New York is the New Rome.


El defensor máximo

En la New York que no conoció el 11 de septiembre, ronda un guardián al que la ciudad ha aprendido a llamar Centurión. De unos cuarenta años, porte marcial y disciplina inquebrantable, es tenido por el defensor máximo de esta Tierra: el escudo que se interpone entre la metrópoli y las amenazas que ninguna otra fuerza sabría contener. Pero su lealtad a este mundo tiene una raíz extraña, porque este no es —del todo— su mundo.

El hijo de una Roma que no cayó

Centurión no nació aquí. Proviene de una Tierra paralela donde el Imperio Romano nunca cayó: una historia en la que el águila jamás plegó las alas, en la que las legiones siguieron marchando siglo tras siglo y el orden de Roma se prolongó, sin fractura, hasta el presente. Formado en la casa Roman, heredero de esa continuidad imperial, aprendió desde niño que el mundo se sostiene sobre el deber del soldado que no abandona su puesto.

Cruzar hacia esta New York fue, para él, reconocer un rostro conocido en tierra ajena. Vio en la ciudad la misma vocación de centro del mundo, el mismo pulso de imperio, la misma promesa de un orden que se resiste a caer. Y decidió defenderla como habría defendido la suya.

New York, la Nueva Roma

Fue Lennon quien le puso nombre a esa intuición. “New York is the New Rome”, le dijo —y la frase se le quedó grabada como una divisa. Donde otros ven una megalópolis, Centurión ve la heredera de aquello a lo que sirvió toda su vida: el foro del mundo, la urbe que concentra los caminos, la ciudad cuya suerte arrastra a las demás. Que en esta línea del tiempo el gran atentado haya sido prevenido no es, para él, un accidente de la historia, sino la prueba de que esta Roma nueva todavía puede ser salvada de la caída que a tantas otras arruinó.

Por eso monta guardia. Porque una Roma se sostiene mientras haya quien no deje su puesto —y él ya vio, en su propio mundo, lo que significa que el Imperio no se derrumbe.

Mark, el fundador

Las crónicas revelan lo que hay detrás del casco. Centurión llegó a este mundo de niño, en una cápsula —un lifepod—, y creció con el nombre de Mark: un chico psíquico que llegaría a ser profesor de historia en la universidad de la Ciudad de la Libertad y, sobre todo, uno de los miembros fundadores de la Liga de la Libertad. La disciplina de la nueva Roma no fue solo su estética: fue la piedra sobre la que ayudó a levantar el orden de héroes que hoy policía este mundo. A Ifrit le legó, entre otras cosas, su golpe característico: un cachetazo-torbellino a mano abierta.

El sacrificio y el Centinela

El defensor máximo pagó su deber con la vida —o con algo peor—. Enfrentando a Terminus, la amenaza que viene de fuera del mundo, Centurión se sacrificó: muerto, o arrastrado por el enemigo hacia otra galaxia. De él quedó, en la ciudad, su estatua —el Centinela—, alzada al modo de un Monte Rushmore cosmopolita.

Pero la piedra no lo contuvo. En el clímax del arco, el Centinela cobra vida: un coloso de bronce de trece o quince metros que camina por la ciudad y abraza la torre de Marte para contenerla. Reconstituido en nanobots desde su propia armadura, Centurión regresa como guardián y como amenaza a la vez —y su facción, los Centurianos, se manifiesta en su nombre—. No por azar el Curator Drone del Circus Maximus lleva sus mismos colores.


Vínculos

Capa lúdica [R]: PJ de Never 9-11 (Mutants & Masterminds). Defensor paragón oriundo de una Tierra paralela donde el Imperio Romano nunca cayó (familia Roman); identidad de origen “Mark” (llegado en cápsula, psíquico, profesor, fundador de la Liga). Sacrificado contra Terminus; su estatua-Centinela cobra vida (reconstituido en nanobots).