El encargo era simple: bajar, buscar el cargamento, subir. Nada bajo tierra es simple.


El encargo en Flux

Todo empezó en la disco Flux, entre luces y estruendo, donde a los héroes les ofrecieron un trabajo. El encargo tenía nombre de manjar de dioses —un delivery de ambrosía— y destino cierto: había que ir hasta Haarlem a buscar un cargamento criogenizado, mercadería dormida en el frío, que aguardaba a quien fuera a retirarla.

Los guardianes bajo tierra

El cargamento no estaba a la vista ni desguarnecido. Descansaba en un laboratorio subterráneo, y su custodia estaba a cargo de pandizombis —guardianes que montaban vela sobre la mercancía helada en las entrañas del lugar—. Bajar a buscar la ambrosía era bajar hasta ellos.

Algo salió mal

Y algo, en el laboratorio subterráneo, salió mal. El encargo simple —bajar, tomar el cargamento, salir— se torció bajo tierra, entre el frío de la criogenia y la guardia de los pandizombis. Qué exactamente se quebró, la crónica lo deja en suspenso: solo queda el eco de una misión que prometía manjar de dioses y terminó en el desconcierto de las profundidades.


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