
En el borde del reducto, donde el subte se acaba y empieza el mundo de arriba, se levantan la Refinería y el dique: una mole de energía hidráulica de otro siglo, con algo del viejo Chernóbil en la silueta, que sigue en pie cuando casi todo lo demás se apagó. De ella depende el control del asentamiento de Kreider y por ella pasa la ruta hacia la ciudad central; en la cuarentena de 2087, quien sostiene el agua y el combustible sostiene la vida de abajo.
La noche del misilazo, cuando las coordenadas filtradas trajeron fuego sobre el complejo y murió un cuarto de la población, Kreider aguantó el golpe refugiado en su cuarto de control junto al Dam. La instalación quedó marcada desde entonces como el último reparo del jefazo: el lugar que no cae cuando cae todo lo demás.
Al final de la crónica la Refinería tuvo su hora más extraña. Cerca de sus torres empezaron a caer del cielo las primeras electropartes de satélite, el metal azul que llaman Sky Metal, pedazos del telón de la realidad que el sistema dejaba escapar. Y fue su represa —levantada una última vez— la que dio la energía gravitatoria para forjar el tren “Chuchu”, la nave-ariete que perforó la realidad hasta el corazón del Maestro. La vieja refinería del encierro terminó alimentando la máquina que apagó la red.
Vínculos
- Kreider — se refugió junto al Dam durante el misilazo
- el hardhold de Kreider — el reducto cuyo control depende de la instalación
- Sky Metal — las electropartes caídas del cielo junto a la Refinería
- el tren gravitatorio “Chuchu” — construido con la energía de la represa
- la Zona — la región encerrada que la Refinería alimenta
- el misilazo sobre el reducto — la noche en que el Dam fue refugio
- 2087 — la Pandemia del Mundo Nuevo