
En un mundo donde nadie sale, alguien tiene que mover las cosas. El Saltimbanqui es un motociclista tatuado al estilo de las viejas maras, el único que se anima a romper la cuarentena del reducto de Kreider para trasladar cargas de un punto a otro, y conduce uno de los pocos vehículos que todavía andan. Eso, en la clausura de 2087, es un oficio y un privilegio: por sus manos pasa lo que el encierro dice que no debe circular.
Vínculos
- el reducto de Kreider — el mundo cerrado en el que sus traslados valen oro
- Kreider — el jefazo del dominio donde se lo conoce