Bastó que las coordenadas del reducto se filtraran —salieron de la oficina de Madman, el programador adicto— para que un misil las convirtiera en blanco. La explosión destruyó buena parte del complejo, mató niños y se llevó un cuarto de la población; al propio Madman lo sepultaron los escombros de su traición, y Kreider sobrevivió refugiado en la Refinería. Fue la primera lección de la crónica: en la cuarentena no hace falta que te encuentren, alcanza con que te nombren en un mapa.

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