“Dante abrió la puerta, vio todo y volvió a escribirlo; pero al escribirlo la dejó entornada. Los Florentinos nacieron para cerrar lo que un poema había abierto.”
Presentación
La primera gesta de los Florentinos, en la Florencia del año mil trescientos A.D.A. La guía un Dante semiamnésico —Durante Alighieri, prior de la ciudad— que ha vuelto del Infierno, pasado por el Purgatorio y vislumbrado el Paraíso, y que sospecha haber dejado una puerta abierta detrás de sus versos. De Florencia el camino baja —por la selva oscura, por el mar, por Tierra Santa— hasta la puerta del Infierno misma, en las arenas donde la primera ciudad del mundo vuelve a tener vida.
El archivo conserva esta gesta también como Florenzen, y la nombra por sus protagonistas: Luca de los Medici, Lucio Spini, Fernandín, Niki, Varys y Alberich.
Florencia: el cónclave y el niño envenenado
Dante es prior en el bimestre de julio y agosto, y desde el priorato vota exiliar a los jefes de las familias enfrentadas —los Bianchi y Neri—, a algunos de los cuales lo une la sangre por el lado de su mujer, los Donati. Cuando un emisario maldito enferma a su hijo, Dante —a través del gonfaloniere y del arzobispo Zenobio— pide a propósito una escolta de tres: un Medici, un Spini y un Germano. Esa elección es el origen del grupo.
La trama de Florencia es de veneno y juramento: un cónclave de priores que delibera aislado, un salvoconducto que va de medianoche a mediodía, un juramento en forma de cruz que liga a quienes entran a no revelar lo que oigan, y un plan de asesinato tejido alrededor del poeta. El patrón es Salvestro de’ Medici, gonfaloniere de la justicia.
La selva oscura y las tres brujas
El camino sale de la ciudad hacia el bosque umbrío —la selva oscura del primer canto— y hacia las colinas de Fiesole. Allí la gesta paga su primer precio: Fernandín, el paje, muere a manos de las tres furias y su doble, y la crónica lo recuerda como reliquia. Tras su caída, su lugar lo toma Niki, la carmelita descalza.
El mar, Chipre y Tierra Santa
Embarcados en Génova, los Florentinos cruzan a Chipre de los Lusignan y a la costa de Tierra Santa, en plena estela de las cruzadas. Tratan con Jacques de Molay y con los poderes del Levante, y enfrentan a los dragones cromáticos que guardan los caminos: el azul de la costa, el verde del bosque, y el rojo —la llama del Islam— que custodia, en los Cuernos de Hattin, la mismísima puerta del Infierno. En esa travesía Luca pierde la mano izquierda, que vuelve a él como una marca maldita.
La Nobiskrug y la puerta del Infierno
A las puertas del descenso está la Nobiskrug, la posada-aduana de los que niegan, “entrada al cielo o al Infierno”, junto al Gólgota. Más allá, en Jericó —Ur-Draxa, la primera ciudad, vuelta jardín— se abre el pozo que comunica con el abismo. La piedra que todos persiguen —el Grial en su forma negra— corrompe a quien la porta y abre o sella la puerta.
El designio: la guerra de seis ejércitos
Bajo la trama política y el clamor de las cruzadas late un designio mayor, y es de una audacia teológica vertiginosa: reunir a todos los poderes oscuros del mundo —diablos, muertos, invasores del vacío, dragones, las huestes del desierto— y hacer que se rediman en una sola y enorme conflagración. Los Florentinos son, en ese plan, instrumentos de una gloria que no entienden del todo, y cada uno es probado por su propia falla. En el centro está el sacrificio: que uno de ellos haga la entrega máxima para que “todo se solucione”.
La crónica de Florenzen se interrumpe antes del final: no registra con certeza cómo termina la guerra de los seis ejércitos, ni el destino último de la piedra, del dragón rojo o de Jericó. Lo que sí sabe es que de aquí arranca el largo descenso que enlaza con el Infierno dantesco, y que los que sobrevivieron cargaron la marca para siempre.
Ver también
Casas del ciclo · ☷ ⛓ ⌖ La primera gesta de los Florentinos es un descenso literal: de Florencia baja por la selva oscura, el mar y Tierra Santa hasta la puerta del Infierno en los Cuernos de Hattin, pasando por la Nobiskrug, aduana de los que niegan. Es la banda nombrada por sus seis —Luca, Lucio, Fernandín, Niki, Varys, Alberich—; y es Historia inscrita verbatim, con un Dante prior semiamnésico y Jacques de Molay de carne y hueso cosidos al relato. — glosa del Decadiano.