
La fuerza armada del patrón Kreider nunca fue un ejército: fue una gang —yakuzas veteranos y modernos, jóvenes semirrusos, gente de armas tumberas y lealtad vieja— que sostuvo a cuatrocientas almas en la cabecera de subte. Guardia del búnker y tropa de choque en cada salida, su historia es la crónica de una sangría: los diezmó el misilazo del reducto, los diezmó la carnicería televisada de los Bosques Sanos, y en la pista del Canal de la Muerte cayeron de a puñados los nombres de los primeros días —García, Banana Fizz, Maggie, Rubicon, Margot, Macaroni—. Cada victoria de la banda se pagó con un pedazo de la gang.
Tuvo sus cuerpos propios. Los Pitufos, la guardia personal de gorro rojo, jóvenes semirrusos que defendieron primero el búnker y después el tren; la Pandilla, cuatro seguidores de estética grunge que acompañaban a Kreider en su vagón —de los que quedaron “la Rubia y el Morocho”—; y en los márgenes, secuaces de confianza como Gusano, que cayó del tren en la maniobra final, o las gemelas Moxi & Bombón de la primera época. La gang también supo crecer absorbiendo a los vencidos: cazadores rendidos, ex-neonazis idiotizados, todo servía para tapar los huecos que dejaban los muertos.
Al final quedaron dos: Tommy y Tilda, los últimos, custodiando la camilla de su jefe herido con la metralleta al alcance de la mano. Todavía dispararon en la última cena, cuando el emisario del enemigo desató la masacre. Cuando Kreider se retiró “por la puerta grande” a fundar su nuevo dominio en Narco Paradise, lo que se llevó consigo no fue una fuerza: fue el recuerdo de todos los que la habían sido.
Vínculos
- Kreider — el patrón al que sirvieron hasta el último hombre
- el hardhold de Kreider — el búnker que custodiaron
- el tren rojo — el hogar móvil que defendieron vagón por vagón
- Gusano — el secuaz de confianza, caído del tren
- Moxi & Bombón — las gemelas de la guardia personal de la primera época
- Narco Paradise — donde Kreider fundó su nuevo dominio, ya sin ellos
- 2087 — la Pandemia del Mundo Nuevo