan no actuando. El Rey Amarillo, entre los entronizados, es el menos activo y el más temido: el que no hace casi nada y del cual no se vuelve casi nada.

Vínculos

Apariciones

  • Anterior al cómputo cristiano — manifestaciones documentadas en las orillas de Hali
  • Período final de Antiterra — referencia oblicua en archivos de París Ucrónica
  • Ciclo presente — entidad latente; las representaciones de la obra siguen ocasionalmente, y siguen produciendo lo que producen