Antes de llegar al reducto de Kreider hay que cruzar el vivero de subte: un galpón de cristales y vagones abandonados que la vegetación se tragó entera, verde salvaje creciendo donde antes había andenes. Es la antesala del asentamiento y su primera línea de defensa — un bosque techado en medio de la Zona muerta.

Allí se libró el primer combate de la crónica: un comando descendió con sogas y granadas sobre el vivero, guiado por las coordenadas filtradas del reducto. Shibuya, entrando en su faceta de guerrero, aniquiló a la avanzada de soldados-arcade entre los cristales rotos, arrancándoles los visores para “liberarlos” de las máquinas — y fue entre esa vegetación donde la Head Hunter en persona falló por primera vez su corte. El vivero quedó como lo que era: un jardín equivocado de época, regado con la primera sangre de la cuarentena de 2087.

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